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clarin.com · hace 11 horas · Clarin.com - Home

La Argentina tiene algo para mostrarle a León

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Cuando conocí a Jorge Bergoglio, muchos años antes de que el mundo lo conociera como Francisco, descubrí algo que todavía hoy recuerdo con una sonrisa: él había visitado más sinagogas que yo.

No era una anécdota menor. Aquel arzobispo de Buenos Aires había entendido algo que después convertiría en una de las marcas de su pontificado: para conocer al otro no alcanza con leer sobre él. Hay que entrar a su casa, sentarse a su mesa, escuchar sus palabras y permitir también que conozca las nuestras.

Este 8 de noviembre, cuando León XIV llegue a Buenos Aires, y los argentinos tenemos muchos motivos para darle la bienvenida.

León llegará a una Argentina que tiene muchos defectos. Tantos, que hemos desarrollado una extraordinaria capacidad para enumerarlos. Incluso hemos aprendido a reírnos de nosotros mismos y, a veces, hasta a enorgullecernos de algunas de nuestras imperfecciones.

Sin embargo, hay algo que hicimos bien y que quizás, precisamente porque forma parte de nuestra vida cotidiana, no valoramos suficientemente: Argentina construyó una cultura de convivencia entre las religiones que constituye uno de nuestros grandes activos sociales.

Judíos, católicos, musulmanes, evangélicos y miembros de otras tradiciones religiosas compartimos espacios, iniciativas, celebraciones y preocupaciones comunes con una naturalidad que muchas veces sorprende a quienes nos visitan. La convivencia no significa ausencia de diferencias. Significa haber aprendido que esas diferencias no tienen por qué transformarnos en enemigos.

Con el tiempo comprendí que aquellas visitas a las sinagogas no eran gestos protocolares. Eran parte de una concepción mucho más profunda. Francisco ayudó a transformar el diálogo interreligioso en una cultura del encuentro. Y Buenos Aires fue, en buena medida, uno de los lugares donde esa cultura comenzó a tomar forma.

Por eso resulta particularmente significativo que León XIV haya decidido incluir en su breve estadía en la Argentina un encuentro con líderes de las comunidades cristianas y de las distintas tradiciones religiosas. Será el 9 de noviembre den el Palacio San Martin, y tendrá a la Paz como eje central.

Esta será una oportunidad para escucharlo. Pero quisiera pensar que también será una oportunidad para que él pueda conocer, al menos un poquito, una Argentina que pocas veces ocupa los titulares.

La Argentina de un rabino que entra naturalmente a una iglesia. De un sacerdote que participa de una celebración judía. De un dirigente musulmán que comparte una mesa con cristianos y judíos. De líderes religiosos que pueden discrepar profundamente sobre cuestiones teológicas y, al mismo tiempo, trabajar juntos frente al hambre, la discriminación, la violencia o el odio.

En muchas partes del mundo, la religión vuelve a ser utilizada para levantar muros entre las personas. Identidades religiosas, nacionales y culturales son manipuladas para explicar por qué debemos temer al que piensa, cree o reza de manera diferente.

No somos una sociedad perfecta. Estamos muy lejos de serlo. Pero hemos conseguido algo que deberíamos cuidar mucho más de lo que lo hacemos: que la diversidad religiosa forme parte del paisaje cotidiano sin convertirse en una frontera entre nosotros.

Ojalá pueda conocer y descubrir que algunas de las semillas que su antecesor ayudó a plantar en Buenos Aires dieron frutos.

Y ojalá que, durante esos días, podamos hacer algo más: Desde la Argentina, junto a León, mostremos a un mundo que está demasiado acostumbrado a dividirse, que personas que rezan de maneras diferentes pueden vivir juntas, respetarse, quererse y construir un futuro común.

Tal vez no tengamos tantas cosas para enseñar al mundo, pero sin dudas, esta es una de ellas.

Claudio Epelman

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