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infobae.com · hace 6 horas · Victoria Morales Gorleri

La visita de León XIV y el desafío de volver a encontrarnos

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La llegada del papa León XIV a la Argentina es un acontecimiento de gran importancia pastoral que trasciende la coyuntura política y social. Su visita nos acerca a un mensaje universal, profundamente humanista y cristiano, que pone en el centro la dignidad de cada persona. En un mundo atravesado por divisiones y conflictos, la presencia del Pontífice nos invita a redescubrir el valor sagrado de cada vida, recordándonos que el servicio al bien común es la vocación más alta a la que puede aspirar una comunidad.

La enseñanza que Francisco legó al mundo sobre la urgencia de acudir a las «periferias existenciales» nos recordó la importancia de estar cerca de quienes más necesitan acompañamiento. Haber trabajado junto a Jorge Bergoglio me permitió conocer de cerca su preocupación por los más vulnerables. Su mensaje no se limitaba a las palabras: también nos invitaba a escuchar, estar presentes y comprometernos con los problemas de los demás. Esas periferias siguen estando en nuestras comunidades, en las familias que atraviesan dificultades y en los niños y jóvenes que crecen sin las oportunidades que necesitan.

Hoy, el magisterio de León XIV abraza esa misma bandera y la proyecta desde la vigencia de la Doctrina Social de la Iglesia, recordándonos que la economía, las instituciones y el desarrollo deben estar al servicio de las personas.

En un tiempo marcado por la aceleración, el individualismo y las dificultades que atraviesan tantas familias, el mensaje de León XIV nos recuerda que la dignidad no es un concepto negociable. La pobreza, la desigualdad y la incertidumbre sobre el futuro nos exigen volver a poner a las personas en el centro de nuestras decisiones. Esa convicción, tan presente en las enseñanzas de Francisco, debe traducirse en acciones concretas.

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Nuestra sociedad también atraviesa profundas divisiones. La visita del Santo Padre nos ofrece una oportunidad para recuperar el diálogo y reconocer aquello que nos une. El verdadero reencuentro no implica la cancelación del disenso ni la búsqueda de una uniformidad artificial. Significa escucharnos, respetar nuestras diferencias y encontrar puntos de acuerdo para afrontar los problemas que compartimos.

En ese horizonte, la prioridad ética y social más urgente reside en el acompañamiento a nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Son ellos quienes enfrentan muchas de las consecuencias de la pobreza, la desigualdad y la incertidumbre. Detrás de las estadísticas de la pobreza o del abandono hay historias concretas que demandan presencia, contención y afecto. No podemos naturalizar que tantos chicos crezcan en medio de privaciones o que los jóvenes encuentren cada vez más dificultades para imaginar su futuro. Fortalecer la escuela, el club de barrio, la familia y las redes comunitarias es fundamental para que ninguno quede desamparado.

La visita de León XIV no debe ser un acontecimiento pasajero ni una postal para el aplauso de ocasión. Es una oportunidad para renovar nuestro compromiso con los demás y recuperar la capacidad de encontrarnos, incluso en nuestras diferencias. El legado de Francisco y el mensaje de León XIV nos recuerdan que construir una sociedad más justa exige reconocer la dignidad de cada persona y asumir la responsabilidad de cuidar a quienes más lo necesitan.

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