Javier Milei elogia el empleo informal, pero los trabajadores cobran la mitad y pierden la obra social
Los ingresos de los trabajadores informales no llegan ni al 50% de los registrados según el INDEC. Crece el porcentaje de personas sin acceso a cobertura de salud. Se multiplican las filas para conseguir empleo.
Apareció en el Gobierno un extraño elogio de la informalidad. Desde el presidente Javier Milei hasta el secretario de Trabajo, Julio Cordero, pasando por el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, destacaron como un dato positivo el crecimiento de ese segmento en los últimos meses. Pero los salarios son cada vez más bajos, la cobertura de salud está en su piso histórico y las encuestas marcan que el grueso de los argentinos desearía tener un empleo en blanco. Se multiplican las filas para conseguir trabajo y los empresarios se preguntan si no será un problema para la campaña del Presidente.
“Los empleos informales crecieron en más de 510.000 puestos, son los que evitan el sistema”, se regocijó Menem en diálogo con La Nación+ el fin de semana pasado. En el Congreso, el Secretario de Trabajo redobló la apuesta: “Hay personas que no quieren trabajar en relación de dependencia con las obligaciones que conlleva, quieren contar con la libertad de tener un trabajo por cuenta propia”.
Más allá de casos puntuales, que pueden existir, los datos e imágenes de la Argentina muestran una realidad totalmente opuesta a la que describe el Gobierno. Según el INDEC, los ingresos de los asalariados con descuento jubilatorio alcanzaron, en promedio, los $1.433.794 en el segundo trimestre del año, mientras que los asalariados sin descuento jubilatorio promediaron los $706.000.
Los ingresos de los trabajadores informales no solo representan alrededor de la mitad de los que perciben los registrados, sino que además vienen retrocediendo incluso en términos nominales. De acuerdo con el propio organismo oficial, en el primer trimestre habían promediado los $731.000, unos $25.000 más que en el segundo. Esto quiere decir que, de un período a otro, se desplomaron cerca de un 3,4% nominal y más del 10% en términos reales.
Como en general a los trabajadores les gusta ganar más dinero y no menos, más del 70% de los argentinos expresó que desearía tener un trabajo en blanco, según un reciente informe de la consultora Sentimientos Públicos. Esa aspiración choca contra un programa económico que lleva catorce meses consecutivos expulsando trabajadores del sector formal y que perdió más de 370.000 puestos desde diciembre de 2023.
Ámbito relevó más de 25 noticias publicadas en medios de todo el país durante los últimos seis meses que dan cuenta de filas multitudinarias para conseguir trabajo. Solo entre septiembre y octubre se registraron casos como el de una parrilla en Berazategui, que congregó a mil personas; las cinco cuadras de fila en la ciudad de Córdoba; o el episodio de esta semana en Moreno, con más de 2.000 postulantes para treinta puestos en un bazar.
Bajo la premisa de que impulsaría el empleo registrado, en febrero el Gobierno consiguió las mayorías parlamentarias necesarias para sancionar una reforma laboral. Desde entonces, la cantidad de trabajadores en el sector registrado no ha hecho otra cosa que caer sistemáticamente.
La caída del empleo registrado estuvo acompañada por una mayor precarización y niveles más altos de desempleo. “Las plataformas comienzan a saturarse, lo que no necesariamente está saturado es la venta directa u otros tipos de cuentapropismo que también funcionan como estrategia de refugio”, explicó el abogado laboralista Juan Manuel Ottaviano.
En esa línea, destacó otro dato: “Buena parte de la mortalidad de empresas de los últimos años son microempresas unipersonales, emprendedores que habían alcanzado a armar algún tipo de organización con la expectativa de contratar algún colaborador y ahora se están cayendo”.
Ottaviano habla de una “informalidad empresarial” que se transforma al mismo tiempo en “informalidad laboral”. Lo curioso es que, como parte de la modernización laboral incluida en la Ley Bases, se creó un instrumento específico para estos casos: la figura del trabajador independiente con colaboradores. Según el último informe del jefe de Gabinete, Diego Santilli, al Congreso, desde 2024 hasta hoy se inscribieron apenas 14.000 personas en esa categoría, creada para permitir la incorporación de hasta tres colaboradores independientes sin establecer una relación de dependencia.
La idea de que la informalidad es un paraíso que los trabajadores eligen no solo choca contra el hecho de que los ingresos son mucho menores que en el sector registrado. También tiene otros efectos colaterales, como un desplome histórico en el porcentaje de trabajadores que acceden a una cobertura de salud.
Según los datos del INDEC que procesó la exministra de Desarrollo Social de la Ciudad, María Migliore, el porcentaje de personas que no tienen obra social ni prepaga saltó del 30% en 2024 a más del 34% este año. La situación es sensiblemente peor entre los jóvenes de 18 a 29 años, donde la proporción pasó del 41% en 2024 al 49,8% en el último registro de este año.
Es sencillo: sin recibo de sueldo no hay obra social para la familia y pagar una prepaga es prácticamente imposible para los trabajadores informales, cuyos ingresos laborales promedian poco más de $700.000 y vienen en caída libre durante este año.
Como si fuera poco, el Gobierno publicó una resolución que elimina prácticamente por completo el programa REMEDIAR. Por esa vía, unos quince millones de personas accedían a 128 medicamentos gratuitos en 8.100 centros de salud de todo el país. Ahora solo se van a distribuir seis principios activos y ya se contabiliza un recorte presupuestario del 72%.
Entre los medicamentos que dejarán de repartirse hay fármacos vinculados al tratamiento de enfermedades crónicas, como la hipertensión, la diabetes y los problemas cardíacos, además de la bronquitis, entre otras afecciones. Fuentes del sector le dijeron a Ámbito que desde 2023 caen sin descanso las unidades de medicamentos vendidas. En 2025, el desplome fue del 3,2%. Al mismo tiempo, se multiplican los amparos judiciales para acceder a los remedios.
Lejos de ser una elección, el trabajo informal aparece mayoritariamente como un rebusque, un amortiguador frente al desempleo. Es el caso de Diego Zyncenko, un hombre de 46 años que desde junio está sin trabajo fijo y reúne unos $600.000 mensuales entre tareas de pintura, cortes de pasto y otras actividades. “Pasé de tener una vida más o menos normal al vacío completo, vivo el día a día”, remató.
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