No me ayudes tanto
Con seguridad, la intención fue buena. Una pizarra, más bien pequeña, en la que figuran los ejercicios a realizar en la clase de "Funcional". El primer bloque, de cuatro secuencias de movimientos en letras negras y subrayado en rojo. Y los otros tres bloques, con bullets. Para que no necesitemos recordarlos, como hacíamos hasta ahora. Basta con mirar lo que aparece anotado y listo. ¿Listo qué?
Para no exagerar y anotar "la tecnología nos estupidiza", lo mejor es citar a los que saben. Tampoco es necesario ser alarmistas. La Real Academia Nacional de Medicina de España organizó hace un par de años unas jornadas con la intención de analizar "cómo la tecnología está cambiando los modelos sanitarios y la investigación científica en el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades".
No es necesario ser alarmistas, pero la entidad tituló así el informe sobre las ponencias de sus especialistas: "El uso excesivo de la inteligencia artificial debilita nuestra memoria y reduce la capacidad para pensar críticamente y resolver problemas de manera independiente".
En México, la investigadora Pilar Durán Hernández, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma (UNAM), considera que el uso inadecuado de la inteligencia artificial puede provocar una disminución de la actividad del cerebro y la pérdida de habilidades como el pensamiento crítico y la curiosidad intelectual.
Lo explicó así en una conferencia titulada “El costo cognitivo de la conveniencia. Cómo la IA impacta nuestro cerebro”: "La atrofia por desuso genera que el cerebro sea hipoactivo, una mente delegada que le da flojera pensar. Incluso, se podría generar una involución de la inteligencia; ese es un riesgo real”.
La científica mexicana puso la lupa sobre una antigüedad, la letra manuscrita: "La evidencia sugiere que la sustitución del lápiz y el papel por el teclado no es un simple cambio de herramienta, sino una modificación profunda en los procesos de aprendizaje y las conexiones cerebrales (el conectoma). El tema nos tiene preocupados, por la atrofia cerebral que pudiéramos estar teniendo ante el mal uso de estas nuevas tecnologías”, expuso.
Y por eso, recomendó al auditorio: “No dejen que la IA les haga la tarea; al final la que aprende es ella, no nosotros”.
No es necesario ser alarmistas. A fin de cuentas, esto no tiene nada que ver con las pruebas PISA, ni con las dificultades para elaborar ideas complejas, ni con los fanatismos, ni con una pizarra que ayuda a dejar de recordar una secuencia simple de movimientos. ¿No?
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