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lanacion.com.ar · hace 12 horas · Andrés Rodríguez

El Papa viene a preguntar lo que muchos eligen ignorar

LA NACION

Hay visitas que se resuelven en la liturgia y otras que se juzgan por el contexto. La de León XIV pertenece a las segundas. Un Papa vuelve a pisar suelo argentino, algo que no ocurría desde 1987 y ese dato bastaría para considerar el hecho histórico.

Hay una dimensión afectiva que no conviene subestimar. El sucesor del Papa Francisco viene a nuestro país a modo de homenaje a la memoria de Jorge Bergoglio y cualquier lectura puramente protocolar quedaría corta.

Sin embargo, la llegada del Sumo Pontífice pesa por algo más. Llega en el momento en que muchos argentinos necesitan una palabra que los reconozca. El cuadro social es más áspero de lo deseado. El desempleo y la pobreza aumentan, el empleo informal ya supera el 40% de la fuerza laboral y los ingresos de la mayoría de los hogares argentinos son insuficientes, confinando a muchas familias a un espiral de endeudamiento difícil de escapar.

Recomiendo leer Magnifica Humanitas, la primera encíclica de León XIV, que tiene mucho que ver con el momento que estamos atravesando en el país. El Papa aborda desde la Doctrina Social de la Iglesia cómo preservar la humanidad en tiempos de la inteligencia artificial y la rentabilidad más descarnada.

Sería un error leerla como un texto sobre algoritmos. Su núcleo es más viejo y más incómodo: la dignidad humana debe ser el eje ordenador de la innovación y eso exige proteger el empleo. Lo que León XIII planteó frente a la Revolución Industrial en Rerum Novarum, la gran encíclica sobre la condición obrera, su sucesor lo reformula ante la automatización y la precarización, advirtiendo sobre los riesgos para el trabajo, la libertad y la democracia.

El vínculo es deliberado: León XIII habló de los trabajadores ante la revolución industrial; León XIV habla de las personas ante la revolución algorítmica, planteando como tesis fundamental que el problema no está en la tecnología sino en quién la controla y para qué. Una herramienta capaz de multiplicar la productividad y de curar enfermedades también puede concentrar poder y consolidar la dominación de unos pocos sobre las mayorías.

Traducido a la Argentina: ¿quién se beneficia de la automatización y quién queda afuera? Para un país con casi la mitad de sus trabajadores en la informalidad, la pregunta no es teórica. Una economía que se abre, se desregula y se tecnifica puede ser eficiente y, al mismo tiempo, dejar afuera a quienes no encajan en el nuevo esquema. Ese es el debate de fondo y el Papa lo sabe.

Los valores religiosos ponen en el centro de la escena a la gente, principalmente a los más postergados, y nos recuerdan que la economía está para servir a la persona y no al revés. La Iglesia habla por el jubilado, por el trabajador informal, por el endeudado, por el joven sin horizonte y por cualquiera que necesite ayuda, reivindicando sin condicionamientos el concepto cristiano de la justicia social. Este es un límite ético que interpela por igual al Estado, a las empresas, a los sindicatos y a la política sean de izquierda o de derecha.

El mejor homenaje que puede hacer toda la dirigencia argentina, sin importar la ideología, a León XIV no es el protocolo impecable ni la falsa humildad de mostrarse empáticos socialmente, sino tomar en serio el mensaje de que una sociedad que se promete tecnológicamente moderna sin ser humanamente justa se encamina al más ineludible de los fracasos.

Andrés Rodríguez

Sindicalista, secretario general del Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN)

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