No habrá milagro
El contraste amplifica las diferencias. Exacerba lo ausente. Deconstruye lo naturalizado. Subraya la degradación. Ocurrió hace una semana. El motivo, el aniversario de una revista política uruguaya. Ahí volvieron a compartir un espacio de diálogo dos expresidentes y el actual jefe de Estado de ese país. Todos de distintos partidos políticos e ideologías. Para más contraposición, compartieron charla con un periodista independiente y crítico. Tuvieron coincidencias. Y no eludieron diferencias. Sin insultos. Sin descalificaciones. “De forma civilizada y republicana”, como diría “con nostalgia” otro presidente del barrio, el reelegido Lula.
Nada excepcional por ahí. Demasiado extraordinario por acá. Tanto que ni siquiera el gran promotor de la cultura del encuentro, como se define el Papa León XIV, parece ser capaz de lograr algo así de este lado del Río de la Plata. Todo indica que no habrá encuentro, Ni diálogo. El presidente Javier Milei no quiso (hasta ahora) sumar a las ceremonias principales a sus antecesores democráticos. A pesar de que la iglesia argentina lo propuso. Lo admitió el presidente de la Conferencia Episcopal. Pero no estamos para milagros. Hubiera sido, según lo define la Real Academia de la lengua, “un hecho no explicable por las leyes naturales”. Demasiado extraordinario.
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