León XIV en la Argentina: buscar, comprender y contar la verdad para servir a los demás
La esperada llegada de León XIV a la Argentina cobra ahora un significado particular. El Pontífice tiene programada una visita a Buenos Aires, Córdoba y Luján del 8 al 11 de noviembre de 2026, como parte de una gira sudamericana anunciada por la Santa Sede. Su reciente operación abrió interrogantes sobre la realización del viaje y recordó que también el Papa es vulnerable.
El 13 de octubre fue operado de un cáncer de pulmón en el Policlínico Gemelli de Roma. La intervención resultó exitosa y el 17 recibió el alta hospitalaria. Días después, los estudios definitivos confirmaron que el tumor estaba localizado y que no serían necesarios tratamientos adicionales.
Sin embargo, la suspensión por indicación médica de su visita a Asís, prevista para el 27 de octubre, recordó que la recuperación exige prudencia. Aunque su cirujano expresó que no existen impedimentos clínicos para el viaje sudamericano, la Argentina permanece atenta a las decisiones de la Santa Sede.
En Argentina, ya no esperamos solamente al sucesor de Francisco y líder espiritual de millones de personas. Esperamos a un hombre que acaba de atravesar un diagnóstico de cáncer, una cirugía y una sorprendentemente rápida recuperación.
Su experiencia tiene una resonancia especial entre quienes conviven con enfermedades oncológicas, acompañan a un familiar o trabajan diariamente al cuidado de otros. Habla de fragilidad, ciencia, solidaridad y fe; de personas, afectos y profesionales en acción concreta.
Para el periodismo, esa humanidad plantea una primera exigencia: informar sobre la salud del Papa sin convertirla en espectáculo. Una cancelación no anuncia necesariamente una crisis; una mejoría tampoco significa una recuperación completa. La esperanza no necesita ocultar los hechos: necesita apoyarse en ellos.
No siempre hace falta mentir para desinformar, a veces alcanza con contar solo una parte de la verdad. Seleccionamos los hechos que confirman nuestras ideas, omitimos aquellos que las contradicen y construimos relatos que pueden ser ciertos en sus detalles, pero engañosos en su conjunto. Esa es, quizás, una de las tentaciones más peligrosas de nuestro oficio.
La propia recuperación del Papa permite comprenderlo: podríamos haber enfatizado una eventual cancelación sin mencionar los informes alentadores, o hablar solamente de su mejoría sin explicar las precauciones médicas. Ambos relatos serían incompletos.
Como finalmente se confirmó su venida al país, ese riesgo se traslada a sus discursos. Algunos buscarán frases que confirmen su posición y medirán su efecto sobre el Gobierno o la oposición. Nuestra responsabilidad será resistir ese recorte y permitir que el mensaje se escuche entero.
Existe una tentación que también alcanza a quienes tenemos convicciones profundas: pretender que la realidad confirme siempre aquello que pensamos y, cuando eso no ocurre, buscar una frase, un gesto o una interpretación que nos permita sostener nuestras certezas.
Con el Papa puede suceder lo mismo. Construimos primero una etiqueta y seleccionamos después aquello que la sostiene. Así, una visita pastoral termina convertida en una disputa por apropiarse de su figura.
La misión pastoral de León XIV no consiste en respaldar el relato de un partido ni en desempeñar un papel en nuestras rivalidades. Su palabra está dirigida a una sociedad plural, formada por creyentes de distintas confesiones y por personas sin pertenencia religiosa. El arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, habló de la necesidad de recibir “una palabra profunda, llena de sentido”.
Su experiencia de vulnerabilidad quizás nos ayude a reconocer lo que compartimos. No sabemos qué dirá. Justamente por eso debemos escucharlo antes de interpretarlo.
Comunicar tiene una dimensión apasionante, pero también exige asumir responsabilidades que no siempre resultan cómodas. La parte difícil comienza cuando los hechos contradicen nuestras convicciones, cuando la realidad no encaja en el enfoque previsto o cuando una cobertura honesta puede incomodar a nuestra audiencia y a nosotros mismos.
Entonces es tentador refugiarnos en consignas, seleccionar solamente los testimonios que nos dan la razón o presentar como verdades definitivas aquello que todavía exige preguntas.
Pero nuestra tarea consiste en ofrecer elementos para comprender, incluso cuando las respuestas no coinciden con nuestras expectativas. La fidelidad a la verdad también exige aceptar que no todos celebrarán lo que contemos. Y ese costo forma parte del oficio.
Francisco pidió reiteradamente una comunicación capaz de construir puentes. Su sucesor nos ofrece una oportunidad para traducir ese llamado en decisiones profesionales concretas. Cada título, imagen y pregunta puede acercar o profundizar distancias.
Ser puente no implica ocultar conflictos, abandonar preguntas incómodas ni renunciar a investigar. Un puente conecta orillas diferentes sin borrar las diferencias. En periodismo significa verificar antes de publicar, distinguir información de opinión, reconocer errores y no deshumanizar a quien piensa distinto.
Frente a la enfermedad, también significa recuperar la sensibilidad. Un diagnóstico no es un recurso para conseguir clics. La recuperación de León nos recuerda a tantas personas que atraviesan situaciones semejantes.
También nosotros, periodistas y comunicadores, necesitamos reencontrarnos con aquel impulso que alguna vez nos llevó a elegir este oficio: buscar, comprender y contar la verdad para servir a los demás.
En tiempos de información inmediata, algoritmos que refuerzan nuestras preferencias y discusiones que parecen no admitir matices, quizás sea necesario detenernos a revisar cómo estamos ejerciendo nuestra responsabilidad.
Ante la llegada de León XIV, podríamos hacer nuestra propia oración laica: ayudanos a verificar primero y publicar después; a no construir historias engañosas sobre medias frases ciertas; a no convertir el sufrimiento ajeno en espectáculo; a no recortar la realidad hasta que coincida con nuestras ideas; a no poner al Papa detrás de nosotros, como si debiera seguir el camino que ya elegimos.
La visita de León XIV será una oportunidad única para la comunicación argentina. Su enfermedad nos deja ya una enseñanza: la fragilidad nos iguala y el cuidado nos acerca. Ojalá podamos recibirlo plenamente recuperado y, cuando llegue el momento, sepamos escuchar antes de decidir qué hacer con sus palabras.
Porque la pregunta no será solamente qué dirá el Papa, sino qué haremos nosotros con lo que diga.