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perfil.com · hace 9 horas

Un nuevo documental denuncia el blanqueo de dinero globalizado

Su estreno en el Festival de Cine de Investigación de Washington vuelve a poner bajo la lupa los negocios del mercado del arte. A partir de la disputa entre el multimillonario ruso Dmitry Rybolovlev y el marchand suizo Yves Bouvier, la película reconstruye una trama de paraísos fiscales y maniobras financieras. Detrás de las pinturas aparece un sistema que permite a las grandes fortunas ocultar dinero y convertir las obras maestras en instrumentos de especulación.

Un nuevo documental denuncia el blanqueo de dinero globalizado

Ayer comenzó la nueva edición del Festival y Foro de Cine de Investigación de Doble Exposición (dxfest.com), en Washington, Estados Unidos, organizado por 100Reporters (100r.org). Por la tarde se estrenó –en el Centro Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins– el documental El oligarca y el comerciante de arte, dirigido por el cineasta danés Andreas Dalsgaard, producción entre Dinamarca, Francia, Países Bajos, Suiza y Estados Unidos.

El mismo trata sobre la relación entre el marchand suizo Yves Bouvier y el multimillonario ruso Dmitry Rybolovlev, enfrentados en torno a una colección de arte que el suizo “desarrolló” para el oligarca, y que comprende obras de Klimt, Gauguin, Van Gogh, Chagall, Leonardo da Vinci y otros innumerables artistas, material resguardado en bóvedas de “puerto libre” (o zona franca).

El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), responsable de la investigación de 2016 llamada Panamá Papers, publicó un reportaje al director del documental, Dalsgaard. En él explica, entre otros detalles, cómo los ultrarricos del planeta utilizan el arte como un modo de circulación del dinero negro, momento en que el arte deja de ser arte (ver columna adjunta).

Pero el documental también aborda los recursos y estrategias de cada uno de los contendientes, con la aparición documentada –como nunca antes ocurrió– del sistema de lavado de dinero del que cada uno, marchand y cliente, ejemplos y mascarón de proa de personajes que se mantienen anónimos. La documentación surge de las nueve causas judiciales en distintos territorios, incluyendo el de ultramar.

Todo comenzó cuando Rybolovlev acusó a Bouvier de estafarlo en al menos 1.000 millones de dólares, mintiendo sobre los precios de compra de obras de arte y embolsando la diferencia. En los distintos procesos se utilizaron los Panamá Papers para exponer cómo Bouvier utilizó empresas offshore en paraísos fiscales para atender a muchos clientes más que el ruso demandante. Durante los juicios simultáneos, ambas partes utilizaron agentes de inteligencia, agentes de prensa, abogados de distinta laya, así como influencias políticas, creando una trama digna de un policial transcontinental. De todas formas, y antes que la sangre de ambos llegue al río de la justicia, durante la filmación del documental ambas partes llegaron a un acuerdo secreto. Tarde, porque la trama quedó al descubierto.

Rybolovlev puede ser un magnate o el representante de un conglomerado de oligarcas rusos. Estuvo vinculado al Mónaco Gate, con las escandalosas compras del club de fútbol monegasco y del departamento más caro del principado (y de Europa) al mismísimo príncipe. Ya en New York, compró el departamento más caro al director general de Citibank. Mientras que la villa más cara de Estados Unidos la compró a Donald Trump.

En el juicio que el ruso inició en Nueva York, demandó a Sotheby’s por ayudar e instigar a Bouvier, de donde surge que la casa de remates intercambió 38 obras con Bouvier, destinadas a Rybolovlev, por un total de 2.300 millones de dólares. En su “defensa”, Sotheby’s presentó pruebas de que trató con Bouvier en más de 800 transacciones.

¿Y Bouvier? El documental lo señala como uno de los artífices –no es el único– para que el arte, desde comienzos de este siglo, se convirtiera en una herramienta del lavado de dinero negro, oscuro, ilícito. Hereda la empresa de su padre que trasladaba muebles y arte. Al poco tiempo desarrolla el modelo de almacenar arte en puertos francos –como el de Ginebra, Suiza. Pero también desarrolla estructuras de servicios alrededor de esto: restauración, investigar la procedencia de una pintura, transportar obras con seguros, todo para el arte muy caro.

El segundo paso fue convertir esa empresa en un conglomerado global, con puertos francos en otros países y cientos de empresas relacionadas. Al mismo tiempo, invierte en galerías de arte y otros rubros vinculados. Tejió una red basada en la corrupción, como la de lugares tan oscuros como Delaware, Wyoming, Nevada.

Jacob Silverman: ¿Cómo es el puerto franco suizo, donde se almacenan miles de piezas de arte invaluables, pero que casi nunca se ven?

Andreas Dalsgaard: En cierto nivel, es solo un almacén. Es un almacén muy, muy aburrido situado en esta zona suburbana de Ginebra, justo al lado de la autopista, cerca del aeropuerto. (…) Cuando entras y caminas por allí, sigue siendo muy aburrido. Es solo almacenamiento. La seguridad está prácticamente a la par de la de Fort Knox. Entonces, en ese nivel, es un lugar extremadamente seguro.

Básicamente, todavía está en el opaco territorio internacional al que podemos llamar offshore, que es lo mismo en lo que estás cuando sales del check-in de pasaportes en el aeropuerto, y luego estás en aguas internacionales, por así decirlo. Eso es lo que es el puerto franco.

Entonces a alguien se le ocurrió la brillante idea. ¿Qué pasa si no se mueve? Simplemente se queda ahí. Al mismo tiempo, si simplemente se queda allí, puede ser casi como una bóveda de banco, y podemos intercambiar ese valor entre nosotros para poder moverte 100 millones de dólares a través del intercambio de un papel depropiedad en una pintura. El cuadro no se mueve. Simplemente se encuentra en el puerto franco y nadie necesita ver ese intercambio de propiedad. A diferencia de mover dinero en un banco, debido a que todas las transacciones financieras son rastreadas y están realmente disponibles para las autoridades, este tipo de transacción es completamente opaca.

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