El Katechon, los Papas y la Argentina
En la filosofía y la teología existe un concepto tan profundo como llamativo: el katechon. Es la fuerza que frena lo inevitable, un instante antes del abismo.
En la filosofía y la teología existe un concepto tan profundo como llamativo: el katechon. Aquello que retiene, la fuerza que frena lo inevitable, el dique de contención que se interpone un instante antes del abismo. A lo largo de los siglos, la figura del Sumo Pontífice ha encarnado a menudo este rol, erigiéndose como un escudo moral ante las peores pulsiones de la humanidad. Para la Argentina, la historia reciente demuestra que los Papas han sido verdaderos katechons, fuerzas que llegaron justo a tiempo para detener lo que parecía una catástrofe.
El primer gran freno a la tragedia tuvo como protagonista a San Juan Pablo II. Su vínculo con nuestro país estuvo marcado por la urgencia de la paz. Llegó por primera vez en junio de 1982, en plena Guerra de Malvinas. En aquellos días, su presencia fue un intento de buscar un alto al conflicto. Su rol como mediador no se limitó a este, también fue la pieza fundamental que evitó una escalada bélica que parecía inminente y segura con la vecina República de Chile. Fueron él con las cancillerías de ambas naciones que forjaron una paz que dura hasta el día de hoy.
Años más tarde, en 1987, regresó a una Argentina distinta, ya bajo el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. “El Papa viajero” recorrió el país y llevó a cabo misas multitudinarias en la Ciudad de Buenos Aires, en Salta y en tantas otras provincias. Estos encuentros funcionaron como una bocanada de nuevos aires y un abrazo a una sociedad que necesitaba reconstruirse tras años de oscuridad. Juan Pablo II fue nuestro
primer gran katechon: el hombre que detuvo la fractura y sembró las bases de la pacificación.
El segundo katechon que marcó a nuestra nación y al mundo provino de nuestra propia tierra. El Papa Francisco entendió que la amenaza de nuestro siglo ya no era solo bélica, sino existencial y planetaria.
A través de su encíclica Laudato si', Francisco se plantó frente a lo que muchos consideran un destino ya ineludible: la devastación de nuestra casa común. Nos dice que “el desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”.
Aquí Francisco es el katechon frente al ecocidio, recordando a la humanidad que la economía no puede sobrevivir sobre las cenizas de la naturaleza.
Ya celebrando la venida de León XIV no podemos dejar de mencionar su Encíclica Magnifica Humanitas y a dos de sus antecesores: León I y León XIII. Estos tres Leones funcionaron como katechons ante catástrofes.
León I (El Magno) fue un dique de contención en el 452 cuando Atila ya había invadido el norte de Italia y distintos territorios europeos. En ese contexto San León Magno se convirtió en el katechon de la antigüedad teniendo una audiencia y plantándose frente al conquistador, frenando el saqueo y la destrucción total de Roma.
Años más tarde, León XIII quien a través de su práctica como Papa y en su encíclica Rerum Novarum buscó, en el marco de la Revolución Industrial, pararse desde punto equidistante entre el capitalismo salvaje que se vivía en ese entonces y el materialismo histórico, el marxismo y el anarquismo, fundando la Doctrina Social de la Iglesia. Esta visión significó una alternativa con visión humanista ante las visiones imperantes de ese entonces.
Fiel a su nombre, León XIV emerge hoy como el katechon en la era de la Inteligencia Artificial, enalteciendo su visión humanista. Nos dice Su Santidad que “la técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es «un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre».” Y cierra el párrafo afirmando “las nuevas tecnologías abren un horizonte que se extiende en direcciones que, aunque intuibles, aún no podemos prever por completo. Esto hace que sea más complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común.”
Aquí pone siempre la dignidad humana en el centro absoluto de la escena, tanto desde la perspectiva del debate tecnológico, como también en su completitud: “desde la concepción hasta su fin natural sin el cual es imposible ejercitar cualquier otro derecho”.
La visita de León XIV será un hito histórico en nuestro país. Hemos sabido cobijar a quienes frenaron conflictos, defendieron nuestra Casa Común y no le escapan a los debates del Siglo XXI. Esperamos que su mensaje, aunque universal como su rol, sea interpretado por nuestros compatriotitas para buscar puntos de acuerdo para el desarrollo de nuestra Patria, Patria a la que ha venido en el 2004 a celebrar una misa con nuestro Francisco, el entonces Jorge Bergoglio.