Malvinas: Es hora de que la diplomacia vuelva a ocupar el lugar que la guerra alguna vez desplazó
Durante los quince años anteriores a la guerra de 1982, las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur atravesaron una etapa diplomática capaz de producir alternativas concretas hacia una solución definitiva.
A partir de la resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU), adoptada sin ningún voto en contra, los archivos diplomáticos muestran que Argentina y el Reino Unido mantuvieron sucesivas negociaciones en la que llegaron a considerar un abanico de fórmulas desde la formal transferencia de la soberanía, condominio, administración conjunta y hasta un mecanismo de retro arriendó de las islas.
El Memorándum de Entendimiento de 1968 presentado por el Reino Unido reconocía implícitamente la soberanía argentina sobre las Islas y, como contrapartida a fijar fecha para la transferencia, salvaguardias argentinas sobre los intereses de los isleños.
Pese a que Londres adujo dificultas de orden político interno para interrumpir su implementación fue el antecedente que enmarcó el proceso que a partir de 1971 se concentró en medidas prácticas tendientes a favorecer las comunicaciones, los servicios y los vínculos entre las Islas y el continente como puente constructivo hacia una solución.
En 1973, AGNU aprobó la Resolución 3160 (XX) que instó a acelerar las negociaciones. Sobre esta base en junio de 1974, el Reino Unido propuso un plan de soberanía y administración compartida (condominio) como paso previo a una solución definitiva de la disputa. La idea de fondo era inédita al plantear que ambos países ejerciesen conjuntamente la autoridad sobre las islas. Pese a que el presidente Juan D. Perón aceptó el plan británico sin alteración alguna, tras su fallecimiento Argentina agregó enmiendas que fueron rechazas por Londres.
A partir de 1975 volvió a circular la noción de condominio o administración conjunta, sin mayor éxito y afectada por una misión encabezada por Lord Shackleton en enero 1976, sin consentimiento argentino, para estudiar las posibilidades de desarrollo de las Islas que incluía estudios geológicos. Sin embargo, en 1977 se vuelve a restablecer un marco formal para negociar “futuras relaciones políticas incluyendo la soberanía” y la cooperación económica.
En 1980 Londres promovió un cambio de enfoque que consistía en la transferencia de soberanía de las Islas a la Argentina, acompañada por un arrendamiento de largo plazo de los archipiélagos al Reino Unido. La fórmula suele conocerse como leaseback o retroarriendo. Buenos Aires mostro interés y las conversaciones se concentraron en la duración del arrendamiento. La propuesta tampoco prosperó pese a que Londres había sugerido que las conversaciones fueran secretas para evitar la interferencia de los intereses de la principal empresa isleña que había condicionado las negociaciones anteriores.
Entre 1981 y 1982 el “animus concilliandi” se fue diluyendo. A tal punto que en 1981Londres propugnó congelar la cuestión de la soberanía y la Argentina, en febrero de 1982 en Nueva York, planteo crear una Comisión Permanente de Negociación para dar continuidad e institucionalidad al dialogo diplomático que se estaba desvaneciendo. Pero las cartas ya estaban echadas y fueron clausurando las perspectivas de una solución pacífica.
Es de lamentar que a más de cuatro décadas del fin de la guerra el Reino Unido siga obstinado en desconocer los esfuerzos diplomáticos del pasado. En particular cuando fue el partido laborista en tiempos de Harold Wilson el que contempló fórmulas concretas de reconocimiento y transferencia de la soberanía de las Islas Malvinas a la Argentina.
La negativa a honrar el camino diplomático recorrido y la decisión de avanzar en actos unilaterales no hacen más que profundizar una situación de tensión e injusticia en el Atlántico Sur. Es hora de que la diplomacia vuelva a ocupar el lugar de privilegio que la guerra alguna vez desplazó.
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