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perfil.com · hace 8 horas

La deshumanización de lo feo

La deshumanización de lo feo

Flanqueada por enmascarados, la Secretaria de Presidencia, invita a celebrar el traslado de la UP Devoto. Bukelización de narrativa mata diferencia política: los “Robocops” también se dejan ver en un video afín del GCBA. El viejo anhelo larretista a cuenta de la Ciudad arranca con un horror de origen. Acaso por “gracia papal”, llegaron 1500 presos “con lo puesto” y en tiempo récord (en lugar de100 diarios acordados), sin ropa ni medicamentos que, sujetos a escaneo, quedaron atrás. Malestar de familiares y agentes del SPF que no saben dónde serán reasignados. Renuncia de un funcionario.

Por ley, consignar el 65% del espacio vacante de la cárcel para espacio verde es un plus ambiental que apunta a su redistribución progresiva: su mayor uso por gente sin opción privada como el club o el country. Los vecinos saludan la valorización de suelo y de un área de convivencia con la inseguridad y los ruidos. Pero el camino está pavimentado para que el sueño mojado de desarrolladores, extender el norte “chic” del antiguo barrio desde su corazón (Plaza Arenales) a su sur, del otro lado de la avenida Beiró, medre a expensas de inquilinos y comerciantes desplazados por la suba de renta. En este sentido el 35% del terreno para edificios debería compensar con crédito blando o alquiler social a perjudicados. Se dirá que es realista, para racionalizar el gasto público, financiar cambios con la recaudación de la venta y desarrollo del suelo, pero su valor en salarios medios para su compra y la alta ociosidad prueban que esta producción urbana es especulativa y que, lejos de paliar el déficit para vivienda o alquiler, se realiza en un “universo paralelo” como renta para pocos. Amén de su impacto ambiental, que le aumenta el gasto que se pretende combatir aun a la gestión más insensible. Nación y Ciudad entienden al paisaje urbano como un espejo fiel de relaciones sociales: cambiando su apariencia, cambio su causa. No están solos. Durante Alfonsín, el traslado de la Capital descomprimiría presión política, horadando la fuerza de un sitio emblemático de reclamo (Plaza de Mayo) al alejar a sus destinatarios. La dictadura fue albacea del paradigma con Cacciattore y “la topadora” sobre los hogares de más de 200000 almas. Con el eufemismo “deslocalización del conflicto social”, que siempre “deslocaliza” para el mismo lado (el otro de la Gral Paz), se invisibilizo lo que no luce bien. Pero la ciudad neoliberal se abrió paso: la desigualdad salvaje de los 90 repobló CABA de villas y marcó una brecha entre una “urbanidad aparente” de casitas bien lucidas y la crisis socioeconómica de sus huéspedes. El penal no salió de la nada. Estuvo allí antes que Devoto, que fue cordón periurbano, pasara de las quintas a las casas y los edificios. Hoy, muros ajenos al paisaje barrial, le recuerdan lo que no desea ser. El fake sobregirado de la relación directa entre pobreza y delincuencia es el árbol que tapa el bosque: la inmensa mayoría de pobres no delinquen, pero la inmensa mayoría detrás del muro es pobre. No son aliens. Son parte del barrio y de una sociedad que los rechaza. No merecen dádivas, pero sí que se admita la desigualdad que les niega la “mano invisible”, la que padecen desde el nacimiento y les marca un techo. Si la gestión urbana “cierra con la gente adentro”, para la nueva derecha la sola pregunta por la gente es un lujo woke: no se ha dicho aún sí, ni cómo, se dará continuidad en la remota urbanidad al centro universitario y al de trabajo, que marcan una divisoria de aguas en las tasas de reincidencia entre reclusos. Nada sobre el costo de familiares, empleados y docentes obligados a cambiar la accesibilidad del actual lugar por otro a 50 km. La legislatura y la ciudadanía deberán debatir para que el traslado no devenga en negocio que barre “lo feo sucio y malo” bajo la inmensa alfombra del conurbano, sin rasgar aquello que lo genera, lo que no hace a la ciudad más linda, pero nos mejora como sociedad.

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