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perfil.com · hace 2 horas · Nicolás Yocca*

¿Vivimos todos en la misma Argentina?

Argentinidad

Hay algo de la política argentina que las categorías tradicionales explican con dificultad. Un dirigente puede defender la libertad individual y, al mismo tiempo, reivindicar valores tradicionales y una autoridad fuerte. Un partido nacido alrededor de la gestión eficiente puede incorporar una agenda ambiental. Y dentro del peronismo pueden convivir sindicatos y gobernadores conservadores con movimientos progresistas.

¿Son contradicciones? Tal vez. O quizá intentamos comprender una sociedad compleja con categorías demasiado rígidas.

El modelo de Espiral Dinámica ofrece una perspectiva posible. Surgido de los trabajos de Clare Graves, Don Beck y Christopher Cowan, y profundizado por Ken Wilber, propone que la conciencia humana fue evolucionando históricamente a medida que cambiaban las condiciones de vida. Frente a problemas más complejos, individuos y sociedades desarrollaron nuevos marcos culturales: formas de interpretar la realidad y organizar la convivencia.

En su versión más conocida, la Espiral Dinámica representa esos estadios de conciencia mediante colores.

Supervivencia —beige— surge en los primeros momentos de la humanidad y se concentra en la subsistencia.

La sensibilidad comunitaria —verde—, visible especialmente desde la segunda mitad del siglo XX, enfatiza igualdad, inclusión, diálogo, diversidad y ambiente"

Pertenencia —violeta—, propia de sociedades tribales, se organiza alrededor del pensamiento mágico, el parentesco y la protección del grupo.

Poder —rojo—, visible en sociedades guerreras y primeros reinos, introduce fuerza, coraje y conquista.

Orden —azul—, ligado a grandes civilizaciones y sistemas religiosos, privilegia reglas, jerarquías, disciplina y deber.

Logro —naranja—, asociado a la modernidad, incorpora autonomía, razón, ciencia, competencia, mérito y progreso material.

Finalmente, sensibilidad comunitaria —verde—, visible especialmente desde la segunda mitad del siglo XX, enfatiza igualdad, inclusión, diálogo, diversidad y ambiente.

Nicolás Yocca Espiral Dinámica

Pero una nueva cosmovisión no elimina las anteriores. Cada individuo y cada sociedad contiene una suerte de recapitulación de la historia de la conciencia humana: capas de valores que conviven, se complementan y también entran en tensión.

En la política argentina, poder, orden, logro y sensibilidad comunitaria aparecen con especial fuerza. Desde allí puede analizarse qué valores activa cada liderazgo y por qué ciertas configuraciones encuentran resonancia en determinados momentos históricos.

La primera dimensión que aparece con claridad en Javier Milei es la lógica del logro, asociada históricamente con la modernidad: autonomía individual, competencia, mérito y progreso material. En esa línea, la plataforma electoral de La Libertad Avanza ubicó entre sus principios la libertad individual, la propiedad privada, la libre competencia y el mérito.

Pero Milei difícilmente pueda explicarse sólo desde el liberalismo económico. Hay también una lógica de poder y conflicto.

“La casta” como adversario, la épica de ruptura y la centralidad del liderazgo personal introducen otro registro. Estudios sobre 2023 muestran, además, una penetración relevante en segmentos populares históricamente más vinculados al peronismo.

Milei reforzó referencias a Malvinas, la soberanía y la tradición sanmartiniana"

Eso habilita una hipótesis: para una parte de ese electorado, Milei pudo haber ofrecido ideas económicas nuevas mediante una forma política más familiar: liderazgo fuerte, adversarios definidos y una narrativa de ruptura.

A eso se suma una tercera dimensión: orden. Victoria Villarruel aportó un registro particularmente asociado a Defensa, Fuerzas Armadas y símbolos patrióticos. Milei reforzó referencias a Malvinas, la soberanía y la tradición sanmartiniana, y convirtió la crítica al “wokismo” y la defensa de valores occidentales y judeocristianos en parte de su discurso.

Surge así una combinación particular: libertad económica, liderazgo confrontativo y valores tradicionales de orden. ¿Parte de la capacidad política de Milei provino de articular esos tres registros?

El PRO expresó una configuración diferente, aunque compartió con Milei la lógica del logro. Mientras en Milei aparece más vinculada con autonomía individual, competencia y mercado, el PRO desarrolló una versión asociada a la profesionalización y modernización del Estado: planificación, gestión, innovación, equipos técnicos y resultados.

Por otro lado, una comunicación política del PRO apoyada en que la gestión debía hablar por sí misma tendió a subestimar la dimensión simbólica del liderazgo. Milei, en cambio, dotó al individualismo de una narrativa heroica, cargada de épica y conflicto.

Se agregó, durante las últimas décadas, una lógica más progresista e inclusiva: derechos humanos, género, diversidad, ambiente y reconocimiento de nuevas identidades"

La experiencia porteña incorporó también una dimensión verde de sensibilidad comunitaria: movilidad sustentable, valores más horizontales, integración sociourbana de barrios populares y una agenda cultural urbana. A eso se sumó una construcción política que buscó poner en valor el diálogo, la apertura y los consensos.

El interrogante aparecía en el orden. Parte del electorado de Cambiemos mantenía valores vinculados con tradición, patria, religión o autoridad que encontraban una expresión menos nítida en la identidad pública del PRO. El deterioro del gobierno de Macri estuvo fuertemente atravesado por la economía, pero convivió con tensiones con sectores más conservadores; el debate sobre la legalización del aborto en 2018 hizo visible esa distancia. Macri, aun manifestándose personalmente contrario a la legalización, promovió que el Congreso diera esa discusión.

El peronismo presenta otro desafío: su capacidad histórica para reconfigurarse. A lo largo de ocho décadas modificó políticas, coaliciones y lenguajes sin perder del todo una identidad común.

Existe una lógica de poder: desde Perón y Evita hasta Néstor Kirchner o Cristina Fernández, la conducción personal, la épica y el conflicto ocuparon lugares relevantes en distintas etapas.

¿Está cambiando la sociedad argentina o cambian, frente a cada coyuntura, los valores que coloca en primer plano?"

También existe un fuerte componente de orden. Organización, conducción, verticalidad, sindicatos, nación y comunidad organizada forman parte de una tradición de jerarquías y pertenencias colectivas.

Sobre esa estructura se agregó, especialmente durante las últimas décadas, una lógica más progresista e inclusiva: derechos humanos, género, diversidad, ambiente y reconocimiento de nuevas identidades pasaron a convivir con banderas tradicionales del peronismo.

Esa plasticidad le permitió también desplazarse hacia registros menos habituales. El menemismo puede pensarse como una aventura transitoria hacia la modernidad: durante los años noventa incorporó una lógica asociada al mercado, la eficiencia, las privatizaciones y la reforma del Estado, sin que esa orientación se volviera estable.

La pregunta sobre su futuro no es sólo quién lo conduce, sino qué combinación de valores puede volver a articularlo.

Ahí aparece el carácter dinámico de la Espiral. Una sociedad no abandona necesariamente unos valores para adoptar otros; puede cambiar cuáles coloca en primer plano. La incertidumbre puede aumentar la demanda de estabilidad; la percepción de debilidad, la búsqueda de autoridad; el exceso de regulación, la demanda de libertad; y una confrontación prolongada, el atractivo del diálogo.

Desde allí se abren preguntas para la Argentina actual. ¿Milei puede conservar aquel voto popular que en 2023 encontró representación en su liderazgo confrontativo y rebelde? ¿La distancia con Villarruel expresa sólo una disputa entre dirigentes o también una tensión entre los componentes libertario y conservador de la coalición original?

¿Una “batalla cultural” prolongada puede generar, por contraste, demanda por un liderazgo menos estridente? ¿El peronismo encontrará una nueva síntesis entre épica, orden e inclusión? ¿Y el crecimiento reciente de Myriam Bregman en distintas mediciones de imagen expresa una demanda de liderazgo que combine rebeldía y confrontación ante la menor centralidad de figuras peronistas capaces de condensar ese registro?

Detrás de todas ellas queda una pregunta más amplia: ¿está cambiando la sociedad argentina o cambian, frente a cada coyuntura, los valores que coloca en primer plano?

Quizás allí esté el aporte más fértil del modelo: observar qué valores activa cada liderazgo, cómo los combina y por qué ciertas configuraciones encuentran resonancia en determinados momentos históricos.

Javier Milei en España