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clarin.com · hace 5 horas · Clarin.com - Home

El país como laboratorio, y los fantasmas

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Mientras el FMI presiona al Gobierno para reactivar ya la economía, la carta de hoy: "Milei, proteja al empleo nacional y defienda a las pymes", del lector Mauro González, expresa la angustia de un sector que siente que ha dejado de ser protagonista, para convertirse en una variable de un experimento más: las pymes. Más allá de las simpatías o rechazos que despierte el Gobierno, el texto plantea una pregunta que ya es denominador común en cualquier reunión social: ¿hasta qué punto una sociedad puede ser sometida a una teoría sin considerar el costo humano?

La historia política de la Argentina está llena de proyectos económicos que prometieron resolver problemas estructurales mediante incalculables fórmulas. Pareciera que lo mascullan en un gran laboratorio donde se mezclan las más insólitas fórmulas de conspiración. Pero las pymes ocupan un lugar singular. No son sólo unidades productivas. Son espacios donde se entrelazan esfuerzo, riesgo, identidad y pertenencia. Cuando una pyme cierra, no desaparece sólo una empresa: se rompe una red de vínculos sociales construida durante toda una vida.

La frase final de la carta resume esa inquietud con fuerza: “La Argentina no puede seguir siendo el experimento ideológico de nadie”. Allí reside el corazón de ese planteo eterno que nos quita el sueño. Y con el insomnio aparecen los fantasmas: el dueño de una pyme que no sabe si podrá pagar los próximos salarios, el trabajador que teme perder su empleo, la familia que posterga planes, y el joven que vuelve a preguntarse una y otra vez si tendrá un futuro que no sea Ezeiza.

Porque cuando un país se transforma en laboratorio, los “científicos de la economía” se olvidan que los ciudadanos no son números de un ensayo, sino los legítimos destinatarios de un proyecto de país digno.

César Dossi

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