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clarin.com · hace 6 horas · Clarin.com - Home

El Niño: impactos económicos, políticos y sociales

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El fenómeno climático conocido como El Niño se está intensificando y podría alcanzar niveles extremos, con consecuencias económicas y sociales significativas.

Al mismo tiempo, la Argentina se aproxima a un año electoral. Esas consecuencias pueden influir en el ánimo de los votantes. Como la coincidencia entre El Niño y las elecciones ha sido frecuente, revisar el pasado ayuda a interpretar lo que viene.

El Niño tiene alcance mundial y reaparece a intervalos irregulares. El episodio de 1877-1878 estuvo asociado a una catástrofe mundial: una gran hambruna que afectó a tres continentes y provocó decenas de millones de muertes. La sequía fue un factor decisivo, pero las condiciones económicas y sociales agravaron sus consecuencias.

No todos los países salen perjudicados. Un estudio de Cashin, Mohaddes y Raissi, publicado en 2017, ubica a la Argentina entre las economías que pueden beneficiarse de El Niño, junto con Estados Unidos, Canadá y México. Australia, India, Indonesia, Chile y Sudáfrica, en cambio, presentan caídas transitorias de actividad.

En el sur de América Latina, el patrón habitual es una mayor probabilidad de lluvias en el Litoral, el noreste argentino, la Pampa húmeda, Uruguay, el sur de Brasil y Paraguay. Esa humedad puede mejorar los rendimientos agrícolas y, a la vez, provocar inundaciones. Las crecidas de los grandes ríos llegan con rezago: el riesgo puede persistir aunque el fenómeno oceánico empiece a debilitarse.

Los antecedentes argentinos muestran esa doble cara. El episodio de 1982-1983 provocó una crecida extraordinaria del sistema Paraná-Paraguay, unos 300.000 evacuados y casi cuatro millones de hectáreas inundadas.

La CEPAL recoge daños y pérdidas por 1.500 millones de dólares de la época. Para 1997-1998, la estimación fue de 2.500 millones, también a valores de entonces.

El diagnóstico de la NOAA del 8 de octubre prevé un episodio fuerte o muy fuerte hasta enero-marzo de 2027, con más de 83% de probabilidad. Su intensidad oceánica no anticipa por sí sola el daño local: importan la distribución de las lluvias, la humedad del suelo y el estado de las cuencas.

En términos económicos, la señal histórica es favorable para la soja y el maíz de la región núcleo. Una mejor disponibilidad de agua eleva su potencial productivo. Pero parte de las grandes recuperaciones ocurrió después de sequías severas: ese rebote no es una ganancia repetible cada vez que llega El Niño. También pesan la superficie sembrada, la tecnología y la sanidad.

En abril de 2016, las lluvias en plena cosecha causaron pérdidas que la Bolsa de Comercio de Rosario estimó en 5,7 millones de toneladas de soja en Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba. El agua que antes favorecía al cultivo terminó dañando los granos e impidiendo cosechar.

El efecto sobre el producto total es menos nítido. Los términos del intercambio, los desequilibrios fiscales y externos, las corridas contra el peso y la confianza pueden pesar más que la cosecha. Una mejora agropecuaria impulsa el transporte, la molienda y el comercio, sin resolver por sí sola los problemas macroeconómicos.

Además, los beneficios y los costos no recaen sobre las mismas personas. Una buena cosecha nacional puede convivir con pérdidas de viviendas, caminos, ganado y cultivos en las zonas bajas del Litoral. Las evacuaciones interrumpen el trabajo, la educación y la vida familiar. La ganancia del conjunto no compensa automáticamente a quienes pierden su patrimonio. Eso exige prevención y asistencia.

En el plano electoral, la historia no muestra una relación mecánica entre El Niño y los resultados nacionales. La inflación, la recesión y la confianza han tenido mayor relevancia. A nivel local, la respuesta a las inundaciones puede influir en la evaluación de los gobiernos.

Esta vez, una buena cosecha aportaría divisas durante el segundo trimestre de 2027 y daría mayor margen económico antes de los comicios. Pero una crecida prolongada pondría a prueba a gobernadores e intendentes del Litoral. El saldo político dependerá tanto de la economía como de la capacidad de atender la emergencia.

El análisis tampoco termina en la frontera. En Brasil, El Niño suele asociarse con excesos de lluvia en el sur y menor disponibilidad de agua en otras regiones. Un atraso en la siembra de soja puede demorar el maíz de segunda y dejarlo más expuesto a la falta de lluvias. Si esas pérdidas reducen la oferta exportable, podrían sostener los precios internacionales y mejorar el ingreso argentino.

El Instituto Mato-grossense de Economía Agropecuaria ya proyecta para 2026/27 una caída del 7,5% en la producción de maíz de Mato Grosso, incorporando riesgos climáticos. Esa estimación no abarca todo Brasil. Las proyecciones deberán revisarse con el avance de las siembras y las lluvias efectivas.

Aún es temprano para cerrar la cuenta de 2027. Una mejor cosecha, precios favorables y una respuesta eficaz a las emergencias pueden hacer la diferencia. El Niño ofrece una oportunidad económica, pero exige prepararse para costos sociales que ningún promedio nacional debería ocultar.

Ricardo Arriazu

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