← Volver
infobae.com · hace 7 horas · Mónica Gutiérrez

Entre un pato rengo y la muñeca brava

Infobae

Están pasando cosas. Son episodios fuertes, de alto impacto y que pegan de plano en nuestra realidad.

Trump es desde este martes un pato rengo, un espécimen político debilitado tras el mazazo de las urnas. El tsunami demócrata le aplicó al republicano el rigor de la voluntad popular.

Si el contundente resultado electoral aplacará los ánimos de Donald Trump o, por el contrario, encenderá los incandescentes motores de su ira está todavía por verse. La primera reacción del presidente estadounidense fue de saludable prudencia no exenta de jactancia.

“I wasn’t on the Ballot and if I was, we would have won IN A LANDSLIDE!” —“¡Yo no estaba en la boleta y, si hubiera estado, habríamos ganado EN FORMA APLASTANTE!”—, publicó Trump en Truth Social.

Diligente, desplazó la responsabilidad de la debacle a los candidatos republicanos, mientras se mostró en tono conciliador con los demócratas que se quedaron con el control de las dos cámaras del Congreso.

“They did a good job”… “fought hard” —“hicieron un buen trabajo”… “pelearon duro”—, les dedicó a sus oponentes, sin sacarse —al menos en las imágenes que subía a Truth Social— la gorra roja estilo MAGA con la palabra VETO.

Es poco probable que los republicanos se la dejen pasar. Deberá rendir cuentas ante su propio partido.

Cuando la remontada de Lula y el escape a lo Houdini de Bolsonaro todavía no han decantado, y mientras Benjamín Netanyahu se lame las heridas de su derrape electoral intentando evitar que el dirigente opositor israelí Gadi Eisenkot se convierta en el nuevo primer ministro de Israel, Paraguay pasa al frente en el prime time regional.

Otro niño mimado del trumpismo, Santiago Peña, el presidente paraguayo, terminó el viernes destituído y detenido. Su país quedó detonado tras la estrepitosa caída del Ueno Bank, un escándalo financiero que dejó acorralados los recursos de tres millones de paraguayos.

Santiago Peña

No puede decirse que se trató de un cisne negro, pero el golpe tomó de sorpresa a muchos.

Peña fue un estrecho aliado de Trump en la región y se convirtió en un puntal de la “Doctrina Monroe”. Miembro estrella del “Escudo de las Américas” —del que también es parte Milei—, calificó la política exterior norteamericana para la región —liderada por el secretario de Estado Marco Rubio— como “un sueño hecho realidad”.

Javier Milei no se ha expresado hasta aquí sobre estos acontecimientos que ya hacen sentir sus efectos en nuestra economía. Este viernes regresó sin pena ni gloria de la XXX Cumbre Iberoamericana realizada en Madrid, en la que intercambió un gélido saludo con el —por él vapuleado— presidente del Gobierno español Pedro Sánchez. Tampoco logró una audiencia con el rey Felipe VI.

Lejos de centrar su discurso en el ámbito de la cooperación internacional —eje del encuentro—, volvió a la carga con la retórica ideológica.

“El socialismo es fascista en política y el fascismo es socialismo en economía”, sostuvo Milei, reinterpretando a su modo una frase del pensador Salvador de Madariaga, quien —según los entendidos— no se refería al fascismo sino al comunismo.

“Las equivalencias entre socialistas y fascistas no son casuales: comparten el odio por el libre mercado, adoran la intervención del Estado, nacionalizan empresas, regulan la economía, controlan los medios de comunicación y se dedican a esparcir propaganda y adoctrinamiento”.

Además de la caída en desgracia de los aliados internacionales, el libertario deberá enfrentar las tensiones que amenazan la base de sustentación de sus aliados locales.

Patricia Bullrich y Javier Milei

La foto de Patricia Bullrich que da cuenta de una reunión con sus principales referentes parlamentarios y políticos cayó como una bomba de profundidad en el Gobierno libertario. Ahora la que “cruzó un límite” es ella, sostienen en los pasillos de la Rosada. Esta semana no hubo reunión de la mesa política.

La muñeca brava redobla peligrosamente sus gestos de diferenciación con el espacio que la contiene. La poltrona senatorial la pone a salvo de la guillotina karinista, y la llegada del Papa a estas pampas le ofrece unos días de margen para maniobrar sin sufrir represalias inmediatas. Pero —está claro— camina al borde del abismo.

“Las formas no son fondo, sino sustancia. El poder tiende a desbordarse y solo lo controla una ciudadanía activa”, sumó en un acto ante el Colegio de Abogados en el que reivindicó la tarea de los periodistas y la libertad de expresión y se refirió a las PASO: “Las reglas electorales tienen que cambiarse en un año que no sea electoral”.

A solo quince días del cierre de las sesiones ordinarias y sin los votos que hagan posible eliminar o suspender las PASO, las declaraciones de la jefa del bloque de LLA en el Senado suenan como una provocación para el núcleo duro mileísta.

En el interior del Gobierno el tema también se debate. No hay un consenso en torno a la cuestión. Están los que creen que las PASO permitirían anticipar un escenario y, en el caso de arrojar un resultado adverso —como ocurrió en las elecciones de medio término—, darían tiempo para una remontada inspirada en el espanto de volver al pasado.

El análisis que sostiene que Patricia se diferencia del Presidente con el consentimiento del Gobierno —tratando de resguardar su potencial político frente a un eventual o forzado paso al costado de Milei— perdió fuerza en las últimas horas, cuando desde las usinas del oficialismo se bajan nombres de potenciales candidatos a la vicepresidencia.

Sandra Pettovello, Martín Menem, la senadora neuquina Nadia Márquez y el CEO de YPF, Horacio Marín, giran en ese carrusel.

Entre los aliados locales también empiezan a computarse pérdidas y distanciamientos. Mauricio Macri habló de su “incomodidad e impotencia” personal y la de su partido en el esquema de relación con el mileísmo.

Las negociaciones frente a una eventual alianza a nivel nacional entre la LLA y el PRO no fluyen: están estancadas. “La falta de diálogo del Gobierno para generar espacios, pesa”, sostuvo Mauricio Macri en el foro de la consultora Abeceb.

Mauricio Macri tiene diálogo con Luis “Toto” Caputo. El ministro de Economía está especialmente interesado en que se generen las condiciones para una alianza. Pero, si bien Macri ha recuperado algo de diálogo con Karina Milei —de quien se dice que está más flexible—, por el momento no alcanza.

Los que conducen formalmente la búsqueda de un acuerdo posible son Cristian Ritondo y Fernando de Andreis. No la tienen fácil.

Con quien no habla Mauricio Macri es con Patricia Bullrich. Hasta donde se sabe, las relaciones entre ambos están cortadas. El ex presidente no ha logrado superar su enojo con la ahora senadora. Se siente traicionado.

En su entorno dicen que donde sí se avanza para un acuerdo entre LLA y el PRO es en la Ciudad, donde lo que une no es el amor sino el espanto.

El candidato excluyente será Jorge Macri. Mauricio Macri no cuenta con ningún otro para oponer. Guillermo Dietrich ha hecho saber que el tema no le interesa y de Fernando de Andreis se dice que no le alcanza para llegar.

El líder del partido amarillo no tiene la mejor relación con su primo y jefe de Gobierno de CABA, pero se descuenta que arreglarán en tiempo y forma sus diferencias.

La visita de León XIV a la Argentina cubre con un manto de piedad tan ríspidas cuestiones, al menos eso se espera. En el mejor de los casos, una suerte de impasse entre tanta agitación.

Los principales actores políticos están obligados a acatar una tregua en la creciente beligerancia polarizadora y —en la medida de lo posible— abstenerse de usar la presencia del papa Prevost para beneficiarse políticamente. Atentar contra esta fiesta de la espiritualidad puede tener costos insostenibles.

Ordenando el desastre