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clarin.com · hace 13 horas · Clarin.com - Home

Gramáticas del poder: Axel adelanta, Cristina retrasa

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La gramática electoral del peronismo es simple, y le genera confianza para 2027:

1) ser oposición es hoy un activo, si se mira lo que pasa en el mundo. Los procesos electorales suelen condenar a los oficialismos a la derrota. Aunque este factor se contradice con la ola de gobiernos conservadores que se extiende por la región.

2) En el país del balotaje, gana el partido del balotaje. El peronismo, que tiene menos votos que el no peronismo, puede perder una primera vuelta, pero en la segunda puede alcanzar una victoria, si se cumple el adagio que suelen recordar los politólogos de que «se elige en la primera vuelta y se elimina en la segunda». Es decir que una mayoría de segunda vuelta puede corresponder a opciones iniciales que claramente eran minoritarias. Ocurrió en 2015 y ganó Macri. Se repitió en 2023 y gobernó, sin ganar, Milei.

3) La necesidad de elegir ya mismo un sistema de decisión de las candidaturas, haya o no PASO -

4) Asegurar la unidad en el nivel de la dirigencia. Este factor, imprescindible para montar alguna estrategia competitiva, está trizado en el nivel de la dirigencia, así como, por el contrario, se mantiene blindado en el nivel de la base.

Contra viento y marea y aun con gobiernos fracasados como el de 2019-2023, el pejotismo ha retenido el porcentaje histórico de votos. En 2025 llegó a retener 34% de los votos, en 2023 obtuvo el 44% en el balotaje. Prueba de esa compacidad de la fuerza es que casi empató las elecciones nacionales en Buenos Aires el año pasado.

Las elecciones de medio término en Buenos Aires siempre fueron un disgusto para el PJ y sus aliados. La candidatura de Jorge Taiana estuvo a menos de un punto del ganador, Diego Santilli, representando una alianza con La Libertad Avanza. Taiana perdió por 29.354 votos frente a Santilli. Si el PJ hubiera arreglado los tantos con el disidente Fernando Gray, que sacó por suyas 79.215 votos, hubieran ganado esa elección.

El pejotismo, rótulo que describe mejor a la fuerza hoy ofrecida al público en múltiples sabores, no tiene liderazgo desde la salida del escenario de Carlos Menem en 1989. Lleva un cuarto de siglo de jefaturas circunscritas al AMBA, lo que ha ido achicando a esa fuerza hasta tener hoy la menor expresión de su historia: la menor cantidad de gobernadores, han perdido la primera minoría en las dos cámaras del Congreso. Es una herencia de la hegemonías del duhaldo-kirchnerismo sobre el partido nacional.

Creer que la causa es la perversidad de sus adversarios es una simplificación. También ha resignado el control que históricamente tuvo sobre la justicia al perder el dominio del Senado de la Nación. Esta gramática sigue más al sentido común que a un acuerdo estratégico entre sus caciques.

El punto más alto de entendimiento se produjo el 11 de agosto pasado, cuando se reunieron en el hotel Emperador un grupo de gobernadores del peronismo —al que se sumó el santiagueño Gerardo Zamora - entre quienes estaban Axel Kicillof y Ricardo Quintela, el infante Máximo como representante de su mamá, Sergio Massa y los jefes legislativos José Mayans —hoy a cargo de la marca PJ— y Germán Martínez. Se olieron las partes y se desplegaron con movimientos que alcanzaron este fin de semana un nuevo pico con el pretexto de recordar el 17 de octubre de 1945.

Obsesivos del punto 4 de esa gramática —la necesidad de mantener la unidad— algunos dirigentes parecen jugar a todos los números del paño. Por esa voluntad de unificarse se entiende que Jorge Capitanich haya tenido en el Chaco a Axel Kicillof una semana después de la cumbre del hotel Emperador, el 19 de agosto y que haya acompañado el miércoles de esta semana a Julio Alak —intendente de La Plata y hombre fuerte en la mesa del axelismo bonaerense— en una conferencia partidaria en Necochea, o que este sábado haya recibido a Máximo en su provincia.

Para el 21 de noviembre espera montar un escenario en el Chaco con dirigentes del Norte Grande al que espera asistan Ricardo Quintela, y los Sergios, Massa y Uñac.

La prisa de este armado expone a la especulación de que hay que unificar no solo la fuerza, sino la estrategia. El pejotismo se resiente, según este ángulo, de que Cristina Kirchner insista en la campaña para su candidatura o Axel la suya, cuando los dos administran el mismo distrito: Buenos Aires.

Lo de Cristina termina atrasando y postergando los tiempos hasta el año que viene. Lo de ella depende de instancias judiciales internacionales inmanejables desde la voluntad partidaria y con un resultado incierto.

La campaña de Axel, en cambio, opera como un adelantamiento apresurado de los tiempos. El despliegue territorial del peronismo con el pretexto socorrido de celebrar el 17 de octubre exhibe la coincidencia mínima de los punteros nacionales. Huelen las dificultades del oficialismo de enfrentar el 2027 con herramientas de una fuerza débil.

La cúpula del partido se reparte entre la jefatura de Cristina de Kirchner y Axel Kicillof en el área metropolitana y algunos dirigentes que manifiestan aspiraciones de protagonismo en las elecciones del año que viene. La tensión histórica del peronismo entre el interior y el AMBA les impide una conducción unificada porque sus objetivos y sus métodos son divergentes y hasta contradictorios.

Lo prueba que el PJ y sus aliados permanezcan en una oposición de bloqueo del gobierno que no cede mucho, y otro frente, el interior, que se desvela por acercarse al gobierno y medrar con acuerdos basados en la necesidad de los gobernadores y la necesidad de Olivos de sobrevivir hasta que aparezca algún cisne negro que les permita una reelección de Javier Milei.

El oficialismo cree tener la delantera porque entretiene a la barra con la opción falsa de PASO sí/PASO no. La opción real es Acuerdo Sí/Acuerdo No. Y acuerdo va a haber. La frase que repite Cristian Ritondo, navegante de aguas divididas, es clara: si hay acuerdo no habrá PASO; si no, vamos a la PASO.

En la agenda de Santilli se mueven con la seguridad de que habrá acuerdo. El gobierno está dispuesto a entregar todo a cambio de un pacto que le ceda a Javier Milei la representación única como candidato del espectro del centro derecha moderado que le dio el cargo en 2023 y que le ha permitido gobernar hasta ahora. Es la única posibilidad de que tenga alguna competitividad en las presidenciales el año que viene. Subió con voto prestado, gobierna con voto prestado, quiere repetir con voto prestado. Y eso tiene una prenda. ¿Cuál? Lo que quiera usted.

El rechazo a las PASO, contra lo que dice el propio gobierno, no es para quitarle una carta de juego al peronismo. El PJ y sus aliados siempre encuentran alguna forma de unificarse, y nunca pasa por una interna ni una primaria. Tuvieron una sola que funcionó, que fue la de Menem-Cafiero de 1988. Y nunca más. Porque la otra que hicieron en Buenos Aires entre Aníbal y Julián por la gobernación, fue nefasta para su suerte.

Los precipitó al abismo en las nacionales de aquel año, que ungieron a Macri en la presidencia y a María Eugenia Vidal en la gobernación. Todo por ir a una interna. El mismo método destruyó a Cambiemos en 2023, cuando se enfrentaron Patricia y Horacio y se quedaron sin el pan, sin la torta, y afuera del balotaje.

El rechazo a las PASO es para sacarle la carta de juego a los aspirantes a disputarle a Milei su representación del espectro de centro hacia la derecha, que es el que tiene los votos mayoritarios en la Argentina, hasta ahora con cualquier candidato.

En esa fila se alinean Macri, Hernán Lacunza, Patricia Bullrich, Victoria Villarruel y algún representante de la Unión Cívica Radical, que en su nombre tiene pensado armar una cumbre nacional. Será en la localidad cordobesa de Villa Giardino, santuario de las grandes conspiraciones partidarias. Trabajan para ese encuentro el grupo de "Radicales, ¡estamos a tiempo!" que animan, entre otros, Jesús Rodríguez, Mario Negri, Ernesto Sanz y otros referentes del radicalismo de "los normales".

Con estos competidores, a quien no le conviene las PASO es al gobierno. El ruido lo pone Mauricio Macri, que mantiene contacto remoto con Diego Santilli, Toto Caputo y respalda a Ritondo como negociador.

Macri sostiene que el acuerdo es muy difícil porque el gobierno no sabe bien que le conviene hacer. Mientras tanto, sigue avalando la candidatura de Hernán Lacunza. Cree que es una ventanilla útil para votantes del PRO disconformes con Milei y que quieren votar otra cosa. Se toma tiempo para decisiones y no espera definiciones para antes de febrero del año que viene para definir un rumbo del PRO. Vigila su hacienda discretamente.

La semana anterior dedicó un día a “hacer presencia” – como las celebrities en los boliches - en actos públicos. Con diferencia de horas estuvo en la inauguración de una muestra sanmartiniana producida por Avelino Tamargo en el Mercado de Carruajes de la Avenida Alem. Sirvió para opacar la presencia del primo Jorge, quien dice que lo único que no le debe a Mauricio es el apellido. De ahí caminó hasta la Bolsa de Comercio y le intervino el estrellato a Patricia Bullrich.

Era la entrega de los premios Fortuna del grupo Perfil ante la crema del empresariado. Se puso en la primera fila y saludó fríamente a la senadora. Al hablar pronunció lemas de campaña sobre el rumbo político del país en un clima de una tensión que se podía tocar con los dedos. Como para que se vayan enterando quién es el jefe.

Al peronismo le da más o menos igual. Y eso está en las negociaciones que mantienen con el oficialismo por debajo del radar para alguna paz reglamentaria en la reforma electoral. El punto de quiebre es la facilidad para las llamadas "colectoras", una posibilidad de habilitar "adhesiones" —así las llama el proyecto de Reforma política, que puede permitir algún efecto de ley de lemas sobre las listas nacionales (art. 28° del proyecto). Por esa vía habrá acuerdo.

En la mesa de Santilli descartan que habrá un acuerdo marco entre las fuerzas de LLA, la UCR y el PRO, y que tendrá una reingeniería territorial que se adaptará a cada distrito.

No es lo mismo Jujuy que Mendoza. En Jujuy el radicalismo gobierna desde hace 12 años y busca repetir con Carlos Sadir gobernador. Le disputan el proyecto hombres de LLA que vienen del peronismo. Si los radicales aceptan un acuerdo, tienen que sacarles del medio esa amenaza de retorno de los adversarios, a quienes desalojó Gerardo Morales hace 12 años.

En Mendoza, también plaza radical, Alfredo Cornejo tiene otro panorama. No lo amenaza el peronismo sino su propio partido, con un candidato del radicalismo revirado a mileísta: Luis Petri, que quiere reemplazar al gobernador que no tiene reelección. Cornejo solo firmará si le sacan a Petri del medio y bancan desde Olivos al candidato que quiera poner él.

Diferencias del mismo tipo tienen distritos como Santa Fe, que tiene un radicalismo frentista ganador en la provincia. O en provincias como Entre Ríos o Chaco, donde gobernadores como Rogelio Frigerio o Leandro Zdero, no tienen problemas en darle a LLA las listas de legisladores a cambio de que los dejen reelegir tranquilos.

La prueba de que del gobierno entrega lo que le pidan a cambio de apoyos a la relección es la astracanada del plenario de comisiones de Diputados, que aprobó un dictamen que repone la Ley de Tierras del cristinismo de 2011, inspirada no por Néstor sino por Máximo Kirchner.

Ese gambito es para evitar que le cuestionen el DNU 70, un resto arqueológico del plan de gobierno que le legó Cambiemos a Milei. El atajo echa mano de otra pieza táctica del peronismo de la familia Kirchner, que es buscar protección legislativa proponiendo desde el oficialismo proyectos de la oposición.

Es una versión renovada de la "gran Vaporeso", un ardid para que la oposición vote junto al oficialismo y quede descalificada. Lo hacían los gobiernos peronistas cuando aprovechaban iniciativas originales del radicalismo para avanzar en proyectos propios.

Ocurrió con las estatizaciones de YPF, Aerolíneas, las jubilaciones o la ley de medios. Eran todos reclamos del radicalismo de los '90 en adelante a las privatizaciones del peronismo. Las relanzaron para lograr medro propio y arrinconaron a una oposición que estaba desarmada para rechazar esas ideas.

La "gran Vaporeso", evoca versos de la marcha que entonan los seguidores del valeroso personaje de Alfredo Casero: "Una vez nos tiraron con una moto, / La abarajamos y la pusimos a andar" ("Marcha del Dr. Vaporeso", 1996). Macri lo hizo ya con el tratamiento de la despenalización del aborto de 2018. Mandó el proyecto para resolver urgencias circunstanciales y arrebatarle la agenda, ese año crítico que fue 2018 en materia financiera, al peronismo.

Macri estaba en contra de la iniciativa, como lo estaba también Cristina de Kirchner y también el papa Bergoglio. Ganaron los tres porque se ocuparon de que el debate fracasase en el Congreso. Por más que el oficialismo estuviera tan dividido como la oposición, en la pelea terminó sacando lo que quería. Eso es lo que cuenta en política.

Ignacio Zuleta

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