La basura enfrenta a Moyano y Jorge Macri: millones en juego y el temor de las empresas
El negocio millonario de la basura amenaza con convertirse en un nuevo foco de conflicto político y sindical en la Ciudad. La decisión de Jorge Macri de modificar las condiciones de la próxima licitación del servicio de higiene urbana abrió una disputa con Pablo Moyano, pero también puso en el centro de las negociaciones a las grandes empresas que manejan la recolección de residuos. En el centro de la pelea aparece una cifra que ronda los 200 millones de dólares: las indemnizaciones de los trabajadores que no están contempladas en el nuevo pliego de licitación.
Según pudo reconstruir PERFIL, el jefe de Gobierno porteño ya mantuvo conversaciones con Hugo Moyano para intentar descomprimir el enfrentamiento a futuro e intentar mejorar el servicio actual. También hubo contactos de funcionarios de la Ciudad con otros dirigentes del Sindicato de Camioneros. Sin embargo, la posición más dura corresponde a Pablo Moyano, secretario adjunto del gremio, que amenaza con paralizar la recolección si se avanza contra lo que considera un derecho adquirido.
En el gobierno porteño advierten que no están dispuestos a ceder ante una eventual medida de fuerza. En ese contexto, el secretario de Higiene Urbana, Matías Lanusse, y el ministro de Justicia, Gabino Tapia, vienen evaluando la posibilidad de impulsar denuncias penales si Pablo Moyano decide avanzar con una paralización del servicio y la acumulación de residuos en las calles para defender las indemnizaciones que no aparecen en la letra chica del nuevo contrato.
La discusión tiene tres protagonistas con intereses diferentes. El Gobierno porteño pretende eliminar el costo de las indemnizaciones de las futuras concesiones. Camioneros busca preservar ese mecanismo, mientras que las grandes empresas del sector intervienen en las negociaciones con una posición propia: prefieren sostener un acuerdo con el sindicato y están dispuestas a encontrar una salida económica. Una alternativa que circula es que los pagos se absorban mediante descuentos sobre la rentabilidad de las compañías.
El trasfondo es la denominada Ley Moyano, un mecanismo que permite cobrar indemnizaciones al finalizar las concesiones, incluso cuando los trabajadores continúan desempeñando sus tareas bajo nuevos contratos.
El esquema vigente establece que las empresas calculan las indemnizaciones y, una vez auditadas, el Gobierno porteño les transfiere los fondos para abonarlas. Aunque los contratos actuales, prorrogados hasta septiembre de 2028, contemplan ese mecanismo, la administración de Macri busca eliminarlo de las futuras concesiones, previstas para el período 2028-2038.
El antecedente que recuerdan en la Ciudad es el de Solbayres, vinculada al grupo Pescarmona, que sufrió modificaciones en sus recorridos en la Comuna 15. Allí, según la reconstrucción oficial, las dificultades para introducir cambios operativos expusieron el poder de resistencia del sindicato. Las empresas contratistas, como el Grupo Roggio o Emepa del Grupo Romero, le tienen pánico a Camioneros.
Pero hay un cuarto jugador: Claudio “el Chiqui” Tapia, excuñado de Moyano, quien preside el Ceamse, el relleno sanitario donde se depositan los residuos sólidos urbanos.
Detrás de la pelea sindical aparece una transformación del negocio. El nuevo pliego pretende abandonar el esquema tradicional de contratación y avanzar hacia un sistema de pagos por desempeño: las empresas cobrarán en función de los servicios efectivamente prestados y los resultados obtenidos.
La magnitud de la operación explica los intereses en juego. La recolección involucra alrededor de 6.000 empleados, 584 camiones y una cobertura de 28.300 cuadras.
La Ciudad genera unas 6.200 toneladas diarias de residuos de distintas categorías. De ese volumen, aproximadamente 3.100 toneladas requieren tratamiento y disposición, uno de los principales desafíos ambientales y presupuestarios.
El nuevo esquema también establece condiciones que podrían limitar la competencia. Entre ellas, una experiencia mínima de cinco años, requisito que, según estimaciones oficiales, dejaría en condiciones de participar a unas 15 grandes compañías.
Otro cambio será la incorporación de camiones con sistemas de carga bilateral y nuevos contenedores. Actualmente, cerca del 80% de las rutas utiliza tecnología bilateral. Los equipos más modernos permiten levantar los recipientes desde arriba y descargarlos por su parte inferior, con una vida útil estimada de diez años, frente a los tres años de los modelos laterales.
La tecnología también promete abrir otro frente con Camioneros. La Ciudad pretende instalar cámaras con inteligencia artificial en los camiones para verificar que los trabajadores recojan las bolsas depositadas alrededor de los contenedores. Fuentes oficiales aseguran que algunos dispositivos fueron dañados por operarios y vinculan esos episodios con la resistencia a mayores controles.
También se proyectan sensores para medir el nivel de ocupación de los contenedores, especialmente en zonas gastronómicas, y dispositivos GPS para controlar los recorridos de los barrenderos.