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perfil.com · hace 6 horas

Aplaudidores

Aplaudidores

Los gobernantes pasan a la historia por lo que hicieron o dejaron de hacer. Los aplaudidores, por lo que callaron o ayudaron a justificar.

Es un rol histórico ingrato, sobre todo para aquellos que, además de la triste tarea de adular al gobernante de turno, desarrollan acciones importantes en sus actividades. Muchos son empresarios que generan miles de puestos de trabajo, gobernadores que son administradores razonables, políticos y periodistas que pretenden ejercer profesiones que servirían para mejorar las cosas. Son personas socialmente representativas y que ejercen influencia y poder. Un poder incluso más permanente que la transitoriedad natural de los períodos presidenciales.

Sin embargo, el fenómeno se repite con cada gobierno. Los inquilinos de turno de la Casa Rosada logran rodearse de una troupe de aduladores que los acompañan acto tras acto y son capaces aplaudir aun cuando los estén insultando o les informen medidas que los afectarán directamente.

Aplauden por miedo y conveniencia. Por miedo a las represalias del poder de turno…

La hoguera y los silencios. Javier Milei no es el primero (ni será el último) que cuenta con ese apoyo acrítico. Aunque sí es un caso extremo de hasta qué punto una audiencia selecta está dispuesta a sonreír frente a las barbaridades de un presidente.

En el acto de la Fundación Faro, Milei avanzó un riesgoso paso más en su escalada de violencia. Además de sus habituales insultos a empresarios, medios y opositores, ahora instó a quemar en la hoguera a periodistas que investigaron el escándalo $Libra. Los mencionó con nombre y apellido: Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodrigues, Luis Novaresio y Natalia Volosin, la conductora de Ronda de Investigación en +perfil.

En su programa, Volosin se preguntó “como periodista y judía que soy, ¿qué hubieran hecho los empresarios presentes, muchos de ellos judíos como yo, si el presidente hubiera hablado de tirar a la hoguera a los judíos? ¿Hubieran aplaudido igual?”

La historia demuestra que, aun ante los peores genocidios, existieron cómplices de los cuales Hannah Arendt decía: “No hay que preguntarles por qué obedecieron, sino por qué apoyaron”.

La respuesta sectorial que recibió Volosín y el resto del periodismo fue escueta. Un comunicado de IDEA: “Quienes fueron elegidos para gobernar deben actuar con responsabilidad y contribuir a un debate público respetuoso (…) Los agravios a periodistas en el ejercicio de su función contradicen ese deber”. Y, cinco días después de la agresión, otro de AEA en el mismo sentido. En ambos casos, sin mencionar al Presidente ni al ataque que había motivado sendos comunicados.

Sólo periodistas y organizaciones de prensa (Academia Nacional de Periodismo, FOPEA, Adepa), referentes sociales como monseñor García Cuerva y los políticos opositores repudiaron enfáticamente el ataque. La única voz disonante dentro del arco del oficialismo y de sus aliados fue Patricia Bullrich, que consideró que Milei “cruzó un límite”.

Miedo y conveniencia. Conozco a algunos de los que escucharon ese discurso y a otros que no estuvieron allí, pero que comparten un parecido acompañamiento libertario. Son personas que, en privado, pueden apoyar total o parcialmente el modelo y que preferirían que los periodistas volvieran al oficialismo generalizado del comienzo. Pero jamás los escuché esbozar una violencia similar. Al contrario, suelen cuestionar con firmeza las formas antirrepublicanas del jefe de Estado.

Que les moleste y no lo expresen no es un atenuante, pero plantea la duda de por qué cuestionan en privado y aplauden en público.

Frente a presidentes empoderados y agresivos, como Milei o los Kirchner, el miedo a las represalias es un importante motivo que justifica actitudes complacientes. Pueden ser poderosos empresarios o medios de comunicación, pero el temor a los castigos económicos y personales, los vuelve mansos con el poder político.

Eso no quita que al miedo se le sume también la conveniencia de ser oficialista, por lo menos mientras ese oficialismo se vea fuerte. No hay que olvidar que quien maneja el Estado puede generar oportunidades de negocios para los privados, así como ponerles trabas con toda la burocracia estatal.

En Perfil lo sabemos bien, porque tanto Milei como los Kirchner intentaron destruirnos económicamente. Hoy, como ayer, los métodos son los mismos. Esta es la única empresa de medios que no cobró las deudas del pasado y la única que no recibe publicidad oficial de YPF, Banco Nación y Aerolíneas. También es la única empresa que, como en el pasado, inició juicios que seguramente volverá a ganar en el futuro.

El costo de la independencia periodística puede ser altísimo. En estos 50 años de vida que Perfil empezará a cumplir este 3 de noviembre, se sufrió desde la prisión de Jorge Fontevecchia en un centro clandestino durante la dictadura hasta el asesinato de José Luis Cabezas por fotografiar a un empresario como Yabrán, protegido por distintos gobierno. Además de atentados explosivos, persecuciones judiciales y aprietes personales.

… Por conveniencia por los beneficios que ese poder de turno les ofrece a cambio de sus aplausos

Con Milei, y aceptando las consecuencias, Perfil volvió a ejercer su derecho a no aplaudir al poder de turno. Pero para otras empresas (incluso mucho más poderosas) la presión puede resultar irresistible. Igual que los beneficios de dejarse presionar.

Costo. Gladys Cabezas, la hermana de José Luis, no suele intervenir en los debates políticos ni quiere convertir su dolor “en una bandera contra ningún gobierno”. Pero cuando escuchó el llamado presidencial a tirar a la hoguera a los periodistas decidió publicar una carta en Noticias, la revista en la que su hermano trabajaba: “A él lo secuestraron, lo esposaron, lo asesinaron y quemaron su cuerpo dentro de un automóvil por haber hecho su trabajo como fotógrafo. Casi treinta años después, escuchar al presidente de mi país hablar de personas que deberían quemarse en una hoguera, después de señalar públicamente a periodistas, me devuelve inevitablemente a aquella madrugada de enero de 1997 (…) Hay expresiones que, pronunciadas desde el poder, lastiman una memoria que sigue viva. No escribo desde el odio ni desde una posición partidaria. Escribo como una hermana que sigue extrañando a su hermano y que no quiere que ningún otro periodista, ni ninguna otra familia, tenga que vivir lo que nosotros vivimos.”

En medio de una recesión que arrastra al comercio, la construcción y la industria, entre otros rubros, la actitud celebratoria de una parte del establishment con Milei es motivo de controversias dentro de las propias cámaras empresarias.

Según datos oficiales, desde que asumió hubo 32.290 empresarios que debieron cerrar sus empresas (saldo neto entre aperturas y cierres) y más de 500.000 empleados registrados que perdieron su trabajo.

Son unas 32 firmas que bajan sus persianas por día y otras tantas que están al borde hacerlo. Los casos aparecen a diario en los medios, como Bunge, Electrolux Rosario, Dánica Llavallol, Tío Mario, Granja Tres Arroyos, Stellantis (Fiat y Peugeot), La Campagnola, Mirgor y Musimundo por citar las últimas crisis.

Es cierto que los aplaudidores cumplen un rol esencial en cada gobierno (generan sensación de unanimidad, convierten la propaganda en verdad, intimidan a los críticos, aíslan a los disidentes), pero el costo que pagan por eso tampoco es menor.

Cuando el poder político pasa y las sociedades necesitan encontrar sus chivos expiatorios, ellos suelen ser los candidatos ideales para purgar las culpas. Así fue, así volverá a ser.

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