Por qué el entusiasmo por la inteligencia artificial empieza a mostrar grietas en Wall Street
Fueron semanas para el olvido para las acciones en Wall Street. Las dudas sobre el sector tecnológico activaron el risk-off y, en un contexto en el que el precio del crudo Brent cotiza por encima de USD 110 por barril, los rendimientos de los Treasuries comprimieron con fuerza a lo largo de la curva. La tasa a 10 años cotiza nuevamente por debajo del 5% anual al ubicarse en el 4,96% (28 pb menos en las últimas dos semanas), reflejando en parte la rotación fuera de las tecnológicas, en un contexto donde el Nasdaq cayó un 5% en las últimas dos semanas y el S&P 500 cedió un 1,9 por ciento.
La corrección en las acciones respondió a una secuencia de eventos que se fueron desencadenando entre la semana pasada y esta:
Por un lado, dentro de la cadena de valor de la IA se identifican eslabones puntuales que mostraron un fuerte deterioro.
Los laboratorios y los hyperscalers compran aceleradores a Nvidia y Broadcom, fabricados por TSMC en nodos de vanguardia con equipos de ASML. Cada acelerador requiere memoria HBM, chips de DRAM apilados que alimentan de datos al procesador, provistos por SK Hynix, Samsung y Micron.
Las acciones vinculadas a la memoria fueron las más castigadas, lo que llevó al Kospi a registrar su peor semana desde 2008 y a Kioxia a caer más del 60% desde su máximo de junio, al tratarse del eslabón más comoditizado y con mayor exposición a China. Por su parte, los neoclouds que alquilan capacidad de cómputo apalancándose con deuda (entre ellas CoreWeave) sufrieron un severo impacto, y algunos analistas advierten que este negocio podría terminar absorbido por los propios hyperscalers.
Por otro lado, reaparece la discusión sobre la sostenibilidad del ecosistema de IA, dado que el nivel de monetización de las compañías que ofrecen el servicio al usuario final, como OpenAI o Anthropic, resulta inferior al esperado, mientras que gran parte de la expansión continúa financiada con deuda y capex de los hyperscalers.
A esto se suma el dilema de las valuaciones. Si bien la relación precio-ganancias proyectado (P/E forward) se ubica en niveles razonables frente a su media histórica, el contrapunto radica en que las ganancias actuales ya se encuentran en niveles extraordinarios, abriendo interrogantes sobre si esa rentabilidad podrá sostenerse en el tiempo.
Todo este proceso terminó favoreciendo a los bonos, puntualmente a los Treasuries, no solo por la búsqueda de cobertura (risk-off), sino porque un ciclo de inversión en IA más moderado reduce la demanda agregada de capital y, con ella, la tasa neutral de la economía. Al mismo tiempo, se descomprime la oferta de deuda corporativa vinculada al sector tecnológico, factor que venía presionando el tramo largo de la curva. De esta manera, la probabilidad implícita de que la Fed vuelva a subir la tasa de interés en diciembre, que se ubicaba en el 100%, cayó al 82 por ciento.
Si eventualmente se desacelera el ciclo de inversión en IA, el impacto negativo sobre el nivel de actividad operaría a través de dos frentes:
Una reversión de este efecto riqueza podría resentir la pauta de gasto de este segmento. Si bien proyectar este escenario de forma concluyente luce prematuro, la dinámica ayuda a explicar por qué la probabilidad de una suba de tasas por parte de la Fed comienza a ceder en el margen.