Argentina y Estados Unidos, una relación cada vez más cercana: transparencia fiscal, comercio y nuevas oportunidades de inversión
La relación entre la Argentina y los Estados Unidos atraviesa un momento de especial cercanía. La afinidad política entre ambos gobiernos es lo más visible; sin embargo, detrás de esa relación política, se viene desarrollando un proceso más relevante para quienes hacen negocios, invierten o trabajan profesionalmente entre ambos países, lo que significa una mayor integración económica, fiscal y comercial.
Ello no responde a una sola medida, sino que son distintos cambios que empiezan a modificar el escenario en el que se desenvuelven empresas e inversores de ambos mercados.
El intercambio automático de información financiera bajo FATCA ya forma parte de esa nueva realidad. Al mismo tiempo, el reciente Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíprocos busca reducir barreras, facilitar el intercambio de bienes y servicios y generar mejores condiciones para la inversión bilateral.
Ambos van en una misma dirección, ya que por un lado aumenta la transparencia sobre los capitales y las inversiones internacionales y, por el otro, se intenta facilitar el movimiento de bienes, servicios y proyectos entre ambos países.
No se trata de una relación económica marginal, ya que solo el comercio de bienes entre Argentina y Estados Unidos alcanzó el año pasado, una suma aproximada de US$ 18.200 millones. Para quienes trabajan entre ambos mercados, entender hacia dónde se dirige esta relación será cada vez más importante.
Durante muchos años existió en la Argentina una percepción bastante extendida en cuanto a que una cuenta bancaria o una inversión mantenida en los Estados Unidos permanecía, salvo circunstancias excepcionales, fuera del conocimiento automático de la administración tributaria argentina. Eso cambió.
En diciembre de 2022 ambos países firmaron un acuerdo para implementar el Foreign Account Tax Compliance Act (FATCA) que establece un mecanismo de intercambio automático de determinada información financiera entre ambos países.
El primer intercambio efectivo se produjo en 2024, y el último, acaba de concretarse a fines de septiembre. Así las cosas, FATCA dejó de ser una discusión teórica para convertirse en una realidad operativa.
Sin embargo, alrededor del régimen han circulado interpretaciones muy diversas sobre su verdadero alcance. Algunas minimizan completamente sus efectos, otras sugieren que ARCA puede acceder prácticamente a cualquier activo o movimiento financiero de un contribuyente en Estados Unidos. En la realidad ninguno de esos extremos describe correctamente el funcionamiento del sistema.
FATCA establece procedimientos mediante los cuales las instituciones financieras identifican determinadas cuentas reportables y las administraciones tributarias intercambian la información expresamente prevista en el acuerdo.
En la información enviada desde Estados Unidos hacia Argentina pueden incluirse datos como el nombre, domicilio e identificación fiscal del titular, la institución financiera, el número de cuenta y determinados ingresos de fuente estadounidense, entre ellos intereses y dividendos, cuando se cumplen las condiciones establecidas por el régimen. Pero eso no significa que Argentina reciba indiscriminadamente toda la información financiera de una persona ni el acceso abierto a todos sus movimientos bancarios en Estados Unidos.
Además, hay una característica para tener en cuenta, ya que aunque el acuerdo es recíproco, la información intercambiada en una dirección y en la otra no es exactamente la misma.Conocer estas diferencias, sin embargo, no significa buscar espacios de evasión o elusión. Significa entender correctamente un régimen de transparencia fiscal que llegó para quedarse y evitar tanto falsas seguridades como preocupaciones innecesarias.
Algo parecido ocurre con las sociedades estadounidenses.La existencia de una LLC por sí sola no determina automáticamente qué información será reportada. El tratamiento dependerá de la naturaleza de la entidad, del tipo de cuenta, de la actividad que realiza y, en determinados casos, de quiénes ejercen su control.
Más allá de las particularidades técnicas, la tendencia es clara. La actividad económica internacional es cada vez más transparente y la información fiscal circula con mayor facilidad entre jurisdicciones. Eso también cambia la forma en que debe pensarse una inversión internacional. Ya no alcanza con preguntarse dónde invertir o cuál será el rendimiento esperado. La estructura societaria, el tratamiento fiscal, las obligaciones de información y la documentación de la operación forman parte de la misma decisión.
Para quien trabaja seriamente en inversiones internacionales, la transparencia no debería verse exclusivamente como una carga regulatoria, sino también como una condición necesaria para construir estructuras sostenibles en el tiempo.
La relación entre Argentina y Estados Unidos no termina en la mentada cuestión fiscal. El 5 de febrero de 2026 ambos países firmaron el Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíprocos, que apunta a modificar distintas condiciones bajo las cuales empresas argentinas y estadounidenses se relacionan comercialmente.
Aunque todavía resta completar los procedimientos necesarios para su entrada en vigor, la firma del acuerdo permite entender con bastante claridad la orientación que ambos países quieren darle a su relación económica y eso va bastante más allá de una simple reducción de aranceles, lo cual hoy es apenas una parte del problema.
En muchas operaciones internacionales una certificación duplicada, una licencia de importación, una exigencia regulatoria o un trámite aduanero complejo pueden tener tanto impacto económico como el propio arancel.
Y el acuerdo aborda varias de esas cuestiones. Incluye compromisos relacionados con licencias de importación, procedimientos aduaneros, estándares técnicos y sanitarios, propiedad intelectual, servicios y comercio digital. También incorpora sectores estratégicos como energía, minerales críticos, telecomunicaciones, transporte e infraestructura.
En determinados productos, tanto del sector automotor como medicamentos y dispositivos médicos, Argentina prevé reconocer estándares estadounidenses o internacionales y simplificar procedimientos de conformidad.
Argentina, a su vez, con los bienes agrícolas y regionales, algunas frutas, té y yerba mate, entre otros productos, encuentra oportunidades de otro tipo en el mercado estadounidense. El acuerdo contempla tratamientos preferenciales para diferentes posiciones arancelarias y establece condiciones específicas para ciertos productos argentinos que podrán quedar exceptuados de determinados aranceles adicionales o acceder a tasas recíprocas reducidas o iguales a cero.
No obstante, sin perjuicio de esta mención específica de productos, Argentina tiene ventajas competitivas claras en alimentos, agroindustria, energía, minería y determinados servicios profesionales y tecnológicos. Estados Unidos, por su parte, es uno de los mayores mercados de consumo del mundo y, al mismo tiempo, una fuente central de capital, tecnología y financiamiento.
El acuerdo contempla también la posibilidad de impulsar determinados proyectos mediante instituciones estadounidenses como el Export-Import Bank y la U.S. International Development Finance Corporation, junto con participación privada.
Naturalmente, ningún acuerdo comercial puede reemplazar las condiciones básicas que exige una inversión de largo plazo. La estabilidad económica, la seguridad jurídica, la previsibilidad regulatoria y la capacidad de repago siguen siendo determinantes.
Ningún inversor de largo plazo prescinde de esas variables porque exista una relación política favorable entre dos gobiernos.Pero un acuerdo puede contribuir a construir el marco dentro del cual esas inversiones se analizan y eventualmente se concretan.
Una inversión internacional empieza mucho antes de que llegue el dinero. Empieza cuando un inversor entiende una oportunidad, puede medir sus riesgos y encuentra una estructura jurídica, fiscal y financiera que le permita ejecutarla.
En este sentido, la cercanía política actual entre Argentina y Estados Unidos puede acelerar procesos que en otras circunstancias llevarían bastante más tiempo. Pero la afinidad política, por sí sola, no genera exportaciones ni inversiones.
Puede abrir puertas, facilitar acuerdos o mejorar el clima entre ambos países. A partir de ahí empieza otra etapa, bastante menos visible, que es la de convertir esas condiciones en negocios concretos.
Hacer negocios entre Argentina y Estados Unidos significa desenvolverse entre dos culturas empresariales, dos sistemas fiscales, dos marcos regulatorios y dos maneras diferentes de evaluar riesgos y oportunidades.
No alcanza sólo con tener un buen producto argentino para vender en Estados Unidos. Tampoco alcanza con disponer de capital estadounidense interesado en invertir en Argentina.
Entre ambas puntas hay que construir la estructura que permita que la operación funcione. Cuanto mayor sea la integración entre Argentina y Estados Unidos, mayor será también la necesidad de empresas, inversores y profesionales capaces de comprender simultáneamente las reglas de ambos mercados.
Argentina tiene recursos naturales, talento, capacidad productiva y una importante necesidad de inversión. Estados Unidos aporta capital, tecnología, escala y uno de los mercados más sofisticados del mundo.
El desafío está en conectar esas dos realidades. Y es probablemente ahí, entre el capital disponible y los proyectos que lo necesitan, entre las reglas de cada mercado y las oportunidades que se abren, donde aparezcan algunos de los negocios más interesantes de esta nueva etapa de la relación entre Argentina y Estados Unidos.
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