← Volver
clarin.com · hace 1 hora · Clarin.com - Home

Las "casas museo"

Google

Las “casas museo” son la conversión de espacios domésticos y privados en espacios públicos para la construcción de una memoria que hace que algunos grandes muertos no mueran del todo. Entre las destacadas en el mundo podríamos mencionar la de Frida en Coyoacán, la de Rembrandt en Amsterdam, la de Dickens en Londres, la de Pessoa en Lisboa o la de Goethe en Frankfurt.

En algunas de ellas su estructura y decoración son una prolongación de sus personas, expresando el patrimonio intangible de sus poéticas vidas y obras en sus formas hogareñas. En toda casa hay nostalgia y viejos temas irresueltos.

Si comprender quiénes somos sigue siendo una pregunta vigente, urgente y eterna a la vez, al visitarlas podemos participar de las conversaciones y desvelos de aquellos grandes muertos y preguntarnos por el sentido actual de esas arquitecturas que, si bien evocan geografías sagradas, quizás puedan servirnos hoy para pensar nuevas utopías.

Porque las mismas son solo artificios sino recuerdos de deseos e inquietudes por el misterio de las cosas, refugios de quienes exploraban el diseño de las ficciones que somos, que aspiramos a ser y que pueden hoy, en una nostalgiosa variante épica, también instarnos a volvernos héroes de nuestras propias vidas.

Esas casas pueden servirnos para pensar nuestra casa, para que no nos cueste tanto sentirnos en ella o incluso encontrarla, son templos de espiritualidad y pasión sin la cual no hay civilización posible.

Nuestro país necesita casas donde se escriba, se piense, se pinte, se recupere el entusiasmo sin el cual nada interesante ni ninguna enseñanza o aprendizaje significativos son posibles.

Necesitamos revalorar tradiciones, recordar figuras y establecer conexiones con artistas, intelectuales y ciudadanos que nos ayuden a saber quiénes somos, quienes fuimos y quienes queremos ser entre libros y jardines, melodías y sentimientos, danzas y huellas, leyendas y maestros: un nuevo paisaje, un horizonte de esperanza.

Por eso no se trata solo de economía, de patrimonios físicos, sino del enorme e intangible acervo intelectual y poético argentino. La disolución de núcleos morales, la indiferencia para con la cosa pública, el olvido de las tradiciones, el desconocimiento de nuestro territorio, el desprecio por los ideales, todo esto afirma la necesidad de una reacción poderosa a la que debemos contribuir para poder pasar de una cultura del simulacro a una cultura del sentido y del valor, para volver a entrar en nuestra historia que está llena de ejemplos de aquellos que, frente al cinismo y el resentimiento, se sintieron desacomodados en su propia tierra.

No sería inapropiado entonces buscar, aún en tiempos de posthumanismos, entre nuestras “casas museos”. En las encrucijadas de esos arrieros tal vez hallemos pistas para revivir nuestros patios y recuperar nuestra casa: la de Victoria Ocampo, la de Sábato, la de Quiroga, la de Mujica Láinez, la de María Elena Walsh o la de Ricardo Rojas, la de Enrique Larreta o la de Martín Noel.

No esas casas graciosas de la canción infantil de Vinicius, de la Calle de los Bobos, sino esas otras que evocaba Spinetta, marcadas por el sol, la luz, y que despiden vientos.

Daniel Scarfo

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín