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clarin.com · hace 4 horas · Clarin.com - Home

Instituciones sanas para la salud pública

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Sólo con instituciones sólidas habrá verdaderas oportunidades de desarrollo. Pero, tal como formuló Edgar Morin con particular claridad: “No se puede reformar la institución sin haber reformado previamente las mentes, pero las mentes no pueden reformarse sin haber reformado previamente las instituciones”. No hay transformación institucional sin transformación cultural; pero tampoco hay transformación cultural duradera si las instituciones no son capaces de sostenerla.

Necesitamos instituciones que permitan afrontar la existencia de nuestros “agujeros negros”: espacios donde se acumulan dogmas, ignorancia, rutinas, fragmentaciones y aquello que preferimos no mirar. Frente a ellos debemos construir “focos de luz”: espacios capaces de generar conocimiento, pensamiento crítico, innovación y, sobre todo, nodos generadores estratégicos que articulen personas, saberes e instituciones, recuperando el valor de la controversia como sostén de la convivencia.

Contextualicemos un poco. Desde 1966 comenzó a hacerse evidente un proceso de fragmentación en salud que se cristalizaría en los años noventa con la descentralización y desregulación de funciones, plasmadas en la reforma constitucional de 1994, donde el sistema perdió su ya escasa capacidad para la coordinación nacional. Lo que vino después fue, en lo esencial, continuidad: programas focalizados y regulaciones parciales que administraron esa fragmentación agonizante sin tocar su matriz, un sucedáneo operativo apenas maquillado. Pero, desde 2023, el Estado se desentiende directamente de su rol de garante, agravando la inequidad y dejando el acceso librado a la capacidad de pago.

El reconocido politólogo Oscar Oszlak señala la trampa de tener que elegir entre estatismo absoluto o fundamentalismo de Mercado. Se trata, al contrario, de determinar qué herramientas funcionan para cada necesidad y aceptar que, para tener mercados privados eficientes, primero se necesita un Estado técnicamente capaz de regularlos y una Comunidad participativa, cumpliendo su deber ciudadano. Especialmente para la provisión de bienes y servicios sociales, como salud y educación, donde la aplicación de criterios puramente mercantiles de eficiencia suele chocar contra barreras complejas de equidad, externalidades positivas e información asimétrica, amén de la falsa “autorregulación”, como la realidad demuestra.

Hoy no sufrimos sólo la fragmentación como dilución de responsabilidad, sino la ausencia de gobernanza al servicio de una finalidad. El órgano existe —el Consejo Federal de Salud (COFESA)—, pero carece de conducción real: metas comunes, financiamiento articulado y valores de referencia para integrar Nación, provincias y subsistemas.

Para rescatar a la salud pública debemos partir de la contingencia (actual estado de anomia) pasando por la controversia (debate) para arribar a la convergencia (acuerdo) como toma de conciencia que requiere de la comprensión. En otras palabras: discernir, decidir y accionar, con compromiso y responsabilidad, para superar la alienación que nos vuelve ciegos ante la indefensión sanitaria y el desmembramiento institucional que vacían de contenido a la salud pública.

En definitiva, debemos recuperar la política como dispositivo de transformación estructural. Frente al desmembramiento que ya no admite paliativos y donde cada demora agrava la “tasa de sufrimiento” de miles de conciudadanos, la Argentina necesita una nueva trama institucional y un acuerdo en Salud: no un parche, sino una red única que integre lo que hoy está desgarrado.

Ignacio Katz

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