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perfil.com · hace 11 horas

La ignorancia en el poder

La ignorancia en el poder

El 20 y el 30 de octubre últimos la presencia de la ignorancia en el poder se mostró de manera desnuda. El primero de esos días, durante una ceremonia en el Instituto Cervantes, en Madrid, en la que ingresaron a esa casa valiosas piezas de Jorge Luis Borges, el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Jorge Macri, leyó un discurso en el se empeñó en rebautizar al gran escritor argentino (simbólicamente inmortal en tantos aspectos) como “José” Luis Borges. Para que no quedaran dudas de que no era un furcio sino una convicción lo hizo dos veces. Coronó sus deslices llamando a María Victoria y Mariana Kodama, sobrinas de la fallecida viuda del escritor, “miembras” de la Fundación que lleva su nombre. “Miembras”, sea sustantivo o adjetivo, es una palabra que no existe en el idioma español y sólo suele usarse en el marginal y agonizante lenguaje inclusivo, capricho patético del fenómeno woke.

En la segunda de las fechas mencionadas Javier Milei dictó en la Universidad Torcuato Di Tella una de las estrafalarias e inflamadas conferencias con las que suele descolgarse en algunas instituciones educativas (¡nada menos!), en las que desvirtúa cifras, datos históricos, pasajes bíblicos y relatos mitológicos, además de insultar a periodistas y otros objetos de su resentimiento.

Esta vez la tocó el turno a Odiseo, mítico rey de Ítaca que parte hacia la Guerra de Troya, en la que tendrá un rol decisivo, y tras veinte años de ausencia, durante los que atraviesa variadas y dramáticas vicisitudes, regresa a su isla, conoce a Telémaco (su hijo ahora adulto), se rencuentra con su esposa Penélope y recupera el poder apetecido por numerosos acechantes. Su peripecia es relatada por Homero (posible seudónimo de anónimos escribas) en La odisea, un clásico fundacional de la literatura universal, y de allí el nombre de este héroe. Se lo conoce también como Ulises, pero jamás se lo había rebautizado como Eliseo, como lo hizo insistentemente Milei durante sus divagaciones en la Di Tella, en lo que quizás fue un inconsciente, pero incomprensible, homenaje a Eliseo Basuto, el personaje nada mitológico que encarna Guillermo Francella en la serie El Encargado. Tampoco en este caso fue un furcio, sino una afirmación. Y, además, en la ensalada incluyó a Filoctetes, personaje que pertenece a la tragedia homónima de Sófocles y no a La Odisea.

Ni simplemente anecdóticos, ni meramente risibles estos hechos remiten a lo que Guzmán Urrero, Doctor en Ciencias de la Información ´por la Universidad Complutense de Madrid, se pregunta en un ensayo titulado La ignorancia y la voluntad de no saber: “¿Por qué escuchamos con tanto interés a quien no tiene ni idea de lo que está diciendo? ¿Cómo hemos conseguido ser adictos a los gritos, a la banalidad y a los engaños? ¿Se va a confabular todo el mundo para dejar de pensar durante el resto del siglo?”.

Cuando los gobernantes pretenden un saber y una cultura de la que carecen manifiestan un síntoma inquietante, y nos llevan a preguntarnos qué desconocimientos, muchos más graves que estos, tienen en otros campos, en los que ya no se trata de desvirtuar nombres e historias, sino de su responsabilidad sobre el destino de millones de personas. La ignorancia es un mal que se extiende diaria y peligrosamente en el mundo (con la colaboración de redes sociales, noticias falsas consumidas como verdaderas, incomprensión de textos, incapacidad de entender ideas simples, impaciencia para leer y aprender), y cuando su oleaje llega a los aposentos del poder las luces de la razón se apagan y nos empieza a vencer la oscuridad.

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