La “recesión técnica” duró un suspiro, pero viene lo más difícil: reactivar en medio de la incertidumbre electoral
El 24 de noviembre próximo la economía argentina entrará oficialmente en recesión técnica. Ese día se conocerá el Estimador Mensual de Actividad Económica de septiembre y se confirmará que el tercer trimestre también arrojó un resultado negativo, al igual que el segundo.
La buena noticia es que para ese momento ya estaría consolidado un repunte que arrancó en septiembre y se mantendría también en octubre. Esta mejora de los últimos meses del año no evitará que el PBI termine con un crecimiento muy mediocre: las últimas proyecciones calculan una mejora de solo 1% para 2026.
Incluso será difícil alcanzar esta cifra. “Una expansión del Producto cercana al 1% anual requeriría un rebote de 2,5% en septiembre y luego subas de 0,6% mensual durante el último trimestre del año. En cambio, si entre septiembre y diciembre la actividad crece a un ritmo promedio de 1% mensual, el crecimiento anual alcanzaría 0,7%”, detalló la consultora Invecq.
En una entrevista radial esta semana el propio Javier Milei reconoció que los números son peores de lo que se esperaban. Y lo atribuyó a dos factores: el miedo que mete la oposición (al que el Gobierno denomina “riesgo kuka”), pero sobre todo a un contexto internacional más complejo.
Hubo un claro cambio en el mensaje, que ya no desborda de frases exultantes. El propio Milei declaró ayer que “soy humano, no puedo hacer milagros”, ante una pregunta sobre por qué la mejora de la macro no llega a los bolsillos. Y Luis “Toto” Caputo aplaudió en redes sociales un comentario de Claudio Porcel, CEO de Balanz: “Si no se hubiera actuado como lo hizo el Gobierno, el país estaría en llamas”.
Posiblemente ninguno de esos aspectos termine de explicar del todo por qué el crecimiento resultó mucho menor al esperado por el Gobierno pero también por la mayoría de los analistas. En la primera parte del año pesó mucho el impacto de la crisis cambiaria preelectoral de 2025. Se produjo entonces un salto del dólar, las tasas de interés se fueron por las nubes y también repuntó la inflación, que en marzo tocó un pico superior al 3 por ciento.
El efecto fue una merma del poder adquisitivo, con salarios perdiendo contra la inflación. En los últimos meses se nota una recuperación, pero básicamente los ingresos no crecieron a lo largo del año.
Además el aumento de las tasas producto de la crisis cambiaria impactó negativamente en el crédito. Se registró un fuerte incremento de la morosidad y los bancos decidieron pausar el otorgamiento de nuevo financiamiento. Este efecto se sintió por ejemplo en una caída de la compra de bienes durables, como electrodomésticos, pero también en la venta de autos cero kilómetro.
El estancamiento económico pasó factura a la imagen del Presidente y la intención de voto de cara al 2027. Tras tocar un pico del 45%, la aceptación cayó a niveles cercanos al 38%. No son números tranquilizadores: si bien se mantiene competitivo, se esfuma la posibilidad de una victoria en primera vuelta. Y tampoco hay garantía sobre el resultado en un escenario de ballotage.
Axel Kicillof aparece como el competidor directo y tiene prácticamente los mismos números de Milei, tanto en niveles de aceptación como de rechazo. Sin embargo, aún no está claro si recibirá el respaldo de Cristina Kirchner para su candidatura o si el apoyo desde la prisión domiciliaria recaerá en Sergio Massa, que parte de niveles de apoyo bastante más bajos.
No sería extraño que en Argentina se dé el año que viene una definición cabeza a cabeza entre el Gobierno y el kirchnerismo. Sería un caso similar a lo que está sucediendo en Brasil, donde habrá que esperar hasta contar hoy el último voto del ballotage para saber si el ganador es Bolsonaro Lula. Algo muy similar ya había ocurrido en las elecciones de Perú y de Colombia.
Con un escenario electoral muy parejo, las chances de Milei siguen dependiendo de él mismo. Para apuntalar una victoria el año que viene es fundamental que la economía dé respuestas.
El equipo económico tiene todas las fichas puestas en evitar cualquier sorpresa con el tipo de cambio a lo largo de 2027. Si lo logra, las chances de mantener la desinflación aumentan, junto con una recuperación mayor de los ingresos.
En distintos foros empresarios de las últimas jornadas es si el Gobierno tendrá o no un as en la manga para reactivar. Sin “plan Platita” a la vista, cualquier iniciativa tiene un impacto acotado. Darle a los bancos más flexibilidad para prestar en dólares o volcar dinero del FGS para créditos hipotecarios puede tener efectos positivos, pero sin contundencia.
Por eso, la prioridad para Milei es evitar que la demanda de dólares provoque un cimbronazo en el tipo de cambio, que luego se traslade a la tasa de interés y a un repunte de la inflación. El crecimiento queda en un segundo plano.
Pensando ya en la dinámica del año que viene, el economista Fernando Marengo alertó que no vería con malos ojos que el Central intervenga para que el dólar no se acerque al techo de la banda: “Si lo dejamos crecer 30% el impacto sobre la inflación será fuerte y eso a su vez te acelera la suba de ese techo. El 2025 demostró que es mejor intervenir antes que el tipo de cambio se acerque a ese nivel”.
El propio Presidente también reconoció que sus chances aumentan ya no por mérito propio sino por lo que tiene enfrente: “No creo que la gente quiera volver atrás”.
Los principales dirigentes empresarios de Argentina ya manifestaron con mayor o menor énfasis la importancia de mantener el modelo, el rumbo de la economía. Algunos preferirían sostenerlo pero sin que sea Milei el garante. Pero la búsqueda de alternativas no parece fácil. Una opción para algunos sigue siendo Patricia Bullrich. Otros depositan confianza en un “outsider” de la política. Algo así como una opción de libre mercado con buenos modales.
En breve se conocerá otro dato clave: si hay o no PASO para las elecciones del 2027. El Gobierno busca sumar votos para suspenderla, pero tampoco aquí hay certezas de conseguir los votos necesarios.
Los antecedentes justifican la preocupación libertaria. A Mauricio Macri se le terminó su gobierno el 12 de agosto, cuando se llevaron adelante las PASO en 2019. La contundente victoria entonces del kirchnerista Alberto Fernández transformó en un infierno la transición hasta las elecciones.
En el medio Macri tuvo que reimplantar el cepo y se vio obligado a reestructurar (o “reperfilar”) la deuda en pesos.
En 2025 no hubo PASO pero sí elecciones en la provincia de Buenos Aires a principios de septiembre, que se adelantaron a las legislativas de octubre. Nuevamente la victoria kirchnerista en el Conurbano provocó una fuerte suba del riesgo país y fue necesario el auxilio del Tesoro norteamericano para frenar la corrida cambiaria.
Desde este punto de vista, eliminar las PASO acotaría el peligro de una corrida sobre el dólar y le daría algunos meses más de tranquilidad al Gobierno para que se consolide la baja de la inflación.
Teniendo en cuenta los antecedentes es improbable que el kirchnerismo dirima su candidato en una interna. Pero de todas maneras piden las primarias en agosto para que la incertidumbre se apodere lo antes posible del mercado. Como se vota en la primera quincena de ese mes, es razonable que el dólar y el riesgo país se muevan al compás de las encuestas varios meses antes, posiblemente desde mayo o junio.
Mientras tanto, se vive el día a día, en un contexto complejo, con fuerte shock petrolero que volvió a los USD 115 y tasas muy altas en Estados Unidos y Europa. Hoy será el turno de seguir una elección clave para la región y obviamente para la Argentina.
El ballotage en Brasil tendrá impacto mañana también para los activos locales. En Polymarket las encuestan lo dan victorioso a Flavio Bolsonaro con mucha holgura. Un resultado distinto, es decir si gana Lula, tendría un impacto negativo para el mercado brasileño, pero posiblemente también derrame negativamente en acciones y en el nivel de riesgo país local.