Presidentes con la lengua suelta
A propósito de las elecciones de medio término que se celebran este martes en Estados Unidos, el diario The New York Times publicó un profundo análisis sobre los discursos de Donald Trump, quien no compite pues se trata de comicios parlamentarios, pero participó activamente en la campaña, ya que corre el serio riesgo de pasar de tener un Congreso a favor a uno en contra en sus dos últimos años como presidente.
El resultado de la investigación del Times, realizada con ayuda de la IA, es sumamente interesante también para los argentinos. Sucede que aparecen bien marcados ciertos parecidos entre la particular manera de comunicar del magnate neoyorquino con el controversial estilo de Javier Milei, confeso admirador del republicano.
De acuerdo con la nota del diario estadounidense, por ejemplo, Trump usa casi 15 malas palabras por cada 10.000, lo cual resulta inédito en aquel país, donde todavía tapan con un pitido cuando alguien suelta una grosería en la televisión.
El norteamericano dice hoy un 19% más de expresiones dicotómicas como “siempre”, “nunca”, “todo” y “totalmente” que en 2015. También se afirma que su vocabulario, al igual que su nivel de lectura, equivale al de un alumno de entre cuarto y quinto grado, cuando los últimos presidentes de Estados Unidos, en promedio, se han expresado a un nivel de segundo año de la secundaria.
Trump realiza una media de 21 posteos en redes por día. En casi una de cada tres noches de su segundo mandato publicó mensajes entre la medianoche y las 5 de la mañana y ha tenido 240 raptos de diez o más publicaciones por hora.
Luego están sus frases. Dijo en una obra en construcción: “Solo un hispano podría sobrevivir a esa caída”. Como no le dieron el Premio Nobel de la Paz, se enojó: “Francamente, Noruega es un asco. Noruega se ha convertido en un país de mierda”. Cuando un periodista le preguntó si cancelaba un viaje por cansancio, le contestó: "¡Sos un asco! Ponete en forma. Tenés un aspecto horrible".
También parece tener una obsesión con las colas. Tres veces en tres actos elogió las nalgas de su candidato por Ohio, John Husted: “Empecé a mirarle el culo y vi que era infernal”. Sin filtro, en otro acto en Michigan lanzó: “Recién vi un culo infernal: el de Nicki Minaj”. Lo hizo delante de la cantante, por cierto.
Ajeno a las metáforas, pidió el voto en un mitin con una expresión tan violenta como grosera: “Vamos a ganar, y vamos a ganar por goleada. Y se lo vamos a meter por el culo, ¿de acuerdo?”.
Trump bautiza con apodos despectivos a sus rivales -"Talafreako" (Talararo) para el diputado James Talarico y "Annie Trannie" (Annie Trava) para la candidata a senadora Annie Andrews. Al mismo tiempo, con cara de piedra asegura que "yo no ando por ahí burlándome de la gente".
Sabe perfectamente que nadie podría ser tan impune como él: "Podría decir las mayores tonterías y me aplaudirían. ¡Oh, los quiero tanto!", admitió sin ruborizarse en un acto en Tennessee.
No vale la pena listar los miles de insultos, groserías o apodos injuriantes puestos por Milei. Sus ataques de ira o sus horas dedicadas a postear en X. Su manera de ver el mundo en blanco o negro.
En la nota, el Times desliza varias veces que los desvaríos de Trump, su incontinencia verbal y sus incorrecciones podrían vincularse con la edad del presidente, 80 años, y a cierto deterioro cognitivo, lo cual ha sido desmentido por el magnate en persona y por el médico jefe de la Casa Blanca.
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