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perfil.com · hace 4 horas · Carlos Ares

¡Qué cruz, Señor!

Carlos Ares

A usted que todo lo ve, Señor, no le voy a pedir que reviva la tragedia. Por las dudas, le recuerdo que está en YouTube. ¿Por qué no le avisó? ¡Salí de ahí, maravilla! La cruz aplastó a Patricio Sánchez Molinari en Guayaquíl, Ecuador, cuando celebraba misa en la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. ¿Fue una señal, Señor? ¿Castigo por algún pecadillo? ¿Una buena nueva? “Dichosos los que mueren en el Señor, pues descansarán de sus fatigas”. Si es así, bien por vos, Patricio.

¡Socorro! Demasiado misterio. No hay espalda que aguante, ni cabeza racional que resista. El formato dogma de fe, tipo te juro boludo, fue un milagro, quedó analógico. La única conexión humana posible hace dos mil años era el chamuyo presencial. Las Yaninas chusmeaban en la feria. ¿Te conté con quien está saliendo Magdalena? Inquisición, hogueras, fascistas, nazis, dictaduras, pedófilos, ahora todo se sabe. El Papa admitió que el infierno no existe allá, arde en las villas miseria de acá.

Baje usted, Señor. Trate de explicarle a un pibe con la camiseta de Messi que juega a un toque en la play, pelotea datos con la IA, cómo fue que mientras José estaba trabajando en la carpintería, un vendedor callejero investido del “espíritu santo” entró en su humilde ranchito de Nazaret para embarazar a la inocente muchacha virgen llamada María del que sería su hijo, Señor. No es una blasfemia, es el relato, Señor. Qué le voy a contar que usted no sepa. Las divinas relaciones amorosas se complican cuando hay terceros en discordia.

Los intermediarios, correveidiles que hablan en su nombre, extorsionan, meten miedo, son los que joden la transmisión de esperanzas. Bien comidos, bien bebidos, carita bonachona, sin autoridad legal, permiso, consentimiento, encubiertos bajo su manto, Señor, meten mano en cuerpos propios, ajenos, asuntos que nos les corresponden. Censuran vidas privadas, públicas, critican, advierten, amonestan. Nunca son, ni se sienten, responsables de nada.

Ser libre, pensar con la propia, es un placer barato con costos altos, pero vale la pena disfrutar del divague mientras se pueda. Siempre con respeto a los fieles, fanáticos, adictos a consumir la doctrina que les haga bien. A ver qué le parece esta teoría. Tengo para mí que la instalación del disco duro del poder – político, religioso, gremial, militar – se configura con la distribución desigual de bienes comunes. Justicia para mí, para vos no. Guita pública para mí, para vos no porque votaste a otro.

Radio con vos, pero a favor de los míos. Entrevista a Máximo Kirchner. Procesado, imputado por delitos graves de corrupción. Micrófono sin límite para criticar al Gobierno. Los pobres no llegan a fin de mes. Acaba de declarar, en blanco, más de once mil millones de pesos. Hasta usted, Señor, oyente piadoso si los hay, aguarda paciente que le pregunten. ¿Dónde, cómo, cuándo la hizo? Es hijo, pariente, de personas ya condenadas. ¿No supo, no vio, no se enteró? Si esto es Corea del Centro, cómo será la del Norte.

Para que algún apóstol botón no le vaya a predicar en la oreja, que consten también las evidencias sobre tiracentros, secanucas serviles capaces de decir, o callar, aquello que convenga a intereses comerciales varios. Los del gobierno, el patrón para el que trabajan, o los propios del sesgo ideológico en el que fueron formateados. Textos, audios, videos, muestran, prueban, cómo panelistas en programas de noticias, streamings, periodistas de empresas tradicionales, son complacientes con los posibles candidatos. A quedarse, o volver.

¿Quién confronta a Milei con declaraciones, hechos, datos? ¿Quién reúne información, investiga, se prepara para repreguntar, resalta las contradicciones, las mentiras? ¿Quién le pregunta a Massa por el viaje en avión privado a Barbados que intentó ocultar? Una escapadita de 400 mil dólares que hizo con su esposa, la senadora provincial Malena Galmarini. No es lamento, Señor. Es ruego, súplica de meme con manitos en oración por la democracia.

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