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infobae.com · hace 3 horas · Luciana Peker

La elección de Brasil y una historia de reinvindicación del derecho al voto femenino

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“Mi mujer no votará”, se negó a compartir el poder de elegir y que lo elijan el senador José Higino Duarte Pereiral (conocido como Coelho e Campos), en la Asamblea Constituyente de Brasil, en 1891. No era que no querían a las mujeres, es que las querían santas y el voto las hacía impuras. El legislador Serzedelo Corrêa afirmó que involucrar a las mujeres en las pasiones y luchas políticas era “despojarlas de su santidad”.

Pasaron 135 años y en las elecciones en Brasil se volvió a cuestionar el voto femenino. “Estadísticamente, las mujeres votan mal, especialmente las solteras. Las casadas tienden a seguir el ejemplo de sus maridos”, descalificó el influencer Paulo Figueiredo.

En la familia esas mañas de la democracia no son un bien preciado. Paulo es el nieto del expresidente brasileño João Figueiredo que fue el último dictador de Brasil y gobernó, sin ser votado, una costumbre innecesaria para los golpistas, desde el 15 de marzo de 1979 al 15 de marzo de 1985.

Paulo Renato de Oliveira Figueiredo (nieto del general João Baptista de Oliveira Figueiredo)

Fue el quinto presidente militar desde el golpe de estado de 1964 y jefe del Servicio Secreto (SNI) en la gestión de su antecesor Ernesto Geisel (del 15 de marzo de 1974 al 15 de marzo de 1979). A él se le atribuye la apertura política que antecedió el regreso a la democracia.

Pero su nieto quiere dar un golpe -por ahora- solo a las mujeres y que la apertura -y la democracia- retrocedan a tiempos ni de su abuelo, sino de muchas más generaciones para atrás. Si los hombres misóginos piden retroceder ponen el acelerador. Si las mujeres avanzan ponen el freno.

Los discursos extra machistas que pretenden destituir el poder de elección de las mujeres no son democráticos y violan las normas vigentes. En la Constitución de 1988, después de un proceso de amplia participación femenina a través de cartas con demandas y propuestas, se logró establecer el derecho a la igualdad.

El movimiento que logró la jerarquía constitucional para el voto femenino se llamo “el lobby del batom”, un nombre que volvió orgullo la forma despectiva en la que llamaban ‘las mujeres del batom’ a las luchadoras por la igualdad. Así, sin traje, ni corbata, se logró establecer, en el artículo 14 de la Constitución de 1988, el sufragio universal sin distinción de sexo.

Además, en el artículo 5, se prohíbe cualquier tipo de discriminación. Y decir que si una ciudadana no tiene novio, esposo, pareja o amo y señor no cuenta con cabales para decir que plan económico o programas contra la violencia quiere para el país en el que vive, y sí, es discriminatorio.

Por supuesto, también es una burla histórica a las sufragistas que lucharon por el derecho al voto como Almerinda Gama (1899-1999), una de las primeras mujeres negras activas en la política brasileña. Los derechos tardaron mucho tiempo en llegar. Y, de golpe, los quieren poner en duda, como si la historia diera pasos para atrás.

Los derechos ganados no se pueden dar por garantizados. En 1890 la Asamblea Constituyente brasileña rechazó el sufragio femenino porque las mujeres no eran aptas para la política. Ahora se vuelve con el mismo disco rayado.

En Brasil el 53% del electorado es femenino. En un país hiper polarizado donde se puede ganar o perder por un margen muy chico desalentar, condicionar, impugnar o intimidar a las votantes no es inocuo, según destaca la investigación “Sufragio femenino en Brasil: una victoria ante la misoginia histórica”, de Luiz Claudio Ferreira, por la Agência Brasil.

En Argentina la actriz Muriel Santa Ana representó a Julieta Lanteri en la serie "Sufragistas" / Prensa Canal Encuentro - Fernando Minnicelli

El ataque no es inocuo en cantidad de electoras/es: 83 millones de potenciales votantes femeninas (si votan) y 75 millones de votantes masculinos, según el Tribunal Superior Electoral. La diferencia define la elección.

Y si es por educación, ellas están más formadas: el 29,28% completó la secundaria (más que el 26,35% de los hombres) y el 13,08% de las votantes cuenta con educación universitaria contra el 9,1% de los electores.

Las mujeres no son la mitad del cielo y del mar, son la mitad más una: el 51,5% de la población y la mitad de las que se encuentran habilitadas en el padrón electoral se identifican como solteras. Si no votan las que no tienen pareja no van a las urnas la mitad de las mujeres que son más que la mitad de la población.

¿Qué democracia es la que acepta que se pida que las dejen afuera? ¿Decir que no voten es una provocación o una incitación a que se queden sentadas, a que no expresen su opinión para no quedarse a vestir santos, a que callen sus posturas o las modifiquen para no espantar candidatos y a que escuchen a sus maridos para ser bien consideradas por la batalla emocional de los influencers machistosos?

Lobby do botom

El backlash que intenta destituir políticas públicas para las mujeres no afecta solo a estructuras institucionales (Ministerio de Mujeres, Convenciones, derechos, programas de asistencia o presupuestos) sino el corazón de la democracia: el voto.

En Argentina el camino a las urnas costó mucho y llegó después que en Brasil. Y, por eso, los ataques a las mujeres, no solo duelen, sino que banalizan los sacrificios de quienes dieron su vida para que otras puedan decidir sobre sus vidas.

La Profesora Fernanda Abreu, recapituló en Agência Brasil: “En el ámbito de los derechos jurídicos individuales, en 1919, a Leolinda Daltro (1859-1935), fundadora del Partido Republicano de las Mujeres y una de las líderes más destacadas del movimiento sufragista, se le rechazó su candidatura al gobierno municipal del Distrito Federal”.

Los diarios de la época la definían como una alborotadora que quería generar caos en la sociedad. Fundó el Partido Republicano, en 1910 y, en 1917, organizó una marcha con más de noventa mujeres en el centro de Río de Janeiro.

Lobby do botom

Brasil fue el cuarto país del mundo occidental en el que las mujeres pudieron votar después de Canadá, Estados Unidos y Ecuador y antes que en la Argentina.

El 24 de febrero de 1932, el Decreto n.º 21.076, garantizó el derecho al voto, en el primer código electoral brasileño, refrendado en la Constitución de 1934, con el Presidente Getúlio Vargas.

Sin embargo, el Código Electoral de 1932 contenía la obligación de que una mujer casada tuviera que contar con el permiso de su marido para votar. Las sufragistas presionaron y esa cláusula se quitó.

En 1945 las mujeres pudieron votar, por primera vez, en elecciones presidenciales. En la segunda vuelta vuelven a las urnas. EFE/Isaac Fontana

Pero no se fue sola la prohibición, ni la exigencia de permiso, ni el derecho al voto. Lo lograron las sufragistas. En 1945 pudieron votar, por primera vez, en elecciones presidenciales. Aunque los hombres mayores de 60 años y las mujeres quedaban exentas de la obligación de votar.

Recién en 1946 -hace ochenta años- el Código Electoral convirtió al voto en obligatorio. En Brasil la concurrencia a las urnas de las mayores de 70 años puede cambiar el resultado. Por eso, el desaliento no es inocuo, aunque no logre alterar las normas.

Aún así en 1974 había una sola diputada en Brasil, no solo era cuestión de votar, sino de poder ser votada. No fue hace tanto. Pero hoy tanto está en duda.

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