Martín Guzmán aconsejó a los brasileños votar por Lula en vez de seguir el “experimento fracasado” de Milei
El exministro de Economía Martín Guzmán cuestionó el programa de Javier Milei y advirtió a los votantes brasileñosl, en un artículo que firmó junto su mentor académico y Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, y Laura Carvalho, directora en la Open Society Foundations, de George Soros, que un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta brasileña abriría paso a un modelo de ajuste, endeudamiento y dependencia externa similar al que, según su descripción- aplica el actual gobierno argentino.
El texto, publicado en portal internacional Project Syndicate bajo el título “Imitar a Milei perjudicaría a Brasil”, compara las condiciones económicas de Argentina y Brasil. Guzmán y sus coautores sostienen allí que el problema que llevó a Milei a presidir la Argentina fue la inflación, de 211% en 2023, mientras que Brasil registra una inflación de solo 4,2%, por lo que no debería trasladar recetas que provocaron altos costos socioeconómicos y financieros en Argentina. Para el gigante sudamericano, dicen, el desafío es mejorar los ingresos y la calidad del empleo, reducir las tasas de interés y aumentar la inversión, mientras el programa de Milei se concentró en lograr equilibrio fiscal primario, usó el retraso cambiario como ancla de precios y redujo el papel del Estado.
Según el artículo, la eliminación del déficit pivoteó sobre recortes de infraestructura, ciencia y universidades y licuación de jubilaciones y salarios públicos vía la inflación inicial. También cuestiona la baja de impuestos a sectores de altos ingresos y los beneficios tributarios del RIGI, con foco en actividades extractivas. Brasil, dice el artículo, no puede reproducir la licuación inflacionaria del gasto porque su baja capacidad fiscal deriva, sobre todo, del peso de los intereses de la deuda, cercano al 8% del PBI.
En ese punto, Guzmán y sus coautores citan una promesa presidencial y cuestionan la narrativa histórica que la acompaña.
“Milei prometió que ‘la inflación mensual empezaría con cero a mediados de 2026’ (es decir, que caería por debajo del 1%). Se suponía que, mientras tanto, la inversión se dispararía y lograría que ‘Argentina vuelva a ser grande’; ese eslogan se basa en un mito nostálgico, según el cual las exportaciones de cereales y carne vacuna de finales del siglo XIX la convirtieron en una potencia económica”, dice un pasaje del artículo, que subraya que la baja de la inflación tuvo costos sobre la actividad y el empleo.
También se cuestiona la viabilidad de la estrategia oficial: “Milei sobreestimó la velocidad con la que descendería la inflación y subestimó el daño que sus políticas infligirían a la economía y al mercado laboral. La inflación ha bajado, aunque dista de cero: la última tasa interanual es del 33,5% y es dudoso que el modelo actual de desinflación sea sostenible a mediano plazo”, dice otro pasaje.
El texto atribuye parte de la desinflación al retraso cambiario y al financiamiento externo, recordando el acuerdo con el FMI de 2025 de USD 20.000 millones, del que la Argentina ya recibió USD 15.000 millones. Destaca que la deuda con el Fondo llegó a USD 57.000 millones y “condicionará a la economía argentina durante los próximos años”.
El texto enumera deterioro laboral, endeudamiento y dos crisis cambiarias, una caída de 8% de los salarios reales desde el inicio del gobierno de Milei; un alza del desempleo, de 5,7% a 7,9%; y un aumento de la informalidad.
Los autores también citan el 12,8% de mora en créditos personales, contra 4,5% un año atrás, debido a la dificultad de las familias para sostener sus deudas, y destacan que en el segundo trimestre de 2026 la inversión cayó 11,1% y el PBI 0,6% del PBI y que en julio el nivel de actividad cayó 2,9%, iniciando una casi segura “recesión técnica”.
“Argentina se ha convertido, de hecho, en un Estado cliente de Estados Unidos”, dice el texto tras referir el auxilio financiero que el Tesoro norteamericano brindó en la previa de las elecciones legislativas de 2025. Esa dependencia, añade, condiciona la política exterior.
Tras describir esa serie de supuestas calamidades, Guzmán y sus socios exhortan a Brasil a preservar la autonomía obtenida tras cancelar la deuda con el FMI en 2005. El balotaje electoral, afirman, es una elección entre un camino basado en la diversificación productiva y otro primario, de retracción del mercado interno y dependencia de Estados Unidos.
Cabe recordar que Guzmán dejó el cargo de ministro de Economía el 2 de julio de 2022, posteando en Twitter su renuncia dirigida al entonces presidente Alberto Fernández al cabo de un mes de tensión y corrida en el mercado de deuda en pesos y una disputa política con el sector kirchnerista del Frente de Todos.
La corrida se había iniciado a principios de junio, cuando Enarsa, necesitada de liquidez para pagar importaciones de gas, rescató fondos administrados por Pellegrini, gestora vinculada al Banco Nación. La venta de bonos ajustados por CER ahondó la desconfianza sobre la deuda en moneda local y el BCRA debió intervenir para sostener las cotizaciones.
En el último mes de gestión de Guzmán, la inflación fue de 5,3%, equivalente al 86% anual, y el riesgo país superaba los 2.400 puntos, en un escenario de reservas escasas y vencimientos crecientes de títulos en pesos del Tesoro cuya constante emisión el ministro elogiaba como “financiamiento neto positivo”.
La deuda en dólares había sido restructurada poco menos de dos años antes. Aquella reestructuración fue recordada estos días por Marcelo Blanco, exCEO de Deutsche Bank Argentina, quien sostuvo que el diseño de los bonos en dólares emitidos en 2020 agrega al menos 150 puntos básicos al actual riesgo país argentino. Igualmente, Guzmán se siente con autoridad como para decirles a los brasileños a quién deben votar.