Cuando la voluntad crea valor para la sociedad y sus instituciones
Se comunica conmigo Agustín, joven abogado con quien compartimos el interés por las cuestiones ambientales y programas de sostenibilidad. Me plantea una inquietud del Centro de Estudiantes de Derecho (CED, UNLP): “qué podemos hacer con el material de papel que los alumnos acumulamos como residuo dentro de la Facultad”.
Una sabia inquietud. Como primera cuestión; digamos que el planteo merece ser analizado detenidamente. Tiene una apariencia de simpleza, pero está lejos de serlo. En el hogar, lugar de trabajo, colegios, entre otros; ¿se hacen esa pregunta? ¿o simplemente los residuos materiales como envases pet, latas de bebidas, papel, lo tiran en un cesto sin preguntarse antes “que podrían hacer con ellos”?
Segunda cuestión; quienes en este caso se hacen la pregunta “qué podemos hacer” en lugar de directamente descartar el material al tacho de basura, seguramente están imaginando que debe existir alguna alternativa mejor. Y aquí la importancia; hay una diferencia muy grande entre un ciudadano desaprensivo y otro que puede dimensionar todas las situaciones que se disparan a partir de una u otra de las opciones presentadas: tirar sin más materiales a la “basura” o recuperarlos para que cumplan nuevos ciclos de vida manteniendo o aumentando incluso su valor.
Por eso el simple interrogante, “qué podemos hacer”, sería muy bueno que fuese imitado por todos y así evitar destruir recursos, contaminar, y multiplicar el gasto público municipal en una gestión de residuos que a ojos vista en cada ciudad se presenta hoy como insostenible.
Rápidamente, comenzamos a idear una respuesta a la inquietud de los estudiantes. Cuando se presenta una oportunidad como esta u otras similares debemos pensar de una forma sistémica y colaborativa. Analizar alguna solución que se proponga generar un efecto multiplicador, que involucre diversos actores y amplíe el espectro de resultados beneficiosos.
Finalmente nos propusimos construir una solución alternativa al tacho de basura que llamamos “espacio colaborativo de triple impacto”. Pensando colaborativamente y uniendo distintos elementos propusimos la participación de distintas organizaciones para, desde ese cúmulo de papel a descartar, generar beneficios simultáneos ambientales, sociales y económicos.
Desde el Instituto para la Innovación y Sostenibilidad (INIS) de la Unión Industrial del Gran La Plata (UIglp) gestionaríamos la articulación propuesta. El CED aportaba el papel que antes hubiese terminado en el tacho de basura; el Departamento de Contratistas del Polo Petroquímico tendría a cargo el transporte del material; una empresa recicladora de papel recibiría el material; y finalmente el dinero pagado por la recicladora iría donado en su totalidad a la Fundación Ludovica del Hospital de Niños de La Plata.
Del papel que muchos tiran en casa, el trabajo, dependencias privadas o públicas; la buena voluntad, creatividad y solidaridad, en forma colaborativa pasaron a generar beneficios en las tres dimensiones que una economía y sociedad requieren para ser sostenibles: 1) Los materiales que hubiesen sido basura se reintroducen a la economía maximizando la vida de los recursos (impacto ambiental y económico); 2) que una pyme de la economía circular pueda mantenga el trabajo (impacto económico y social); 3) que los estudiantes se sientan partícipes de una obra de bien y con impactos ambientales y sociales positivos; y que además asimilen la necesidad de tener nuevos enfoques acerca de los modelos de gobernanza y cómo las organizaciones pueden colaborar y lograr beneficios múltiples para la sociedad; 4) las organizaciones gremiales empresarias y las empresas que son parte revelan su compromiso para sumar acciones de responsabilidad social que los integran a la comunidad; 5) una institución de altísimo valor social y prestigio como la Fundación Ludovica del Hospital de Niños de La Plata siente que su esfuerzo es compartido y apoyado, materialmente desde instituciones de la comunidad.
Luego de la primera entrega de papel, más de una tonelada, los actores que conforman el “espacio colaborativo” visitaron la “Casa Ludovica” donde se alberga a familias de niños con tratamientos médicos que requieren de permanencia en el hospital. Ese contacto directo, personal, genera en los participantes la real dimensión de los beneficios de la colaboración y sus resultados. Se construye desde esa instancia mayor compromiso y confianza al ver como instituciones como la mencionada hacen magia con cada peso que recibe.
Este “espacio colaborativo de triple impacto”, no tiene burocracia, estructura, compromisos legales. Se trata de personas dentro de organizaciones donde cada uno expresa su voluntad de poner algo para el resultado final: obtener recursos monetarios para ayudar a sostener la Fundación Ludovica del Hospital de Niños de La Plata.
Movimientos y acciones como estas encuentran sus raíces en la filosofía colaborativa, algo que es inherente a los humanos y que se inspira en el funcionamiento de la naturaleza. Tiene sustento y marco teórico profundo en el pensamiento que va desde la lógica de la acción colectiva con Mancur Olson, hasta la ganadora del Premio Nobel de Economía, Elinor Ostrom con su idea de gobernanza policéntrica. Hoy lo comprendemos y practicamos desde la llamada “gobernanza en red” que se aleja de las estructuras centralizadas y verticales, buscando acuerdos horizontales que generan una auto organización de personas y grupos para gestionar un objetivo común.
Pero este espacio colaborativo no es teoría o discurso; es acción. Se conformó rápido, con reglas claras sobre la voluntad y roles de cada uno, pasándose a coordinar la logística, los esfuerzos y recursos aportados. Este espacio de colaboración es un modelo de sostenibilidad por los múltiples efectos positivos que genera y porque expone que hay una nueva forma de gobernanza para gestionar problemas diversos, sin requerir estructuras verticales y burocracia. Grupos heterogéneos se unen para un mismo fin.
Desde la simpleza de un interrogante, “que podemos hacer con el papel que tenemos”, surgió una idea y acción que genera ese tan necesario y eficiente triple impacto positivo: ambiental, social y económico.
Abogado, Mg. en Economía Circular, Universidad de Burgos; profesor de Economía Política, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, UNLP.
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