Campaña 2026/27. Los números de la fertilización cierran, pero hay que hacer las aplicaciones con datos precisos
Hay suficiente humedad para el desarrollo de los cultivos de granos gruesos y los precios acompañan. También se miden favorables relaciones entre los valores de los fertilizantes y de los granos. Una combinación virtuosa. Sin embargo, los resultados de la aplicación de nitrógeno y fósforo pueden no ser los esperados si no se tienen en cuenta algunos recaudos previos y simultáneos a esa operación. El tema fue tratado en una reunión organizada por Fertilizar Asociación Civil, de la cual se rescatan los aspectos salientes.
Para fertilizar con buenos resultados económicos y productivos hay que echar mano a indicadores. Uno de ellos son los requerimientos de cada cultivo. El maíz y la soja requieren 17 nutrientes esenciales, de los cuales los principales son nitrógeno y fósforo. En maíz los requerimientos son de 20 kilos de nitrógeno y 4 kilos de fósforo por cada tonelada de grano producida. En soja, en cambio, se requieren 70 kilos de fósforo y 6 kilos de nitrógeno por tonelada producida.
¿Por qué se reducen los requerimientos de nitrógeno en la soja? Porque gran parte de este nutriente lo toma del aire, a través de bacterias simbióticas que lo ponen a disposición de las raíces. “Se estima que, como promedio nacional, el 60% del nitrógeno consumido por la soja en la Argentina es aportado por las bacterias Rhizobium; por esa razón casi no se fertiliza la soja con nitrógeno”, afirmó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar, en la reunión.
Otro indicador que hay que tener en cuenta para decidir la fertilización de cultivos es el índice de cosecha. Es decir, la planta absorbe una cantidad de nitrógeno y de fósforo pero exporta solo una parte en la cosecha. En el maíz son 14 kilos de nitrógeno y 3 kilos de fósforo por tonelada de rendimiento. Es decir “un maíz de 7700 kilos por hectárea, que es el promedio nacional de los últimos años, exporta alrededor de 108 kilos de nitrógeno y 23 de fósforo por hectárea en cada campaña. Sin embargo, las dosis promedio que se utilizan en el país son de solo 70 kilos de nitrógeno y 12 de fósforo por hectárea”, criticó Ciarlo. De acuerdo con estos datos, “los suelos están proveyendo una parte del consumo y son los costos ocultos que tiene la agricultura en los últimos años”, resaltó.
Otra consideración importante en las decisiones de fertilización son los diferentes comportamientos de los nutrientes en el suelo. El nitrógeno resulta muy móvil y puede perderse por lavado, por ejemplo, en un año llovedor como el actual, para infiltrarse a profundidad. El fósforo, en cambio, es poco móvil, queda retenido en las partículas del suelo y tiene bajo riesgo de lavado. Estos comportamientos deben ser tenidos en cuenta al diseñar las estrategias de aplicación.
Conocidos estos indicadores, para decidir la fertilización se pueden utilizar modelos. En el caso del nitrógeno se considera inicialmente el disponible a la siembra, más la mineralización, más el efecto del cultivo antecesor. Luego, la dosis se calcula en función de un rendimiento objetivo, menos el nitrógeno disponible en el suelo y, de esa manera, se apunta a determinada producción.
Para fósforo, en cambio, se usa el método de fósforo extractable de Bray, que evalúa el contenido del nutriente en los primeros 20 centímetros del suelo y ese valor se compara con el umbral crítico del cultivo. De esa manera, se establece un nivel que orienta sobre la posibilidad de respuesta a la aplicación de fertilizante fosfatado.
Aparte de esos modelos, también se debe considerar la eficiencia agronómica de la aplicación de fertilizante. Es decir, los kilos de granos adicionales por cada kilo de nitrógeno o fósforo aplicados, comparados con un testigo sin fertilización.
Ciarlo alertó que, para alcanzar la mayor eficiencia agronómica, se debe programar una nutrición balanceada, que no sólo considere el nutriente principal, por ejemplo nitrógeno, sino el agregado de otros, como fósforo, azufre, zinc, etc. Si se alcanzan altos niveles de eficiencia agronómica en la nutrición de los cultivos, no solo se consiguen mayores rendimientos, sino que se amortiza mejor el costo del arrendamiento y otros gastos de implantación y protección. Y hay que considerar que, si se utiliza una semilla de calidad, esta herramienta debe ser acompañada por una alta eficiencia en la nutrición de cada cultivo. Por otro lado, una alta eficiencia agronómica también aporta a las cuestiones ambientales y mejora la huella de carbono, al permitir que menos nutrientes se pierdan y que se apliquen específicamente en el cultivo.
Franco Córdoba, responsable de Mercados de Fertilizar, sostuvo que, para decidir o no la aplicación de fertilizantes y las dosis, son importantes las relaciones insumo/producto. Por ejemplo, actualmente, en maíz hay una situación favorable: se requieren 9 kilos de maíz para comprar 1 kilo de fertilizante nitrogenado, una relación que está 8% por debajo respecto de la vigente en los últimos 20 años. Es decir, se requieren menos kilos de maíz para comprar un kilo de este fertilizante. En fósforo, la relación es menos favorable porque se encuentra 13% por encima del promedio de los últimos 20 años.
El técnico resaltó que “es importante tener en cuenta que el fertilizante aumenta el rinde y juega a favor del resultado económico, si acompañan las condiciones de la campaña. Estudios realizados por Fertilizar muestran que si se pasa de una fertilización con 80 kilos de nitrógeno por hectárea a 160 kilos, el margen neto en campo alquilado a 16 quintales de soja por hectárea pasa de un resultado negativo de 105 dólares por hectárea a 299 dólares por hectárea. En tanto, el costo de fertilización es de 134 dólares por hectárea, por lo que la aplicación de fertilizante se paga 2,2 veces con el incremento de producción obtenido en maíz.
En soja, cálculos equivalentes, aumentando la aplicación de fósforo de 9 a 24 kilos por hectárea, permite incrementar el rinde de 3,7 a 4,2 toneladas por hectárea, que significan 74 dólares adicionales por hectárea por la aplicación de fertilizante.
Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar, aseguró que “en la campaña actual se requiere rinde para obtener márgenes brutos rentables”. Es decir, hay que cosechar muchos kilos por hectárea y ese factor importa más que los costos totales o el precio de venta de los granos. “Está bien pelear por el precio de un agroquímico o de una labor, pero es más importante apuntar los cañones a aumentar el rendimiento, lo que permite la licuación de los costos de producción”, agregó.
Según el directivo “los números de la fertilización cierran aún con dosis medianas y altas, por lo que no sería conveniente hacer ajustes bajistas en las dosis de fertilizante, que equivaldrían a disparar un tiro en el pie”.
Sin embargo, recomendó realizar un diagnóstico preciso para ajustar el qué y el cuánto de la fertilización utilizando las mediciones de nitrógeno en el suelo, de nitrógeno anaeróbico y el test de fósforo de Bray. “No es conveniente repetir la misma fórmula de fertilización del año pasado rutinariamente, sino que habría que aplicar sintonía fina para capturar kilos marginales”, aconsejó Rotondaro. “En fertilización hay que tener una visión de largo plazo; el resultado del productor se evalúa año a año, pero se construye, sin dudas, a mediano y largo plazo”, concluyó.
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