← Volver
infobae.com · hace 16 horas · Sixto Cristiani

Elegir diputados y abrir las listas

Infobae

¿A cuántos de los diputados que votamos conocemos? Podemos identificar a quien encabeza una lista, quizás también a quienes lo acompañan en los primeros lugares. Sin embargo, hoy en día nuestro voto puede hacer que ingresen personas que no conocemos. Que no tienen propuestas, ni capacidad, ni trayectoria.

Esto tiene bastante que ver con la forma en que elegimos, porque en la Argentina los partidos presentan una lista de diputados con un orden definido, es decir, una lista cerrada. Por eso la gente vota por las listas sin poder modificarlas. Podemos estar de acuerdo con una candidata que aparece décima, pero para que llegue al Congreso primero tienen que entrar las nueve personas que tiene delante.

El lugar en la lista se vuelve entonces un recurso de enorme valor y quien lo asigna, generalmente el gobernador de su provincia, tiene una influencia decisiva sobre las posibilidades de cada candidato. Si queremos que los diputados respondan más a los intereses de la ciudadanía, cabe preguntarnos qué podemos cambiar para que llegar a una banca dependa más de ella.

Una alternativa son las listas abiertas, como las que utiliza Brasil para elegir diputados. Ahí, el ciudadano puede votar por un candidato o por una agrupación. Los votos que recibe cada candidato también suman al total de su partido o federación, que determina cuántas bancas obtiene. Dentro de esa fuerza, ingresan los candidatos con más votos personales, siempre que cumplan los requisitos establecidos. Tribunal Superior Electoral de Brasil.

Para entenderlo con un ejemplo simplificado: si un partido consigue cuatro bancas, las ocupan sus cuatro candidatos más votados de la boleta. El ciudadano elige una propuesta política y, al mismo tiempo, a la persona que quiere que lo represente.

La Argentina podría incorporar este mecanismo manteniendo la distribución proporcional de bancas entre las agrupaciones y la elección por distritos. Cada fuerza presentaría sus candidatos y el elector podría marcar a quien prefiera. Los votos definirían tanto el resultado del partido como el orden de ingreso de sus integrantes.

Esto podría cambiar la relación entre candidatos y votantes, porque una persona con trabajo en su comunidad tendría la posibilidad de competir por el respaldo ciudadano aunque no fuera la preferida de la conducción partidaria. Un diputado que quisiera renovar su banca necesitaría construir apoyo a partir de lo que hizo durante su mandato. Los partidos seguirían seleccionando candidaturas y ofreciendo programas, pero la ciudadanía tendría mayor intervención en quiénes llegan al Congreso.

Además, las listas abiertas permitirían repensar las PASO para diputados. Si la competencia entre candidatos de una misma agrupación se resolviera en la elección general, podríamos prescindir de una instancia previa para ordenar esas candidaturas. Eso permitiría reducir parte de los gastos de organización electoral.

Ahorrar recursos y ampliar la participación son los objetivos de esta reforma, para lograrlo, también habría que establecer reglas transparentes sobre cómo se accede a las candidaturas: abrir el orden de una lista sirve de poco si competir sigue siendo una posibilidad reservada a unos pocos.

Para avanzar en este cambio no hace falta reformar la Constitución, manteniendo la elección directa por distritos, puede instrumentarse mediante una reforma de la legislación electoral, aprobada por la mayoría absoluta del total de integrantes de cada Cámara.

Por supuesto, hay cuestiones que debemos resolver, porque una campaña centrada en candidatos individuales puede favorecer a quienes tienen más dinero o exposición pública. Por eso hacen falta controles de financiamiento, oportunidades de difusión, garantías de paridad y una boleta que se entienda. La experiencia brasileña sirve para estudiar tanto el mecanismo como sus dificultades.

La forma en que elegimos influye sobre la forma en que nos representan y como se vota en el Congreso. Si queremos que los diputados escuchen más a la ciudadanía, podemos empezar por darle a esa ciudadanía mayor capacidad para decidir quién ocupa cada banca.

Una OTAS para defender el Atlántico Sur