¿Hacia dónde vamos con la economía y las elecciones presidenciales de 2027?
El país genera sensaciones muy dispares según el lado del mostrador en que nos encontramos, y diría que además de sensaciones, lo más claro es la realidad que cada actor de la economía vive.
Para resumir lo ocurrido desde diciembre de 2023 a la fecha, los logros del gobierno están situados en:
Por otro lado, la economía enfrenta una serie de desafíos hacia adelante relacionados con: el nivel de actividad en sectores clave de la economía como industria, construcción, comercio mayorista y minorista, entre otros, que no logran sostenerse ni estabilizarse para luego comenzar a crecer.
La tasa de desocupación pasó del 5,7% en el cuarto trimestre de 2023 al 7,9% en el segundo trimestre de 2024, además, si el PBI presenta caída con relación al segundo trimestre de 2026, lo cual luce muy probable, es posible que entremos en una recesión técnica cuando lleguen los datos del PBI del tercer trimestre de 2026. Los salarios reales de la población no encuentran un sendero de crecimiento frente a la inflación que sea robusto en este período, lo que impacta en el consumo.
La lectura no resulta tan lineal, no obstante, el Gobierno da por sentado tres pilares básicos no negociables en su análisis y su política económica, con algunos supuestos asumidos en este contexto.
Estos pilares son justamente el equilibrio fiscal, la baja en la tasa de inflación, y mantener estable el tipo de cambio. ¿Por qué es importante analizar estas variables? ¿Qué supuestos hay detrás de estas decisiones?
Analizar estos pilares ayuda a construir el sendero que transitará la economía argentina y a clarificar las distintas estrategias según el rol de cada actor.
Los supuestos que sustentan estos tres pilares están centrados en la estabilidad macro como base de un crecimiento sostenido y generalizado en la economía, con un esquema principalmente de “derrame” sobre la macroeconomía para reactivar la actividad.
El derrame significa que los actuales sectores que hoy impulsan el crecimiento van a “derramar” ese crecimiento sobre el resto de la economía. Específicamente, minería, gas y petróleo y parte del agro, generarán mayor demanda de mano de obra, inversión y utilidades, que van a expandirse sobre el resto de los sectores que hoy no impulsan, o impulsan en mucha menor magnitud.
Desde el enfoque teórico esto funciona notablemente bien, no obstante, la realidad siempre contrasta con la teoría. Veamos: ¿por qué?
Una restricción sobre el derrame de la economía está basada en la temporalidad, lo cual en definiciones de políticas económicas es clave: no es lo mismo el corto que el mediano o largo plazo, y las políticas deben ser sostenibles y tender puentes entre plazos. No es posible que el derrame sobre los sectores más golpeados llegue en el corto plazo, y la transición, aunque para el gobierno parece una política errada, es fundamental. No vamos a tener resultados en el corto plazo.
Por otro lado, el orden de magnitud también importa. Los sectores que hoy impactan positivamente en la economía representan aproximadamente el 15% del PBI. Es muy difícil lograr un efecto significativo sobre el resto de la economía. El resto de la economía sin duda deberá ir adaptándose, de hecho, los distintos actores se adaptan, pero es subestimar a la economía argentina pensar en un efecto derrame de magnitud sobre esta en el corto plazo.
El tipo de cambio real sin duda está atrasado, esto se da en un contexto donde el Gobierno no quiere volatilidad, y tampoco quiere ir deslizando el tipo de cambio por el efecto inflacionario que tendría un incremento en el tipo de cambio o lo que es lo mismo una devaluación del peso.
Este atraso cambiario genera más demanda de dólares, porque la sociedad sabe que el valor está atrasado, y hoy luce “barato”, castiga a los sectores productivos competitivos de importaciones, manteniendo un dólar artificialmente barato, y por último castiga la competitividad de los sectores exportadores tradicionales.
El Gobierno mantiene, desde mi perspectiva, en forma errada esta tesitura, al menos hasta ahora y parecería ser el camino elegido hasta el 2027. Las mayores preocupaciones de la sociedad antes de las elecciones de octubre de 2023 tenían como foco la inflación y la incertidumbre económica general del país; hoy las principales preocupaciones de la sociedad son otras, el desempleo, la caída en los niveles de ingresos/salarios, la corrupción y los costos de los servicios públicos, entre otros.
La estrategia debería ser distinta, más adaptada a la realidad actual. Estos grados de libertad que tiene el Gobierno están apoyados en gran medida en la falta de un contrincante de fuste que pueda hacer frente al gobierno. Es posible que la aparición de un competidor fuerte genere incentivos diferentes para que el gobierno cambie el rumbo de algunas medidas económicas.