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clarin.com · hace 8 horas · Clarin.com - Home

La nueva etapa de Milei en el mundo: el pariente que todos prefieren ver poco

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Javier Milei comprobó esta semana en España que su carrera política entró en una nueva etapa: sus amigos de la derecha global ya no lo cortejan como antes. Su figura, antes un llamador para votantes seducidos por la posibilidad de sacarse de encima estructuras políticas asentadas o envejecidas, que solía ser atractiva por el contenido de sus mensajes y entretenida por la motosierra, por el aspecto de Milei y por las formas rupturistas con las tradiciones de muchos países, ahora ocupa el lugar de esos parientes que todos prefieren esconder en las grandes ocasiones.

En el viaje a Madrid, el jefe de Vox, Santiago Abascal, no consideró tan importante sacarse una foto con el Presidente y atendió a Milei por teléfono. De los dirigentes importantes del Partido Popular, sólo Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, aceptó el pedido del gobierno argentino y esperó a Milei con cara de incomodidad ante las cámaras mientras el jefe libertario la buscaba para abrazarla al final de una de esas carreritas apasionadas que despliega cuando quiere que se note que el personaje con el que se está encontrando es su amigo.

El que sí le sacó el jugo a la visita fue Pedro Sánchez, que adelantó las elecciones generales para el 29 de noviembre y que está dedicado de lleno a la campaña con la que intentará quedarse en el poder. Sánchez publicó seis tuits seguidos sobre Milei para recibirlo, algo que no hizo ninguno de sus aliados, y las páginas webs de los diarios más cercanos a su Gobierno se llenaron de notas sobre los insultos del visitante argentino a su colega español. En la mañana en que Milei llegó a Madrid, la versión web local de El País, tuvo durante horas las diez principales notas de su portada dedicadas al libertario.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (i), se reúne con el presidente de la República Argentina, Javier Milei. Foto: EFE

Milei, antes un recurso de campaña de los candidatos de derecha, es ahora un dardo que lanzan cada vez que pueden los políticos progresistas.

Algo parecido a eso se vio en el debate presidencial de mediados de semana en Brasil, cuando Lula le recordó a Flavio Bolsonaro su cercanía a Milei y el hijo del ex presidente encarcelado esquivó cada una de esas definiciones.

¿Por qué ocurre eso? Se sabe que los políticos, cualquier político del mundo, se especializan en sacar leña de los árboles maltrechos o caídos. Si algún dirigente tiene mala imagen, el atajo más cómodo para ganar simpatía entre el electorado es pegarle a esa oveja negra.

Javier MIlei, presidente de la Nación.

Milei se convirtió en uno de esos árboles en el bosque de la política mundial por dos razones. Una es que la economía argentina -lo dijo el propio Presidente- está en un mal momento. La otra es que Milei se pegó a Donald Trump y a Benjamin Netanyahu, dos líderes con mala reputación en regiones muy amplias del globo. Eso pasó desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, pero Trump y Netanyahu cada día son peor valorados fuera de sus países y ese río arrastra al presidente argentino.

Esta clase de desventuras en el extranjero no suelen tener peso en la conciencia de los votantes argentinos. Dentro de un año exacto, cuando compita por su reelección, Milei tendrá que dar explicaciones sobre materias distintas a estas.

La principal será, cuando no, la economía. El presidente libertario podrá decir con los datos en la mano que encadenó tres años seguidos de crecimiento y que bajó la inflación de manera apreciable. Pero, tal como quedó muy claro esta misma semana, no tiene una respuesta satisfactoria o al menos razonable para quienes dicen que el dinero no les alcanza para llegar a fin de mes.

Otra vez hay que hablar del mundo, porque Milei no está sólo con este padecimiento. Trump -que comanda una economía que consigue mantenerse robusta en rubros determinantes para las competencias electorales como el consumo, el empleo y la inversión-, notó que la campaña para la elección legislativa que se definirá el 3 de noviembre está girando sobre la palabra affordability. En términos de la discusión argentina, los estadounidenses están hablando de los problemas que tienen con su capacidad de compra, un remedo del “no llego a fin de mes” que tanto exaspera y tantos problemas de comunicación le genera a Milei.

Los adversarios de Milei están enredados con cosas parecidas, porque Lula y Sánchez, también al frente de economías que crecen poco pero crecen, están complicados con los problemas de la población para pagar con sus ingresos los bienes y servicios que necesitan. El brasileño tuvo que largar de apuro un Plan Platita y Sánchez adelantó las elecciones como forma de escapar de la crisis que estalló en su país por los altísimos costos de la vivienda. Allí hay crédito y hay empleo, y aún así las generaciones jóvenes se resignan a un futuro sin casa propia o, peor aún, de cuarentones compartiendo departamento, cocina y baño con amigos -los más afortunados- o con semidesconocidos.

¿Podrá zafar Milei de esa trampa? El economista Fernando Marull publicó esta semana un gráfico que compara la evolución de los salarios con el índice de inflación.

Según ese relevamiento, desde septiembre del año pasado hasta abril de este año los ingresos de los trabajadores perdieron la carrera contra los precios todos los meses.

En abril de 2026, las paritarias le ganaron bien a la inflación por primera vez en el año, perdieron por poco en el mes siguiente y desde allí hasta septiembre -el último dato conocido- los sueldos vienen recuperando el terreno perdido.

Milei no tendrá muchas oportunidades más que esa si quiere ganar las elecciones. Tiene un año casi exacto para conseguir que los salarios vuelvan a servir para comprar un poco más que el mes anterior.

El Presidente sigue creyendo que esa recuperación solamente puede originarse en las fuerzas del mercado, y que el papel de un programa económico es poco más que retirar los obstáculos y trabas -impuestos y regulaciones, por ejemplo- para que esas energías hagan lo que tengan que hacer. Esa idea, tomada literalmente como la toma casi todo el tiempo Milei, es cada vez menos popular, incluso entre los miembros del Gobierno.

Ignacio Miri

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