← Volver
clarin.com · hace 21 horas · Clarin.com - Home

Como diría Adam Smith...o sea, digamos

Google

En su ya por demás comentada invectiva contra el periodismo durante su reciente discurso en la Fundación Faro, el presidente Milei volvió a apelar a su habitual galería de citas ilustres para justificar sus estridentes afirmaciones. "Como decía Adam Smith -lanzó desde el atril, al referirse a los periodistas que investigaron su participación en el caso $Libra-: 'Tener piedad con los hijos de puta es ser injusto con los buenos', y acá a los buenos les tiene que ir bien. Los que se tienen que quemar en la hoguera son los hijos de puta".

La contundencia de la frase generó las reacciones que ya conocemos, pero además dejó flotando una pregunta: ¿realmente el padre del liberalismo económico puede haber pensado o dicho algo así, utilizando semejante terminología?

La respuesta corta es que Adam Smith, por supuesto, jamás escribió esas palabras. El filósofo escocés nunca incluyó insultos ni referencias a piras medievales en su obra. Lo que el mandatario argentino ensayó fue una libre, agresiva e informal adaptación de una máxima de La teoría de los sentimientos morales, de 1759, donde Smith sostiene que "la piedad con el culpable es crueldad con el inocente".

Discurso del presidente Milei en la Gala Anual de Fundación Faro 2026. Fotoclarin

Este episodio no es un hecho aislado ni un simple error de memoria; es un ejemplo de manual de la peculiar matriz con la que el Presidente traduce, interpreta e instrumentaliza las ideas de los autores en los que abreva. Un mecanismo de transmutación discursiva que opera, en este caso, con movimientos precisos.

En primer lugar, el Presidente despoja a las teorías de sus matices institucionales para transformarlas en un binomio de antagonismo político. Para Smith, la justicia y la empatía eran mecanismos de cohesión para sostener la paz de una comunidad entera. En la traducción de Milei, ese principio de orden armónico se convierte en una herramienta de segregación identitaria: el texto clásico ya no sirve para pacificar, sino para trazar una línea tajante que separa a "los buenos" de "los hijos de puta" (la oposición o la prensa).

En segundo lugar, se produce un salto que va de la proporcionalidad legal al castigo bíblico. Cuando Smith advertía sobre la impunidad, lo hacía para defender la necesidad de un sistema judicial penal predecible y justo. Jamás propuso el ensañamiento con el transgresor. Milei, en cambio, radicaliza el concepto y lo eleva a una retórica de purga y aniquilación simbólica: la piedad no es un dilema jurídico, es una debilidad que se paga con "la hoguera".

Adam Smith (1723-1790),  economista y filósofo de la Ilustración escocesa, padre del liberalismo económico.

Este mismo patrón es el que el mandatario aplica cuando recurre a la Escuela Austríaca de Economía. Allí donde Murray Rothbard o Ludwig von Mises planteaban debates técnicos o filosóficos sobre la eficiencia de los mercados y los límites monopolísticos de la intervención estatal, Milei traduce la abstracción académica en una guerra cultural. Las fallas de mercado pasan a "no existir", los empresarios monopolistas se transforman en "héroes de la historia" y cualquier regulación pública adquiere la categoría de crimen aberrante.

La operación intelectual es siempre la misma: moralizar la disputa técnica y politizar la filosofía moral. Al final del día, la peculiar traducción de Adam Smith demuestra que, en el universo discursivo de Milei, los textos clásicos no operan como fuentes para ilustrar el conocimiento y el debate público sino como canteras de donde extraer la munición gruesa para la batalla ideológica. Aún a costa de hacerles decir a los autores citados aquello que jamás dijeron.

Fabian Bosoer

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín