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perfil.com · hace 1 hora

Mauricio Macri lanzó un dardo a Javier Milei: "Los tiempos de los iluminados han sido un desastre"

El expresidente brindó una charla sobre liderazgo en el Faena Art Center en la que aseguró que el secuestro que sufrió en 1991 fue el inicio de su vocación de dirigente político. Además, afirmó que al gobernar se vive "en una nube gigantesca".

Mauricio Macri lanzó un dardo a Javier Milei: "Los tiempos de los iluminados han sido un desastre"

Este jueves se realizó en el Faena Art Center de Puerto Madero el 16° Foro de la ABECEB , donde el expresidente Mauricio Macri fue el disertante principal. El fundador del PRO respaldó el rumbo económico de Javier Milei, aunque advirtió sobre dinámicas opacas del oficialismo en el ejercicio del poder. En un mensaje directo hacia los métodos del Gobierno nacional, el exmandatario sentenció de forma categórica: "Los tiempos de los iluminados han sido un desastre".

Ante la consulta de PERFIL sobre qué figura le parece mejor candidato a presidente para las elecciones de 2027, si Javier Milei o Patricia Bullrich, el expresidente respondió de forma escueta: "Yo no participo de la interna de La Libertad Avanza".

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Ante la repregunta de este medio sobre a quién votaría en un eventual balotaje entre ambos dirigentes, el exmandatario evitó dar precisiones sobre su preferencia electoral. "Falta mucho para decidir eso", aseguró Macri para clausurar el diálogo de cara al escenario de 2027. Con esta declaración, el jefe del PRO evitó anticipar posicionamientos en la antesala del armado electoral.

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Al analizar la gestión nacional, Macri se refirió de manera elíptica al esquema de toma de decisiones en Casa Rosada. El exmandatario sostuvo que la presión de gobernar coloca inevitablemente la cabeza del líder "en una nube gigantesca", tal como reconoció que le ocurrió a él durante las protestas de 2017. Para contrarrestar ese aislamiento, defendió la necesidad de rodearse de equipos amplios y profesionales elegidos con anterioridad y "no sobre la marcha".

La advertencia aludió de forma implícita al esquema concentrado que integran Karina Milei y Santiago Caputo, al señalar que un jefe de Estado necesita oír opiniones opuestas. "El líder necesita que le digan una palabra mágica: No", sentenció el dirigente, quien reveló que instruía a sus colaboradores para que amortiguaran sus desacuerdos cuidando su propia reacción.

El expresidente remarcó que se requieren personas con la personalidad suficiente para advertirle al conductor cuando pierde el eje, lo cual desde su perspectiva, no estaría sucediendo en el actual gabinete.

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En esa misma línea, ponderó el control de gestión técnica frente a la centralización de la botonera oficialista actual. El exmandatario recordó que durante sus años al frente de la Jefatura de Gobierno porteña impuso la figura de Horacio Rodríguez Larreta como un engranaje indispensable. "Costó un montón que mi equipo aceptase que Larreta era el jefe de gabinete, porque todos querían hablar conmigo, pero él controlaba los plazos y medía los objetivos", puntualizó.

Macri respaldó la continuidad del rumbo económico y el superávit fiscal, pero advirtió que la estabilización macroeconómica necesita de la institucionalidad para transformarse en desarrollo sostenible. El expresidente apuntó contra los manejos en la administración libertaria al exigir que "cada licitación y cada comportamiento estatal debe ser impecable". El dirigente comparó la transparencia de su presidencia con las idas y vueltas actuales en los pliegos y los recambios en el área judicial.

El líder del PRO también pasó factura por la velocidad del ajuste de los servicios públicos y comparó la tolerancia social de su mandato con el escenario actual. El exmandatario recordó que sufrió protestas en barrios porteños históricamente afines a su espacio por medidas de menor impacto que las de la gestión libertaria. "Mis votantes de Recoleta, Palermo y Belgrano no aguantaron un aumento de tarifas que fue un tercio del aumento que hizo Javier Milei", recordó.

Para graficar la volatilidad de la cúspide pública, apeló a la crisis institucional de Paraguay, donde el mandatario Santiago Peña debió renunciar acorralado por el juicio político. "Miren lo que le pasó a Peña hoy, un dirigente de primer nivel; en 48 horas se acabó el presidente", afirmó. Para Macri, el episodio demuestra que "el poder es una herramienta efímera" que se escapa rápidamente si no se consolida un esquema de confianza previsible y duradero.

Santiago Peña renunció a la presidencia de Paraguay este jueves envuelto en un escándalo en torno al Ueno Bank. "En 48 horas se acabó el presidente", dijo Mauricio Macri para ejemplificar que "el poder es una herramienta efímera".

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Durante la charla, el empresario reconstruyó los detalles de su secuestro en agosto de 1991 y calificó la situación como el verdadero catalizador de su vocación pública. Al recordar la secuencia, detalló que dos hombres lo golpearon hasta el desmayo antes de meterlo desnudo y con los ojos vendados dentro de un sarcófago. "Media hora después estaba en el lugar donde pasé los 14 días más largos de mi vida, una caja de madera de dos metros por dos metros cerrada por el exterior", relató.

El exmandatario explicó que el aislamiento absoluto y el peso de las cadenas en sus pies lo forzaron a realizar un balance de su vida hasta ese momento. Por entonces, el hijo de Franco Macri comandaba la firma automotriz más grande del país y se encontraba al frente de responsabilidades corporativas de escala regional. Sin embargo, el encierro transformó sus prioridades individuales: "Me di cuenta de que si sobrevivía iba a ser como volver a nacer, y dije 'lo primero que voy a hacer es no seguir trabajando con mi padre'".

El líder del PRO utilizó esa memoria para aconsejar a los empresarios presentes sobre las consecuencias de los vínculos familiares en el ámbito laboral corporativo. El expresidente repasó la complejidad de heredar mandatos y aseguró que esa experiencia extrema le enseñó el valor de la identidad propia por sobre los bienes materiales. "No recomiendo trabajar con padres o con hijos", afirmó de modo tajante, definiendo esa decisión como el paso previo para iniciar su propio recorrido.

El expresidente definió a su paso por la conducción de Boca Juniors como su verdadera “universidad” y su introducción a las reglas del liderazgo público. Recordó que para cambiar la mentalidad de los socios y ganar tiempo frente a la resistencia interna debió ejecutar transformaciones físicas de manera drástica. En una confesión sobre los manejos de la época, admitió haber avanzado en la remodelación de La Bombonera eludiendo los controles de la Ciudad.

"Modernizamos el estadio en seis meses, por supuesto sin permiso de la Ciudad y sin permiso de la Asamblea del club", reveló el exmandatario ante el auditorio empresarial. El dirigente describió cómo se subió personalmente a una topadora para derribar la primera estructura de los palcos viejos del estadio. El expresidente argumentó que el resultado final convenció a los socios de que la institución debía estar siempre por encima de las personas.

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Macri repasó cómo el carisma de Diego Armando Maradona le impuso límites a su autoridad como presidente del club. El líder del PRO afirmó: “Si Boca fue mi universidad, Maradona fue mi postgrado”, y rememoró la conducta del extécnico de la Selección Nacional como el principal escollo de su carrera dirigencial. Detalló los problemas de adicción del jugador y recordó el clásico de 1997 en el que el capitán de Boca se retiró en el entretiempo “porque ya no se podía mover”.

El exmandatario revivió la trastienda de una reunión secreta en el departamento del dirigente boquense Luis Conde, exdueño del boliche Shampoo, para impedir la llegada del ídolo como director técnico. El expresidente relató el magnetismo con el que entró el futbolista a la cita y el temor que le provocaba enfrentarlo. El jefe del PRO recordó que Maradona le ofreció una alianza mediática inmediata a cambio de que anunciara su contratación en una conferencia al mediodía siguiente.

El rechazo de Macri a esa propuesta desató una disputa personal que, según el propio relato del dirigente, se prolongó durante casi tres décadas. El expresidente describió la reacción del futbolista cuando intentó imponerle un tratamiento médico prolongado como condición innegociable. "Se le dieron vuelta los ojos como en el gol contra Grecia en el Mundial 94 y me dijo: 'Estuviste tan cerca de la gloria, pero ahora te voy a destruir', y cumplió su palabra, nunca paró de castigarme", rememoró.

En esa misma línea de discusiones institucionales por el valor de la palabra empeñada, el expresidente arremetió contra Sergio Massa. Recordó el viaje conjunto al Foro de Davos en 2016, donde le advirtió al tigrense que debía sostener los acuerdos incluso cuando no le resultaran convenientes. El exmandatario relató que el posterior impulso del fundador del Frente Renovador a la ley antidespidos dinamitó la confianza mutua y ocasionó el nacimiento del apodo "Ventajita".

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Para cerrar su tesis sobre los límites del liderazgo, Macri apeló a la historia y recordó la interna de 2011 como un baño de realidad. El entonces jefe de Gobierno porteño pretendía competir por la presidencia nacional y desatender las advertencias de su consultor Jaime Durán Barba. El asesor ecuatoriano le había advertido de manera fría que sus posibilidades de triunfo electoral se diluirían por completo si Cristina Fernández de Kirchner enviudaba.

Macri revivió entonces la negativa de su propio entorno a convalidar su aventura presidencial aquel año. El exmandatario detalló cómo su mesa chica bloqueó su postulación nacional de forma unánime para resguardar el poder en el distrito porteño. "Votamos y perdí 5 a 1; los puteé a todos, pedí un cuarto intermedio, los llamé uno por uno a la tarde, volvimos a votar y perdí 6 a 0", concluyó.

Las vueltas de la historia argentina encierran ironías simétricas. Tres décadas atrás, el joven ingeniero Mauricio Macri descubrió estando secuestrado que el verdadero poder consistía en deshacerse de los mandatos del padre. Hoy, refugiado en la memoria de sus batallas contra el carisma ingobernable de Maradona, el expresidente predica la infalibilidad de las reglas ante un oficialismo al que percibe fascinado por sus propios "iluminados". La política local repite su vieja coreografía: los herederos cambian, pero los dilemas de los egos permanecen intactos.

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