Las novedades de las elecciones de Estados Unidos
Los demócratas ganaron los comicios legislativos del 3 de noviembre y dejaron una serie de hitos: la primera gobernadora afroamericana del país, en Georgia; el primer senador musulmán, por Michigan; una mujer de pueblos originarios al frente de Nuevo México, y dos latinos en California y Texas. Para el consultor ecuatoriano, el resultado expresa el cansancio con el tono estridente de Trump, la persecución del ICE y el fracaso de la reindustrialización. Pero advierte que no se trata de una vuelta al pasado: la vieja política se fue y los nuevos líderes deberán aprender a comunicarse de otro modo.
La democracia tiene sentido porque el poder se origina en el pueblo y porque se acaba pronto y ordenadamente. Los gobiernos totalitarios, por lo general, terminan con la muerte del gobernante, mientras que la democracia asegura el tránsito pacífico del poder, la continuidad del Estado y también la alternancia.
En Estados Unidos se produjo un giro importante en las últimas elecciones. Muy rápidamente, las posiciones del grupo de Trump –conservadoras, sectarias, negadoras de la diversidad– provocaron una reacción propia de un país que ha sido durante siglos símbolo de la democracia y la diversidad.
Por primera vez se eligió a una mujer afroamericana como gobernadora –la primera en la historia del país–, en Georgia; a una nativa americana en Nuevo México; a una latina en Texas; a un musulmán como senador por Michigan, y a un político abiertamente gay como senador por New Hampshire. Además, el estado más poderoso de la Unión, que es también una de las mayores economías del mundo, será gobernado por un latino. Todos ellos, demócratas.
Esa ha sido la tendencia de Occidente. Las posiciones racistas y de fanatismo religioso, mezcladas con la política, son propias de países como Irán y Rusia, que, curiosamente, muchos analistas catalogan como de izquierda. El gobierno de Trump ha instalado muchas contradicciones que son difíciles de comprender desde la lógica política. Prometió terminar con los conflictos que existían en diversos lugares del mundo, mientras que, en la práctica, su política ha sido belicista. Uno de los problemas que han golpeado no solo a los norteamericanos sino a todo el mundo es el alza del precio del petróleo, provocada, durante su gobierno, por el cierre del estrecho de Ormuz, una vía que siempre había estado abierta.
La persecución del ICE contra los latinos tuvo su impacto en Texas, California, Arizona y Nuevo México, todos estados con una importante población latina que en esta ocasión le dio la espalda a Trump. La política de reindustrializar Estados Unidos resucitando las viejas industrias no ha tenido éxito. En el Rust Belt, una buena parte de los obreros volvió a votar por los demócratas y contribuyó al triunfo de ese partido en Michigan e Illinois. El estilo excesivamente agresivo, que descalifica al adversario, viene teniendo problemas no solo en Estados Unidos sino también en Brasil, donde Flávio Bolsonaro perdió las elecciones.
Nada de esto significa que la historia haya dado marcha atrás, que el marxismo tenga futuro o que vayan a resucitar los partidos comunistas y la Unión Soviética. No es verdad que quienes se oponen a Trump y a Bolsonaro sean comunistas. Tampoco significa que se convaliden algunas exageraciones de la ideología woke. Lo que sí es cierto es que estamos ante el nacimiento de un nuevo mundo que supera la contradicción entre algunas ideas oscurantistas, que están de moda, y viejas posiciones de izquierda. Quienes nos formamos a la sombra de la Guerra Fría necesitamos romper esquemas y reinterpretar el mundo que existe ahora, que poco se parece al de hace cincuenta años. En Estados Unidos, por ejemplo, según Gallup, en 2025 el 45% de los ciudadanos se identificó como independiente, la cifra más alta registrada, y superó por lejos a quienes se identifican como republicanos o demócratas, que fueron el 27% en cada caso.
El éxito de los nuevos dirigentes tiene que ver con que son distintos de los políticos de siempre: son estrafalarios, desfachatados, llamativos, y no solo porque tienen un discurso escandaloso que insulta a sus opositores, a la prensa y a cualquiera que discrepe con ellos. Si siguen por esa ruta, terminarán pareciéndose más a los políticos tradicionales y dejarán de ser interesantes para los electores.
Necesitamos líderes que puedan convocar a una amplia discusión que permita encontrar una salida a la grave crisis mundial provocada por la revolución tecnológica. En la Argentina, al igual que en Estados Unidos, no podemos simplemente volver a los esquemas de hace décadas para enfrentar los nuevos problemas.
No conviene interpretar mal los resultados de las elecciones norteamericanas. Es poco probable que la gente tire a la basura sus computadoras y compre máquinas de escribir. No hay vuelta atrás. La vieja política se fue definitivamente. Los nuevos candidatos necesitan aprender a comunicarse y a presentarse de formas distintas de las tradicionales. Los temas también cambiaron, porque hay nuevos valores. Es ocioso decir que los opositores son comunistas o socialistas y que los supuestos derechistas son “buenos”. Esos temas no le interesan a una población preocupada por los cambios propios de la revolución tecnológica. El tono estridente que usaron algunos dirigentes, como Bolsonaro y Trump, para denostar a sus opositores y a la prensa cansó a la población y acaba de ser derrotado en las elecciones de los dos países más poblados del continente.