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lanacion.com.ar · hace 2 horas · Martina Rua

Hay onda: la ciencia detrás de los vínculos que funcionan

LA NACION

Una de cada seis personas en el mundo está afectada por la soledad, según la OMS. Una encuesta global de Meta y Gallup eleva la cifra: el 24% de los adultos se siente “muy” o “bastante” solo, más de mil millones de personas. La Argentina, con un 28%, está por encima del promedio mundial.

En este contexto, Adam Grant acaba de publicar Vibe: The Secrets of Strong Connections in a Lonely World. Grant es psicólogo organizacional, profesor de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania y uno de los pensadores del management más influyentes del mundo. Sus libros, como Originals, Think Again y Potencial oculto, vendieron millones de ejemplares, y conduce el podcast Re:Thinking. En su nueva obra explora la ciencia detrás de la química entre las personas y sostiene que la conexión no se encuentra: se construye.

En lugar de pensar las relaciones humanas como intercambiables, o de dividirlas en las categorías habituales (amigo, pariente, compañero de trabajo), Grant propone mirarlas a través de cuatro nuevas agrupaciones. Los asociados son “lazos transaccionales”; los aliados, “sociedades basadas en un propósito”; los compinches (pals), “alianzas de diversión”; y los confidentes, “conexiones basadas en el cuidado”. Una misma persona puede encajar en más de una categoría o pasar de una a otra. Aun así, el autor sostiene que advertir qué esperamos exactamente de una relación nos ayuda tanto a entrar en sintonía como a manejar nuestras expectativas.

“Si podemos tener onda espontáneamente con algunas personas algunas veces, ¿por qué no podemos lograrlo deliberadamente con más personas más veces?”, se pregunta. A partir de su propia experiencia y de la de otros, Grant deja algunas ideas para llevar a la práctica:

Uno, la química se diseña. La conexión no depende de la suerte ni de la personalidad: es una habilidad. Grant propone saltear la charla trivial con preguntas lúdicas (por ejemplo, “¿un pancho es un sándwich?”) y compartir experiencias activas. En la próxima reunión, podemos cambiar el “¿qué tal?” por una pregunta que invite a jugar.

Dos, no todos tus amigos son amigos. Pedirle a una sola persona que sea a la vez aliada, compinche y confidente genera decepción. Según Grant, el bienestar es mayor cuando esos roles se reparten entre distintas personas. Mapear los vínculos ayuda a ajustar expectativas.

Y tres, la frecuencia no sostiene la onda. El contacto regular ayuda a construir un vínculo, pero no hace falta para mantenerlo. Los “lazos dormidos” valen oro: por ejemplo, ejecutivos que retomaron contactos con los que no hablaban hacía más de tres años recibieron consejos más novedosos y útiles que los de su círculo actual. Propone practicar el pebbling (mandar un meme o un link como gesto de cuidado) y escribirle hoy a alguien que no ves hace tiempo. A los argentinos, que llevamos la amistad casi como una bandera, estas ideas pueden parecernos obvias. Pero nunca está de más recordar el poder que tienen los vínculos en nuestras vidas.

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