Los tres factores a los que atribuyó Javier Milei el nivel actual del riesgo país y cuándo bajaría
El presidente Javier Milei salió a explicar por qué el riesgo país argentino volvió a superar la barrera de los 700 puntos básicos, pese al ajuste fiscal y a la reducción de la deuda que reivindica su gestión. Tras la jornada de ayer martes 20 de octubre en la que el indicador elaborado por JP Morgan llegó a las 710 unidades, el mandatario reconoció que aumentó la percepción de riesgo sobre la Argentina, aunque responsabilizó por ese deterioro al escenario internacional y a la amenaza de un eventual cambio de rumbo político en 2027.
"Vivimos en un mundo convulsionado. Argentina tiene toda una mala historia crediticia por haber sido el máximo defaulteador serial de la historia moderna", sostuvo Milei. A esa combinación sumó un factor doméstico: la oposición, a la que calificó como "una peste peor que los orcos" y acusó de amenazar permanentemente con deshacer las reformas de su gobierno.
El círculo rojo ve un piso de 700 para el riesgo país en la entrada a un año electoral de incertidumbre
Las declaraciones llegaron después de que el martes 20 de octubre el riesgo país alcanzara los 710 puntos básicos durante las primeras operaciones, su mayor nivel desde octubre de 2025, en medio de una caída de los bonos soberanos y un contexto de mayor aversión al riesgo en los mercados internacionales. Si bien el indicador retrocedió durante la rueda y terminó en 672 unidades, la escalada volvió a poner en discusión las dificultades que enfrenta la Argentina para recuperar el acceso al financiamiento externo a tasas sostenibles.
Milei recordó que, cuando ganó las elecciones presidenciales, el indicador se ubicaba cerca de los 3.000 puntos y que posteriormente había logrado descender hasta la zona de los 450. Sin embargo, defendió los fundamentos de su programa económico y destacó que la deuda pública consolidada pasó, según sus cifras, del 100% al 39% del PBI.
"Una vez que se tranquilice el contexto internacional y que el año que viene los argentinos validen este rumbo, Argentina va camino a convertirse en investment grade", afirmó el mandatario, que incluso pronosticó un proceso de crecimiento económico sin precedentes.
La apuesta presidencial vuelve a colocar a las elecciones de 2027 en el centro de las expectativas financieras. Mientras Milei confía en que una ratificación electoral de su programa permitirá reducir drásticamente el costo del financiamiento, los inversores siguen exigiendo una prima de riesgo elevada para mantener deuda argentina. La distancia entre la confianza que expresa el Gobierno y la cautela que muestran los bonos soberanos se convirtió en una de las principales tensiones del mercado.
La explicación de Milei llega en un momento en el que el riesgo país volvió a superar la barrera de los 700 puntos básicos, un nivel que no se registraba desde antes de las elecciones legislativas de 2025. El martes 20 de octubre, el indicador elaborado por JP Morgan alcanzó los 710 puntos durante la rueda, impulsado por una nueva caída de los bonos soberanos en dólares. Los títulos argentinos acumulan pérdidas cercanas al 6% en el último mes, en un escenario de mayor cautela de los inversores frente a los activos de riesgo.
Sin embargo, la preocupación del mercado no se explica únicamente por las turbulencias internacionales. Aun cuando el Gobierno exhibe el equilibrio fiscal como uno de los principales logros de su programa económico, los inversores siguen poniendo en duda la capacidad de la Argentina para afrontar los vencimientos de deuda de los próximos años sin recurrir a nuevas fuentes de financiamiento. En particular, el calendario de pagos de 2027, que supera los USD 21.000 millones, vuelve a colocar en primer plano la necesidad de conseguir dólares y recuperar el acceso al crédito internacional.
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A esa incertidumbre se suma un componente político que empieza a reflejarse con mayor claridad en las cotizaciones de los bonos. El mercado ya está incorporando el riesgo electoral de 2027, ante la posibilidad de que un cambio de gobierno implique modificaciones en el rumbo económico. Esa percepción se observa especialmente en la curva soberana: mientras los títulos con vencimiento dentro del actual mandato ofrecen rendimientos más bajos, aquellos que extienden sus pagos más allá de las elecciones exigen tasas considerablemente superiores. La diferencia refleja que los inversores no solo evalúan la capacidad de pago del país, sino también la continuidad de las políticas económicas.
El escenario internacional tampoco ayuda. El aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, las tensiones geopolíticas y la volatilidad financiera en Europa reducen el apetito por los activos emergentes. Para la Argentina, que todavía mantiene una elevada prima de riesgo frente a otros países de la región, ese contexto resulta especialmente desfavorable. La paradoja es que, pese al superávit fiscal, el país continúa lejos de conseguir financiamiento externo a tasas compatibles con una refinanciación sostenible de su deuda, una distancia que el Gobierno espera acortar con la continuidad de su programa económico y una eventual ratificación electoral en 2027.