← Volver
infobae.com · hace 5 horas · Damián Di Pace

La logística es casi un tercio del costo lácteo

Infobae

Cuando se calcula el costo de producir un yogur, un queso o un litro de leche, la materia prima aparece en primer lugar. Pero una vez que el producto sale de la planta empieza otro proceso: hay que almacenarlo, mantener las condiciones de temperatura que corresponden y distribuirlo hasta supermercados, almacenes y otros puntos de venta.

Ese recorrido tiene un peso considerable y un problema de fondo: una red logística pensada para un mercado más grande que se mantuvo igual mientras el consumo caía y las toneladas transportadas se reducían un 35% en 15 años.

Según estimaciones sectoriales, la logística representa alrededor del 29% de los costos de una compañía láctea —el segundo componente en su estructura, detrás de la leche— y duplica el de algunos referentes de la región.

Di Pace 111

Mover lácteos tiene algunas particularidades. Muchos son productos perecederos y requieren condiciones específicas de temperatura durante el almacenamiento y el transporte. El Código Alimentario Argentino establece, por ejemplo, un máximo de 8 °C para la leche pasteurizada y de 10 °C para las leches fermentadas, entre ellas el yogur. La leche UHT, en cambio, no necesita refrigeración antes de abrirse.

El frío implica más que el equipo instalado en un camión. Requiere vehículos y cámaras especializadas, mantenimiento, energía, controles sanitarios y una operación condicionada por tiempos de carga y descarga y por la compatibilidad entre distintos productos. En mercadería de vida útil corta, el costo también aumenta cuando hay poca densidad de entregas, recorridos urbanos extensos o retornos con baja ocupación.

A eso se suma la geografía. Más del 90% de la carga doméstica argentina se transporta por camión, mientras que el ferrocarril y las vías fluviales tienen una participación mucho menor.

Para una industria con redes extensas de distribución, el transporte por ruta ocupa así un lugar central.

Di Pace 111

El problema no es solamente cuánto cuesta cada recorrido. También importa cuánto producto viaja arriba del camión.

En la última década, el consumo argentino de lácteos cayó cerca del 15% medido en litros equivalentes, según datos sectoriales del OCLA (Observatorio de la Cadena Láctea Argentina). La baja estuvo acompañada por cambios en los productos elegidos, los canales de compra y la frecuencia de consumo.

La reducción fue aún mayor en el volumen transportado. Durante los últimos quince años, las toneladas movilizadas por la industria láctea cayeron alrededor del 35%, mientras que la capacidad logística no disminuyó en la misma proporción. El resultado es que, en algunos recorridos, los camiones circulan con capacidad ociosa.

Ahí aparece una cuenta sencilla: muchos de los costos del viaje se mantienen aunque haya menos mercadería: pago del personal, combustibles, mantenimiento y, cuando corresponde, refrigeración. Si esos gastos se reparten entre menos productos, el costo logístico por unidad transportada aumenta. Menos productos arriba del camión, pero los mismos kilómetros por recorrer.

Di Pace 111

El nivel de ocupación es una parte del problema. Hay otros componentes que también explican el peso de la logística.

Mantener las condiciones de temperatura requiere vehículos, cámaras, energía, mantenimiento y controles específicos. También reduce la flexibilidad para combinar mercadería y organizar las cargas.

El combustible es el insumo de mayor peso en la estructura económica del autotransporte. En los recorridos de media y larga distancia representa entre el 33% y el 38% del costo total.

A los gastos habituales del vehículo se suman el mantenimiento de los equipos de refrigeración y las instalaciones utilizadas para conservar los productos.

Todos estos costos se reparten entre la cantidad de productos que lleva cada camión. Cuántos menos productos, más le toca a cada uno. El modelo de gestión y la dotación de los fleteros independientes quedaron desactualizados y son ineficientes.

Di Pace 111

Además, todo el sistema está penalizado por la gran cantidad de impuestos nacionales, provinciales y municipales que en alimentos el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) calculó entre el 42% y el 43% de lo que paga el consumidor.

Las estimaciones sectoriales muestran que la logística láctea tiene un peso alrededor de un 50% superior al de redes comparables dentro del país y aproximadamente duplica el de algunos referentes de la región.

El problema no es exclusivo de los lácteos. América Latina opera, en general, con costos logísticos superiores a los de las economías desarrolladas. Las referencias relevadas los ubican entre el 14% y el 18% de las ventas de las compañías de la región, mientras que en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) suelen representar entre el 8% y el 10 por ciento.

Argentina presenta, además, costos superiores a varios de sus vecinos. Una de las estimaciones incluidas en el relevamiento los ubica un 24% por encima de Brasil y un 70% por encima de Bolivia. Otro estudio calcula que la brecha con Brasil ronda el 32 por ciento.

Las metodologías no son iguales, por lo que los números no deben leerse como una única medición, pero muestran una misma dificultad: distribuir mercadería en Argentina resulta comparativamente más costoso.

Hay una pieza más para entender por qué cada empresa carga sola con el peso de su logística: el tamaño del mercado lácteo argentino y cómo se reparte. En los principales países lecheros, unas pocas compañías concentran la mayor parte del procesamiento del producto.

Camión de leche vacuna

Las cinco más importantes suelen superar el 80% del total. En la Argentina, en cambio, las cinco primeras reúnen apenas el 36%, según informes del OCLA. La diferencia se ve también en la empresa líder: en otros países lecheros la número uno procesa entre el 25% y el 90% de la leche, mientras que aquí no llega al 12 por ciento.

El mercado argentino está atomizado y en abierta competencia. Eso es bueno para la variedad y para quienes compran, pero tiene un costo: ninguna compañía tiene el volumen para repartir su estructura logística entre muchos más productos, y todas sostienen redes de distribución parecidas, cada una por su cuenta, con camiones que muchas veces recorren las mismas rutas. Para competir en un mercado que compra menos, cada una necesita ser más eficiente.

Llevar leche, quesos y yogures de la industria a la góndola cuesta hoy 29 de cada 100 pesos de lo que gasta una empresa láctea. Ese número resume un problema de fondo: una red pensada para un mercado más grande, que se mantuvo igual mientras el consumo se achicaba y las toneladas transportadas caían. Menos productos arriba del camión, el mismo viaje por hacer.

El sector entiende que hay que adecuar y optimizar el modelo logístico para seguir produciendo, asegurar el abastecimiento y atraer inversiones. Y lo que está en juego es mucho.

La lechería es una de las actividades agroindustriales con mayor potencial de empleo, de valor agregado y de exportación, y la Argentina puede ser un proveedor de proteínas para el mundo. Para aprovecharlo, el sector necesita ser competitivo y atraer inversiones que le den agilidad e innovación, y que hagan crecer el valor de una categoría esencial para los consumidores.

Movimientos populares e Iglesia en koinonía