← Volver
lanacion.com.ar · hace 5 horas · Pablo Sirvén

Milei colérico y, a veces, parecido a Néstor Kirchner

LA NACION

Horas después de que el rey Felipe VI no recibiera a Javier Milei, la familia real española en pleno distinguió con el premio Princesa de Asturias a Lionel Messi. Así, las dos figuras más contrastadas de la Argentina, inspiraron sentimientos absolutamente dispares en la península ibérica.

El Presidente, en modo irritado, tuvo un paso vociferante y ramplón por Madrid. Provocó enojos y burlas, en tanto que el ex 10 de la Selección volvió a impactar con su sobria popularidad.

Si a Milei le sacaron el cuerpo sus mejores amigos –a las cansadas, Isabel Díaz Ayuso lo recibió un rato y Santiago Abascal apenas le concedió una fugaz videollamada a la distancia porque andaba de gira–, el goleador del Inter Miami CF, fue objeto de veneración y solo cosechó aplausos y vivas.

Messi demostró una vez más que no solo un buen contenido –su arte en las canchas–, sino también las formas, el buen trato, la educación y sus gestos de humildad son empáticos y ejemplificadores.

Ni aunque hubiese querido el rey podría haber recibido a Milei. Es que su nueva incursión por la Madre Patria –la tercera en lo que va del año; la séptima, desde que está en el poder– no constituyó una visita de Estado que, como tal, incluyera un encuentro con el presidente Pedro Sánchez, al que volvió a denigrar a la distancia con las peores maneras.

El histórico referente máximo del PSOE, Felipe González, que ya anticipó que votará en blanco en las elecciones adelantadas del 29 de noviembre, señaló que de haber más viajes del vergonzoso tenor que tuvo el reciente del líder libertario, Sánchez terminará ganando.

Es el famoso “efecto búmeran”. No bien se produjeron los graves desmanes en Francia, aumentaron automáticamente las chances de que gane las elecciones de abril de 2027 la candidata de ultraderecha, Marine Le Pen. Acá Miriam Bregman celebró esa radicalización callejera de fuerzas afines a la suya. Le Pen sonríe, como mucho lo ha hecho en estos días del otro lado del arco ideológico el tan vituperado Sánchez al ver cómo Milei trabajaba para su triunfo al irse al pasto tan fieramente. Con gran habilidad, la izquierda española hizo saber con pancartas e irónicas declaraciones y memes burlones que capitalizaba alborozado los papelones del mandatario argentino.

Claro, ¿cómo no va a jugarles a favor que quien se autopercibe como principal adalid mundial de la derecha, irrumpa en su territorio insultando a troche y moche a su principal referente y a los periodistas españoles y, de paso, cuándo no, a los argentinos?

Cuesta creer que el gobierno libertario no tenga asesores que le refresquen la “Teoría de los efectos limitados” que el sociólogo y matemático Paul F. Lazarsfeld enunciaba en 1944. Ya entonces alertaba que ofensivas mediáticas muy agresivas en una determinada dirección solo concita férrea adhesión entre los incondicionales, pero que en los demás es capaz de generar efectos contraproducentes.

Sobre el final de su vida, Juan Domingo Perón llegó a comprender este fenómeno e hizo, al respecto, una valiosa autocrítica en voz alta. Recordó que en 1946 había ganado las elecciones con todos los medios de comunicación en contra y que en 1955 cuando “la mayoría eran nuestros” (sic) “nos echaron” (sic) y que, en 1973, cuando otra vez lo criticaban mucho, volvió a ganar por más del 60% de los votos. Así, llegaba a la obvia conclusión de que “todo es relativo”.

La asfixiante propaganda peronista, entre 1945 y 1955 solo reforzaba la adhesión de sus adeptos, pero en los antiperonistas acrecentaba su aversión a esa ideología. Al revés, del 55 en adelante, la fervorosa prédica antiperonista agigantó como nunca al justicialismo.

Por eso, seguramente en estos días, las huestes de Jair Bolsonaro deben haber encendido velas para agradecer que a Milei no se le ocurriera viajar de vuelta a Brasil y terminar, sin querer, inclinando la balanza hacia Lula. Sus incesantes exabruptos podrían exacerbar el espíritu nacionalista ante un extranjero que llega a prepotearlos y a decirles cómo deben votar. De hecho, en los dos debates televisivos, fue el presidente brasileño el que mencionó una y otra vez a Milei para incomodar a su contendiente.

El libertario cree mesiánicamente que el mundo, y especialmente América Latina, vira hacia la derecha gracias a él, como si fuese el principal artífice de ese movimiento cuando es tan solo un emergente más del mismo. Nadie puede pensar seriamente que los peruanos votaron a Keiko Fujimori o los chilenos, a José Kast por el “ejemplo” (?) del mandatario argentino.

Una buena y otra mala del Presidente al regresar al país: lo positivo de empezar a admitir –al menos– que los resultados económicos no están siendo los que esperaba y lo negativo (muy), su peligrosa cólera con los periodistas que investigaron el escándalo $Libra tras ser sobreseídos él y su hermana en esa causa.

En otro orden de cosas, Milei se viene pareciendo cada vez más a Néstor Kirchner cuando despotricaba contra Clarín tras bendecir la fusión entre Cablevisión y Multicanal. Idem Milei que aprobó la compra de Telefónica Argentina por parte de Telecom, por más que siga denostando fuertemente a ese holding periodístico.

Solo queda esperar que tanto el Presidente, como quienes lo rodean, preserven mejor su salud y bienestar físico y psíquico por su propio bien y el del país. Tampoco en este aspecto sería bueno que se parezca a Kirchner.

The Trust Project

© Copyright 2026 SA LA NACION | Todos los derechos reservados. Dirección Nacional del Derecho de Autor DNDA - EXPEDIENTE DNDA (renovación) RL-2023-95334553-APN-DNDA#MJ.Queda prohibida la reproducción total o parcial del presente diario.

App store