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perfil.com · hace 6 horas

El presidente legítimo de Brasil

Lula se impuso por más de cuatro millones de votos, una diferencia mayor que la de otros comicios de la región en los que nadie pidió la nulidad. Desconocer al ganador porque no es afín ideológicamente no es democrático. Quienes agitan el miedo olvidan que el líder del PT ya gobernó tres veces, consolidó las reformas liberales de Cardoso y evolucionó como Felipe González en España.

El presidente legítimo de Brasil

Las elecciones de Brasil dejaron claro que Bolsonaro y sus aliados internacionales no respetan, en realidad, las normas democráticas. La competencia entre Lula y Bolsonaro fue ajustada, pero de ninguna manera tan estrecha como la que separó a Keiko Fujimori de su adversario Sánchez en Perú, ni la de Abelardo de la Espriella frente a Cepeda en Colombia, que ganaron con menos del 1%.

La elección de Brasil tuvo una diferencia importante, semejante a la registrada en Bolivia, Ecuador y Chile, países en los que a nadie se le ocurrió demandar ilegalmente la nulidad de las elecciones y proclamarse “presidente legítimo”.

Parecería que una base fundamental del sistema democrático es reconocer que quien gana las elecciones gobierna legítimamente su país y que quien pierde está obligado a reconocerlo. Hay, sin embargo, la tendencia a proclamar las victorias de los candidatos que se suponen afines ideológicamente y a desconocer las de quienes se suponen distintos. Esto no es democrático. Quien obtiene más votos en las elecciones es el presidente y en eso no debe haber discusiones. Lula logró en las elecciones una diferencia mayor que la de otras ocasiones. Dada la dimensión del país, además, eso significó una diferencia de más de 4 millones de votos.

La carrera política de Lula se inició cuando era un dirigente obrero radical. En la primera campaña asustó a buena parte de su país por las medidas que podría tomar.

El miedo que los opositores de Lula difunden acerca de lo que vendría con el nuevo gobierno no toma en cuenta que en realidad no viene nada demasiado nuevo. Lula ya ha sido presidente en tres ocasiones. Va a continuar la línea que ha seguido en los últimos años. En su primer período consolidó las reformas económicas liberales que había establecido Fernando Henrique Cardoso. Supo interpretar la crisis política de fines del siglo XX. Brasil tiene una economía estable y proporciona las garantías necesarias a las empresas para que trabajen en ese país. No hay que olvidar que, de acuerdo con el último informe de la CEPAL, el Brasil de Lula es el país de América del Sur que más inversión privada externa atrajo, y la Argentina liberal de Milei, el que menos lo hizo en todo el continente.

La carrera política de Lula se inició cuando él era un dirigente obrero radical. En la primera campaña, asustó a buena parte del país por las medidas que podía tomar cuando llegara a Brasilia. La consigna “Lula lá” (Lula allá) sonaba bien en el nordeste brasilero, pero inquietaba al sur de Brasil, donde se encuentra la mayor parte de las industrias del país. Pero Lula maduró de manera semejante a la evolución de Felipe González en España, que inicialmente cantaba la Internacional y rechazaba el ingreso de su país a la OTAN. Su idea de la España de izquierda, separada de Europa, chocó con la realidad tiempo después. Para legitimar su nueva posición, González convocó a un plebiscito para que el pueblo decidiera el rumbo de la política internacional española. Los españoles se pronunciaron mayoritariamente por ser europeos y fue Felipe González el líder que logró que la España falangista atrasada se convirtiera en un país completamente moderno, integrado a la alianza atlántica.

La primera vez que Lula fue candidato, en 1989, estaban derrumbándose los países que adoptaron el modelo comunista, que propiciaba en lo económico la economía centralizada y en lo político la dictadura del proletariado. En América Latina había bastante gente que creía que Cuba era el modelo y que debíamos ir a ese mismo esquema, auspiciado por la Unión Soviética y China. En 1991, la Unión Soviética voló en pedazos y a partir de su disolución se formaron varios países. Con un giro total a la derecha, los países de la llamada Europa Oriental adoptaron economías capitalistas y diversas formas de democracia, como lo hicieron también algunos países que fueron el símbolo del auge revolucionario, como Vietnam.

La transformación de China es el evento de crecimiento económico más descomunal de la historia de la humanidad. Con el maoísmo se produjo una hecatombe económica. No solo murieron 60 millones de personas, sino que alrededor de 300 millones de chinos terminaron por debajo de la línea de pobreza extrema. Las reformas económicas de Deng Xiaoping cambiaron radicalmente la situación: China adoptó un capitalismo pujante que le permite competir, ahora, por el primer lugar en el mundo como potencia económica.

El Lula radical que quiso ser presidente de Brasil y fracasó tres veces en el intento evolucionó. Él mismo explicó, en una entrevista con la revista Veja, que se formó como dirigente sindical, acostumbrado a negociar. Los líderes obreros responsables quieren sacar todas las ventajas posibles para sus afiliados, pero nunca quieren destruir las empresas. Lula mantuvo esa actitud en la política.

En esta ocasión, Lula preside una amplia coalición que puede llegar a un consenso con los principales grupos políticos y económicos de Brasil. Es el diálogo y no el enfrentamiento irracional lo que puede ayudar a la región a enfrentar esta coyuntura. En todo caso, eso es lo que ha resuelto el pueblo de Brasil, y hay que respetarlo.

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