Sin paros generales y con un acto en una cancha: la nueva estrategia de la CGT que pone en la mira tanto al Gobierno como al PJ
En un rediseño de su estrategia hasta fines de año, la mesa chica de la CGT decidió archivar el quinto paro general contra Javier Milei y analizar la posibilidad de realizar, luego de la visita del Papa y antes de fin de año, una huelga parcial de actividades en todo el país, de sólo dos o cuatro horas y fuera de las horas pico.
“No se le puede joder la vida a la gente”, dijo este martes un líder sindical al proponerles a sus pares de la mesa chica cegetista postergar el nuevo paro general y concretar otra modalidad de protesta que permita visibilizar sus reclamos sin afectar a los trabajadores con la pérdida salarial del día o del presentismo para quienes adhieran a la medida de fuerza.
Pero, además, la conclusión de algunos líderes cegetistas es que “el paro general no cambia nada” porque Milei no rectificará ninguna de sus medidas por una protesta sindical. Es más, creen que el paro general servirá para que ataque a la CGT y lo utilice como una herramienta electoral para apalancar su proyecto de reelección.
En esa postura coincidieron, en la reunión realizada este martes en el Sindicato del Seguro, los 3 cotitulares de la CGT, Jorge Sola (Seguro), Cristian Jerónimo (empleados del vidrio) y Octavio Arguello (Camioneros), más Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (UOCRA), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Héctor Daer (Sanidad), Sergio Sasia (Unión Ferroviaria) y hasta un dirigente de impronta más dura como Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento), titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), entre otros.
Hay quienes creen que esta decisión de diferir un nuevo paro general también tiene que ver con el dispar acatamiento que tuvieron ese tipo de medidas desde diciembre de 2023. Ya la última huelga general, que se hizo el 19 de febrero pasado, no logró una paralización total de las actividades. La CGT habló de un acatamiento del 90%, pero, fuera de los micrófonos, varios sindicalistas admitieron que el paro había sido flojo, pese a que habían adherido los colectiveros nucleados en la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y a que el detonante de la protesta fue la resistida reforma laboral que aprobó a fines de febrero el Congreso de la Nación.
Desde entonces, los popes sindicales postergaron el quinto paro general y lanzaron en julio un nuevo plan de lucha que, según se anticipó, iba a estar basado en las protestas “a la francesa”, con paros sectoriales rotativos y movilizaciones, pero, en realidad, consistió en una serie de concentraciones callejeras, sin paros, a las que la CGT aportó una presencia testimonial.
En la CGT, de todas formas, el sector dialoguista critica en duros términos al Gobierno, pero a la vez reconoce el gesto libertario de haber accedido a su pedido de corregir, mediante el decreto 612, la reglamentación de la Ley 27.802 de Modernización Laboral, que, entre otros puntos, redujo los montos de las cuotas solidarias y otros aportes pactados en los convenios colectivos de trabajo que financian el funcionamiento de los sindicatos.
En la reunión de mesa chica, por otra parte, la CGT tomó otra decisión clave: antes de fines de año realizará un acto en una cancha de fútbol para presionar a la dirigencia del PJ y advertirle que no la deje afuera del diseño electoral y de las listas de candidatos.
Esa misma iniciativa se había proyectado para el 17 de octubre, como celebración del Día de la Lealtad Peronista, pero se desistió de esa idea y se hizo un acto cerrado y reducido en la sede de Azopardo 802, en medio de las diferencias entre quienes querían dar una señal de alerta al peronismo con un acto masivo y los que no querían hacerlo porque adhieren al proyecto de Axel Kicillof y preferían sumar a toda la dirigencia cegetista al acto que encabezó el gobernador bonaerense en La Matanza el día que se conmemora el nacimiento del peronismo.
Pero la exclusión de la CGT de la cumbre del PJ de la semana pasada, como anticipó Infobae, fue uno de los temas dominantes de la mesa chica cegetista, donde se respaldó a Gerardo Martínez (UOCRA), que exteriorizó el malestar sindical al exigir su integración a las reuniones del peronismo, y se resolvió reflotar la idea de un acto en una cancha de fútbol como una demostración de fuerza dirigida a que el peronismo no margine al gremialismo.
“Nos hacen sentir que no somos importantes ni respetados”, se lamentó uno de los jefes cegetistas ante sus pares. En este contexto de inéditos replanteos sobre los paros generales, una marca registrada del sindicalismo argentino desde que le hizo 13 huelgas a Raúl Alfonsín, ¿podrá tener éxito la CGT en su jugada para sacudir a la dirigencia del PJ? Nadie lo cree seriamente, pero el poder sindical se siente obligado a intentarlo.