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clarin.com · hace 4 horas · Clarin.com - Home

El peor pecado de Chiqui Tapia y sus cómplices (y no es robar)

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Este sábado, Boca, Rosario Central y Argentinos intentarán consagrarse ganadores de la tabla anual del fútbol argentino. De entre esos tres saldrá el Campeón de la Liga.

Apenas un mes más tarde, el título y la euforia pueden cambiar de camiseta. Habrá un Campeón del Clausura.

Tener dos campeones en treinta días es no tener un campeón (salvo que gane el mismo), y no es un juego de palabras. El prestigio de cualquier título deportivo depende de su escasez y de la dificultad para obtenerlo. La abundancia y la seguidilla generan el efecto contrario. Sin un campeón único, el fútbol argentino tendrá apenas una categoría inferior: dos ganadores.

Habrá vueltas olímpicas y festejos. Pero futbolistas, entrenadores, dirigentes e hinchas no podrán negar, en el fondo, un sentimiento de festejo "interruptus", de gloria incompleta, de consagración histórica convertida en trámite provisorio.

Vale repetirlo cuando las pruebas de venalidad personal y de corrupción institucional aparecen como nunca antes y atrapan la atención pública. El peor pecado de Chiqui Tapia y los dirigentes que lo encubren es haber degradado al fútbol hasta convertir a una competencia cargada de historia en una sucesión de parches organizativos y manipulación de los reglamentos.

Si la Justicia debe investigar (debería, en verdad, porque no parece muy decidida a hacerlo) el circuito de dinero en AFA, con Toviggino y Javier Faroni como principales sospechosos, el daño provocado como dirigentes está a la vista. La devaluación del título de campeón es el ejemplo.

No se trata de simple ineptitud. Obediente más que dirigente, y preocupado por sostener sus beneficios personales más que por la jerarquización de la competencia ("el producto", como lo llaman con ínfulas de genios del marketing), Tapia busca dejar a todos contentos. Es la razón de la inflación de equipos y de campeones: 30 en Primera División y 36 en la Primera Nacional; y 8 títulos previstos para 2027 (Apertura, Clausura, Campeón de la Liga, Trofeo de Campeones, Supercopa Argentina, Supercopa Internacional, Copa Argentina y Recopa de Campeones), una desmesura que multiplica por cuatro respecto de los dos campeones de 2011 (último año con Clausura y Apertura).

Semejante dislate no es inocente. La multiplicación es el mecanismo de contención política necesario para asegurar votos, continuidad en el poder e impunidad para vulnerar los reglamentos, secuencia repetida en los últimos años. Lo aprovecha Tapia en la AFA, y también muchos dirigentes en sus clubes, ampliando la posibilidad de ofrecer a sus hinchas títulos o finales jugadas.

El precio es la mediocridad de las competencias y de sus ganadores. Y quien no crea los argumentos puede recordar lo ocurrido en 2025. Rosario Central fue decretado Campeón de la Liga el 20 de noviembre, y Ariel Holan, su entrenador, fue despedido el 11 de diciembre, semanas después de perder con Estudiantes de La Plata.

Gonzalo Abascal

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