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infobae.com · hace 7 horas · Fishel Szlajen

Papa León XIV: oportunidad de una nueva interreligiosidad

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La visita del Papa León XIV a la Argentina constituye una valiosa oportunidad para profundizar las relaciones interreligiosas y afrontar un desafío que trasciende al catolicismo: superar la insuficiencia de resultados concretos tras décadas de encuentros y declaraciones, frente a la persistencia y agravamiento de numerosos conflictos. No se trata de multiplicar ceremonias de fraternidad, sino de transformar el diálogo en responsabilidades públicas y realizaciones verificables. La visita invita además a fortalecer el aporte de las religiones a una sociedad fragmentada y desconfiada.

Obviamente el Papa no constituye una autoridad religiosa dentro del judaísmo, pero posee indudable relevancia institucional, espiritual y diplomática. Esta distinción importa porque la autoridad religiosa es particular, pero la responsabilidad ética posee una dimensión universal. Por eso, podemos cooperar desde nuestras diferencias sin renunciar a nuestras identidades, ya que reconocer al otro no exige subordinación doctrinal.

Nostra Aetate (1965) marcó un avance histórico en las relaciones judeocristianas, al contribuir a superar hostilidades y construir espacios de reconocimiento. Precisamente por la importancia de ese legado, debemos evitar que el diálogo se reduzca a declaraciones, encuentros y fotografías de ocasión, convirtiéndose en una práctica autorreferencial cuya continuidad se confunde con su eficacia. El desafío actual es proyectarlo hacia una cooperación capaz de generar contribuciones concretas al bien común.

Hace más de una década advertí dos desviaciones: convertir el diálogo en una síntesis que desdibuja identidades religiosas o degradarlo en un simulacro complaciente que subordina la verdad y la responsabilidad a la cordialidad protocolar y la autopromoción. Frente a ellas desarrollé un paradigma más exigente: la producción interreligiosa.

Mientras el diálogo establece comprensión y confianza, la producción interreligiosa convierte esas condiciones en conocimientos, propuestas normativas y soluciones concretas. El primero posibilita la cooperación; la segunda exige resultados evaluables.

Esta exigencia encuentra fundamento en la tradición rabínica. Rabán Shimón ben Gamliel enseñó:

“No es la interpretación lo principal, sino la acción” (Pirkei Avot 1:17). Esta enseñanza no desvaloriza la deliberación, cuestiona su autosuficiencia cuando se desvincula de la práctica. Trasladado al ámbito interreligioso, se exige acordar objetivos públicos, procedimientos argumentativos y criterios de evaluación.

El Rabino Dr. Fishel Szlajen con el Papa León XIV

Este paradigma reconoce tres límites: el identitario, contrario al sincretismo que borra diferencias; el veritativo, que impide sacrificar la verdad por conveniencia; y el práctico-institucional, que reclama consecuencias verificables. Judaísmo, cristianismo e islam poseen fundamentos irreductibles, cuyo encuentro genuino no debe borrar diferencias sino impedir convertirlas en enemistad.

Estos principios adquieren relevancia cuando se traducen en realizaciones. Desde mi experiencia rabínica y académica, particularmente como miembro titular de la Pontificia Academia para la Vida en el Vaticano, he impulsado y compartido iniciativas que demuestran esta posibilidad. Durante la pandemia, junto con clérigos-académicos de diversas confesiones, elaboramos un Marco Bioético para el Triaje y la Asignación de Recursos Vitales, aprobado por la Legislatura porteña y el gobierno de La Rioja, y solicitado por países de la región. También desarrollamos declaraciones sobre protección de personas mayores y final de vida, utilizadas como orientación sanitaria y en la elaboración de la ley 27.678 sobre cuidados paliativos.

En educación, diseñé e impulsé la Resolución 487/25 del Consejo Federal de Educación sobre enseñanza del Holocausto y el genocidio romaní. En tecnología, participé en la Rome Call for AI Ethics e integro actualmente el AI Working Group del G20 Interfaith Forum. Impulsé asimismo iniciativas legislativas sobre edición genética humana, inteligencia artificial, identidad religiosa en adopciones, directivas anticipadas y poderes preventivos. En 2024 propuse establecer una Comisión Nacional de Bioética, organismo posteriormente creado mediante el Decreto 893/2025 del Poder Ejecutivo Nacional, en el Ministerio de Salud.

Estas realizaciones muestran que la reflexión ética puede traducirse en instrumentos normativos, deliberación legislativa y protección humana. Proclamar coincidencias sobre la dignidad humana no basta, debemos colaborar con la ciencia y el derecho para determinar cómo protegerla ante decisiones difíciles.

El siguiente paso consiste en superar la dependencia de esfuerzos individuales e institucionalizar la cooperación. Para ello, en 2023 propuse crear una Comisión de Producción Interreligiosa, integrada por clérigos-académicos de distintas confesiones, para elaborar propuestas de gobernanza y soluciones en diversos ámbitos, siempre públicamente justificables. La visita de León XIV puede impulsar su concreción y convertir la experiencia acumulada en una contribución permanente al bien común. Su valor reside en sostener equipos interdisciplinarios capaces de formular recomendaciones públicas, someterlas a crítica y revisar sus efectos. No se trata de crear otra instancia ceremonial, sino un ámbito de trabajo religioso-académico que rinda cuentas por sus propuestas y lo que efectivamente consigue, con independencia, rigor y transparencia.

Esta concepción de la cooperación se fundamenta en la Ética del Límite que he desarrollado, según la cual reconocer la alteridad exige respetar las diferencias, los ámbitos de acción y los límites de cada identidad. Su raíz se encuentra en la creación bíblica, donde crear no consiste solamente en hacer surgir existencias, sino en establecer distinciones, funciones y límites que constituyen un orden y posibilitan la condición de ser otro. El Shabat introduce, además, una interrupción normativa del hacer, recordando que no todo cuanto puede realizarse debe realizarse. Desde esta perspectiva, la cooperación interreligiosa no requiere fusionar doctrinas ni extender la autoridad de una confesión sobre otra, y mucho menos de imponer cualquiera sobre la sociedad, sino respetar sus respectivas autonomías y ámbitos de actuación para construir conjuntamente soluciones orientadas al bien común.

La inteligencia artificial vuelve urgente esta distinción. Automatizar decisiones no exime de responder por sus consecuencias. En Magnifica Humanitas, León XIV reivindica la centralidad de la persona frente al poder tecnológico y la corresponsabilidad de científicos, legisladores, sociedad civil y comunidades religiosas. Esta convergencia ética, sin fusión doctrinal, abre posibilidades de cooperación en gobernanza tecnológica y protección de la dignidad humana.

La madurez de la cooperación también se prueba ante desacuerdos políticos. Las relaciones diplomáticas entre el Vaticano e Israel, el diálogo judeocristiano y la colaboración académica pertenecen a planos diferentes cuya autonomía debe preservarse. Respetar al Papa no exige compartir todas sus posiciones internacionales, del mismo modo que disentir de ellas no debería comprometer los vínculos construidos. Su autoridad espiritual y relevancia diplomática pueden contribuir a promover encuentros y facilitar entendimientos, respetando la autonomía de cada tradición religiosa y el protagonismo de las partes involucradas. La cooperación auténtica construye puentes sin imponer subordinaciones.

La misma independencia debe preservarse en el escenario político argentino. La visita de León XIV no debería convertirse en instrumento de legitimación del oficialismo ni de la oposición, ni en ocasión para apropiaciones partidarias de su autoridad espiritual. Las religiones están llamadas a interpelar éticamente a todos los poderes, no a sacralizarlos ni a sustituir sus responsabilidades. Una cooperación fecunda exige autonomía institucional y capacidad crítica sin confundir autoridad religiosa con representación política. Pero independencia no significa aislamiento, las religiones pueden cooperar con las instituciones públicas sin subordinación ni imposición.

Argentina puede institucionalizar la cooperación entre confesiones, academia, organizaciones civiles y autoridades, con objetivos concretos y mecanismos transparentes de evaluación. El éxito de la visita de León XIV debería medirse menos por la convocatoria que por aquello que permanezca después. El diálogo interreligioso fue indispensable para aprender a encontrarnos; la producción interreligiosa debe transformar ese encuentro en soluciones concretas al servicio del bien común. La cooperación no depende de la cantidad de foros, declaraciones o imágenes de fraternidad, sino de resultados verificables. Porque una sociedad atravesada por conflictos y desconfianzas necesita menos proclamaciones y mayores responsabilidades compartidas.

Ordenando el desastre