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clarin.com · hace 2 horas · Clarin.com - Home

¿Tiene espacio la Argentina en la carrera espacial?

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El 6 de octubre, el New York Times, en una nota firmada por Selam Gebrekidan, daba cuenta de que la NASA prevé tener un reactor nuclear listo para su lanzamiento a la Luna en 2030. Por otra parte, China y Rusia, en conjunto, prevén instalar uno hacia 2036. Es uno de los datos más importantes de la geopolítica de largo plazo.

Ya en marzo de este año, Trump y Xi Jinping habían destacado la importancia estratégica de la carrera espacial, mientras la guerra entre Estados Unidos e Irán y los enfrentamientos en Medio Oriente van extendiendo los conflictos militares en el corto plazo, en un escenario de incertidumbre sobre los riesgos de proliferación nuclear y los controles de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

El protagonismo de la energía nuclear es un elemento clave en esta carrera. Pese a los tratados internacionales que impiden la apropiación territorial de la Luna, está claro que quien llegue primero tendrá una ventaja de hecho para establecer instalaciones y controlar recursos estratégicos, como ha sucedido con los imperios históricamente.

Al mismo tiempo se van debilitando las organizaciones multilaterales. La energía nuclear se vincula con dos áreas claves de la carrera espacial. Por un lado, la necesidad de tener reactores nucleares para el funcionamiento de las bases que podrían instalarse en la Luna y Marte durante la segunda mitad del siglo XXI. Por el otro, la posibilidad de utilizar la energía nuclear para la propulsión de las naves espaciales en esta trascendente competencia.

Simultáneamente, Rusia y China han consolidado una alianza científico-tecnológica en un área central de la competencia de largo plazo por la hegemonía. Ambos países cooperan formalmente en el desarrollo de una estación internacional de investigación lunar, frente al programa Artemis que encabeza Estados Unidos. Es un ámbito en el cual Rusia conserva importantes capacidades tecnológicas, particularmente en materia nuclear, mientras China avanza rápidamente en su desarrollo espacial.

Frente a este panorama, ¿qué rol podría tener un país como Argentina? No es una potencia global ni regional, sino un país intermedio que intenta reorganizarse para obtener un rol más importante en la región y una mayor interlocución en el mundo occidental. Pero se encuentra lejos de las potencias en cuanto a acuerdos y capacidades de cooperación en este campo. Es que los Estados son los protagonistas reales de la carrera espacial, más allá de sus socios privados que han ganado terreno, sobre todo en Estados Unidos.

Un reciente libro de Mario Mariscotti titulado La construcción de un programa atómico en la periferia permite constatar la historia y las posibilidades futuras que podría tener Argentina en este campo.

Desde el Estado -nacional y provincial- pese a la intensa inestabilidad política, se ha ido desarrollando una capacidad en el ámbito nuclear y satelital que puede ser considerada entre las más avanzadas de América Latina. Entre sus logros más importantes se encuentran la instalación de reactores nucleares de investigación en Australia, Perú y Argelia, y la construcción de uno en los Países Bajos. En la órbita de la Jefatura de Gabinete funciona la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, que tiene competencias relevantes en la coordinación de las políticas nacionales de este ámbito.

La empresa Nucleoeléctrica, que opera las tres centrales nucleares argentinas (Atucha I, Atucha II y Embalse) se encuentra en proceso de privatización parcial, aunque el Estado conservaría la mayoría accionaria. ARSAT, que desarrolla y opera satélites de comunicaciones, continúa bajo control estatal. El futuro de INVAP (empresa cuyo accionista es el gobierno provincial de Río Negro) plantea también el debate sobre una eventual apertura a la participación de capitales privados.

Quizás se trata del área estratégica clave para Argentina en su proyección como potencia regional en el largo plazo. No se ha conocido hasta ahora un documento que integre una estrategia nacional nuclear y espacial de largo plazo. Sería prudente que se elaborara y fuera conocido en el corto plazo, dado que la velocidad de los cambios es fundamental hoy en el ámbito científico y tecnológico. Las ofertas para adquirir parte del INVAP ya están sobre la mesa.

El Estado nacional no puede estar ausente en esta estrategia, como sucede en todos los países que protagonizan la carrera espacial. El sector privado puede ser un socio conveniente e incluso necesario en el marco de la política fijada por el Estado nacional.

La Argentina participa en los Acuerdos Artemis, vinculados al programa que impulsa la NASA. Es una agencia estatal que fija plazos (como el objetivo de 2030 para disponer de un reactor nuclear lunar) y mantiene horizontes más difusos para las misiones tripuladas a Marte.

Este programa tiene múltiples articulaciones, desde el reactor nuclear hasta los alimentos que consumirán quienes se instalen transitoria o permanentemente en bases espaciales en la segunda mitad del siglo XXI, y va ampliando la participación a otros países.

Artemis I, realizada en 2022, fue una misión no tripulada; Artemis II, en abril de 2026, llevó tres astronautas estadounidenses y uno canadiense; en Artemis III, prevista para 2027, participarán tres estadounidenses y un italiano, representante de uno de los países europeos con mayor desarrollo satelital.

Esta última misión realizará pruebas en órbita terrestre como preparación para el regreso de astronautas a la superficie lunar previsto para Artemis IV. En Artemis II participó además el microsatélite argentino Atenea, desarrollado por organismos nacionales. ¿Puede un latinoamericano ser astronauta en un futuro Artemis?

La Argentina debe tener un rol en este decisivo campo que Mariscotti plantea como la “construcción de un programa atómico en la periferia”, en la cual claramente se encuentra la Argentina, y no solamente en lo geográfico.

Se trata de decisiones trascendentes que proyectan sus consecuencias a lo largo de todo el siglo XXI y no deben ser resueltas por un simple DNU. Es necesario un debate público como primer paso para elaborar un plan estratégico nacional que le dé a Argentina un rol en la carrera espacial y reúna las capacidades tanto públicas como privadas para articular en conjunto dicho plan.

Rosendo Fraga

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