Elecciones de medio término en EEUU: costo de vida, inmigración y cambio de paradigma
El próximo martes habrá elecciones de medio término en Estados Unidos y un par de temas excluyentes han marcado los meses previos a los comicios. En primer lugar, el costo de vida. En segundo, la inmigración. Hay indicios de que los resultados serían la manifestación de un cambio de paradigma al que los mismos tal vez contribuirían a acelerar el costo de vida y la inmigración.
A mediados de 2005 comencé a enseñar en Northwestern University, en las afueras de Chicago. Pagaba 1 dólar por la limpieza de cada camisa en la tintorería del barrio. Hoy el mismo servicio cuesta 4,65. Esto es un incremento del 465% en 21 años, seis veces más que el cálculo de 72% de inflación del Bureau of Labor Statistics para este período.
Seguramente los cálculos de los economistas son correctos. Pero a veces esos números abstractos no reflejan la realidad de la economía cotidiana. Y es la plata que sale del bolsillo para pagar los gastos corrientes la que suele tener un rol decisivo a la hora de votar, más que aquello que los ciudadanos escuchan de los candidatos o leen en los medios.
El aumento en el costo de vida viene sucediendo desde hace muchos años, pero se ha incrementado de manera notable recientemente. A mi compañera y a mí nos gustan mucho los pistachos. Hace un par de años una bolsa de casi 700 gramos costaba 15.99 dólares en Costo, un supermercado mayorista que tiene muy buenos precios. Esta semana pagamos 21.99 por el mismo producto. Un incremento del 37.5%, muy por encima del 7% de inflación acumulada durante este período según aquel organismo estatal.
Antes de enseñar en Northwestern University, daba clases en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), cerca de Boston. El presidente del MIT de aquel entonces, Charles “Chuck” Vest, tenía la costumbre de reunirse con el plantel docente de cada escuela una vez al año. Comencé a trabajar allí en 2001. Durante la reunión de 2002 uno de mis colegas le preguntó sobre temas de políticas inmigratorias del gobierno luego de los acontecimientos del 11 de septiembre, y si las mismas afectaban al MIT.
Chuck contestó que no se podía hacer ciencia de primer nivel sin el aporte de extranjeros (alrededor de un 30% del personal de MIT, aclaró) y que las restricciones que había impuesto la administración de Bush atentaban contra la competitividad del sistema científico norteamericano—y por ende su poderío económico y geopolítico. Agregó que por eso él y su colega David Baltimore, presidente del California Institute of Technology durante esos años, estaban viajando a menudo a Washington DC para convencer a la administración de modificar las restricciones que había impuesto. No solo tuvieron éxito, sino que el presidente Bush luego le ofreció a Chuck el puesto de director de la Oficina de Políticas de Ciencia y Tecnología del país, oferta que declinó por temas personales.
La cantidad de visas F1 para estudiantes universitarios otorgadas por el gobierno norteamericano tuvo una reducción de aproximadamente el 50% comparando los meses de verano—el período de mayor actividad en esta área—de 2024 y 2025, según un artículo del New York Times. Esta merma sugiere que muchos estudiantes extranjeros posiblemente se sientan en la actualidad no tan bienvenidos como antes. Menos estudiantes extranjeros hoy llevaría a menos científicos extranjeros en unos años, lo cual redundaría en menos innovación, competitividad económica e influencia geopolítica en unas décadas.
Las redadas en busca de inmigrantes en situación ilegal que lleva a cabo regularmente la agencia de Immigration and Customs Enforcement (ICE) son otro indicador de esta tendencia. Buena parte de la ciudadanía ha reaccionado negativamente tanto a los modos mediante los cuales las mismas son llevadas a cabo como a la extensión de los criterios que se aplican para identificar a quienes deportar. A esta altura muchos votantes conocen de manera directa personas detenidas por ICE, o han escuchado historias al respecto de sus familiares y amigos. Esto es algo que suelen vivir como una experiencia traumática. Esta tendencia es particularmente pronunciada entre los votantes latinos, quienes fueron un pilar importante de apoyo al presidente Trump en 2024. Según las encuestas muchos de estos votantes parecieran estar reorientando su apoyo a los candidatos del Partido Demócrata en la actualidad.
Dos temas excluyentes y mucho en juego para ambos partidos. El presidente Trump fue elegido con el mandato de encauzar la economía y ordenar la situación inmigratoria, dos temas sobre los cuales una porción importante del electorado juzgó como deficiente la gestión del presidente Biden. Al cabo de los dos primeros años de su segunda administración, la sensación que se respira en la calle es que un amplio sector de la población está descontento con el desempeño de Trump en estos temas. La ciudadanía está menos ideologizada que los políticos: quiere soluciones eficaces para sus problemas cotidianos.
Según las encuestas, es muy probable que el Partido Republicano pierda la mayoría en la cámara baja y también hay una probabilidad más baja pero no menor que pase lo mismo en la cámara alta. Si bien el partido en el poder suele retroceder en las elecciones de medio término, las encuestas indican que este retroceso sería mayor que en el promedio de este tipo de comicios. Estas tendencias se relacionan no solo con la percepción del desempeño del presidente sino con una dinámica general de cambio de paradigma en los republicanos y los demócratas.
Por un lado, el presidente Trump y su movimiento MAGA pasaron de ser relativamente periféricos dentro del Partido Republicano antes de 2016 a convertirse en su centro de gravedad en menos de una década. De hecho, la influencia del presidente se ha hecho sentir fuertemente en la elección de muchos candidatos republicanos en estos comicios. Por el otro, el Partido Demócrata pasó del eje de la batalla cultural en las elecciones de 2024 a una dualidad entre las alternativas socialistas y de centro en los comicios de 2026. Abdul El-Sayed y James Talarico, los candidatos a senador en Michigan y Texas, respectivamente, representan esta dualidad entre socialismo y centrismo.
El caso de Texas es particularmente instructivo respecto de los cambios de paradigma en ambos partidos. El candidato republicano, Ken Paxton, quien cuenta con el aval del presidente Trump, le ganó la interna a su rival, el veterano senador John Cornyn. El candidato demócrata, Talarico, prevaleció sobre la congresista Jasmine Crockett, quien fue co-directora del comité de campaña de Kamala Harris en la elección presidencial de 2024, oradora destacada en la convención del partido ese año y recibió el apoyo de Harris en la interna hace unos meses.
Los demócratas no conquistan una banca en el senado en Texas desde 1988. Si Talarico superase a Paxton, sería un triunfo de altísimo impacto no solo en el estado sino a nivel nacional y le daría fuerte envión a la alternativa de centro de cara a las elecciones de 2028.
Los comicios de medio término serán, por un lado, el emergente del cambio de paradigma, y por el otro es de esperar que los resultados intensifiquen el cambio. Esto, a su vez, incidiría en las elecciones presidenciales de 2028. ¿Habrá un candidato MAGA o una alternativa de otras características dentro del Partido Republicano? ¿Cuál será el rol del presidente Trump, quien difícilmente se comporte como un pato rengo, en el proceso? ¿Prevalecerá una opción de centro o socialista dentro del Partido Demócrata?
El martes la ciudadanía expresará su voluntad en las urnas, con la cabeza pensando en el bolsillo y la mirada puesta en la frontera. Y al día siguiente comenzará en la primera potencia de Occidente el largo camino hacia el recambio presidencial.