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perfil.com · hace 5 horas

Las dos saludes mentales

El índice de suicidios en el país es de 11,8 habitantes por cada mil, el más alto hasta hoy.

Las dos saludes mentales

En un muy esclarecedor artículo publicado en la edición argentina de Le Monde Diplomatique de este mes el psiquiatra y doctor en Medicina Santiago A. Levin, presidente de la Asociación de Psiquiatras de América Latina (APAL), hace una pertinente distinción entre salud mental con minúscula y Salud Mental con mayúscula. El primer caso alude a la condición psíquica de una persona en particular. El segundo al conjunto de políticas públicas referidas al tema, por lo cual, según propone Levin, debería llamarse Salud Mental Pública.

Considerada como una cuestión que atañe a la sociedad en su conjunto, la salud mental es un indicador del momento de esa sociedad en varios aspectos. El estado de ánimo colectivo, los tipos de relación que prevalecen entre sus miembros, sus rituales, su producción cultural, sus formas de comunicación, su lenguaje, el modo de abordar la muerte, las maneras en que se resuelven los conflictos, cómo se cumplen o incumplen las vocaciones, las miradas sobre el futuro, los tipos de entretenimiento, el vínculo con la tecnología y casi todas las cuestiones, aun las menos percibidas, de la vida cotidiana en la comunidad. Algo así como dime en qué sociedad vives y te diré cuál es tu salud mental.

Al respecto, según datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, uno de cada tres adultos en la Argentina manifiesta síntomas de ansiedad o depresión. Esto aparece un poco más en mujeres que en hombres y en los sectores más afectados por la desigualdad económica y social. Las internaciones por motivos de salud mental aumentaron en un 42%, según se supo el 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, a pesar de que el 55% de las personas afectadas por estas dolencias no recibe atención. Entre los factores principales que impulsan el fenómeno se destacan la crisis socioeconómica, la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre laboral, además del aislamiento, incomunicación y distorsión de la realidad producido por el uso disfuncional de las redes sociales y las tecnologías de conexión (mal llamadas de comunicación e información).

Estudios de este año del Observatorio de Política Criminal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires revelan que el índice de suicidios en el país es de 11,8 habitantes por cada mil, el más alto registrado hasta hoy y es la principal causa de muerte en personas de 15 a 34 años, tramo de edad en el que se tejen y construyen futuros, se cimentan esperanzas, se expresan vocaciones, se diseña un porvenir. Toda salud mental es política, afirma Santiago A. Levin, y este último dato es el que lo revela de manera más dramática. Cuando un 64% de argentinos asevera que no llega a fin de mes, no dice que no come ni bebe durante diez días como puede creer alguien corto de entendederas y aferrado a una literalidad ajena a la capacidad de simbolizar. Habla de cómo vive y de cuáles son las condiciones precarias en que hace equilibrios su salud mental. Y cuando recibe a cambio la burla y el desprecio de quien, como responsable de esa situación, debería ejercer una escucha empática, entra en juego un crudo y urgente interrogante sobre la salud mental, sobre el rasgo sádico, sobre la incapacidad manifiesta de expresar empatía, sobre el goce perverso ante el sufrimiento del otro, sobre la negación obsesiva de la realidad y sobre las expresiones paranoicas de ese responsable. En ese punto se produce un sombrío cruce entre la salud mental de un individuo en particular y la Salud Mental de la sociedad ante la cual ese individuo, considerando su investidura, debe responder.

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