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clarin.com · hace 8 horas · Clarin.com - Home

Cuando la casa es el lugar más peligroso

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La habitual tranquilidad de la cuadra se vio alterada el jueves pasado, cuando un allanamiento en la casa de Pasaje La Cascada al 600, en Esquel, Chubut, terminó con la detención del bioquímico y padre de familia y el rescate de su mujer y de sus tres hijos, de 19, 17 y 13 años, a quienes los vecinos no veían desde hacía años, que no concurrían al colegio y vivían recluidos en la vivienda, sin contacto con el mundo exterior. Aunque todavía todo es preliminar, y en plena etapa de investigación, trascendió que los chicos están “muy afectados psicológicamente" y, por ahora, al resguardo del Servicio de Protección de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes.

La Justicia ordenó la prisión preventiva por 10 días del padre de familia y provisoriamente la investigación se encuadra en las figuras penales de abandono de persona agravado por el vínculo en concurso ideal con privación ilegítima de la libertad.

Semanas atrás, la conmoción llegó de la mano de una revelación brutal: uno de los nietos de Gustavo Yankelevich denunciaba la “violencia física y psicológica” que sufrió junto a su hermano de parte de su padre, hablaba de su casa como de “un infierno”, admitía haber fantaseado con la idea del suicidio, y mencionaba la dificultad que tuvo en su momento para que sus palabras fueran atendidas, hasta que su abuelo lo escuchó y tomó cartas en el asunto. El mismo abuelo que contó que al confrontar a su yerno y plantearle la posibilidad de una breve convivencia con sus nietos, la respuesta que recibió fue: “De ninguna manera, yo soy el dueño y hasta los 18 años van a hacer lo que yo quiera”.

Crimen cometido entre cuatro paredes, en la intimidad de lo que debería ser el lugar más seguro para cualquier criatura, el maltrato o abuso infantil puede definirse como el maltrato físico, sexual, emocional y psicológico, o la negligencia hacia un chico, especialmente de parte de sus padres o de quien lo tiene a su cuidado.

En todas sus formas y manifestaciones, es un verdadero flagelo que, según UNICEF, padecen en todo el mundo cerca de 400 millones de chicos menores de 5 años (6 de cada 10) en sus propios hogares, de los cuales 330 millones lo recibe a partir de castigos físicos.

En la Argentina, la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema (OVD) lleva evaluadas, entre enero y septiembre de este año, 1.754 situaciones que afectaron a chicos y adolescentes de 0 a 17 años: el 35% fue considerado con riesgo altísimo o alto, y en el 76% de los casos, el vínculo con la persona denunciada era de hijo o hija.

En el 56% de los registros la frecuencia de los episodios de violencia era diaria o semanal y el tiempo promedio de maltrato con la persona denunciada, de 4 años. En el 96% de los casos se trataba de maltrato psicológico; en el 35%, de violencia simbólica; en el 30%, de maltrato físico y en el 12%, de abuso sexual.

Fundador y editor de la Revista Internacional de Derechos de los Niños, para Michael Freeman las causas que subyacen en el abuso infantil,- psicológico, físico o sexual-, tienen que ver con un prejuicio sobre los chicos; un prejuicio que supone que los derechos humanos no aplican del mismo modo para adultos y para niños. “Las raíces del abuso infantil -afirma- no residen en una psicopatología parental o en el estrés socioambiental, -aunque sus influencias no pueden ser dejadas de lado- sino en una cultura enferma que denigra y despersonaliza a los chicos, reduciéndolos al carácter de propiedad, o de objetos sexuales, y convirtiéndolos en verdaderas víctimas tanto de la violencia como de la lujuria de los adultos”.

El fenómeno es muy complejo, con múltiples causas y con profundas consecuencias. Por caso, un estudio de la American Psychiatric Association determinó, años atrás, que el abuso psicológico, el más común y que afectaba a 3 millones de chicos cada año en EE.UU., podría ser tan dañino como el abuso físico y sexual.

De resolución y abordaje complejos, luchar contra el abuso infantil empieza por el primer paso: escuchar a los chicos con oídos atentos. Ellos no mienten.

Silvia Fesquet

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