Tres señales positivas para la economía que todavía no convencen a los inversores
La semana dejó varias señales favorables para la economía argentina. La inflación de septiembre se mantuvo por debajo del 2%, el Tesoro consiguió refinanciar la totalidad de sus vencimientos y extender los plazos de la deuda en pesos, mientras que el Banco Central aceleró las compras de dólares.
Sin embargo, estas noticias no alcanzaron para impulsar a los bonos soberanos, en un contexto internacional más desafiante y con el riesgo país nuevamente por encima de los 600 puntos básicos.
La composición del índice dejó una señal aún más favorable. La inflación núcleo, que excluye los precios estacionales y regulados, desaceleró del 1,8% al 1,7%, mientras que buena parte del incremento del nivel general respondió al comportamiento de los precios estacionales, que pasaron de caer 0,9% en agosto a subir casi 3% en septiembre.
No obstante, el proceso de desinflación todavía enfrenta desafíos. Los servicios continúan aumentando por encima de los bienes y los próximos meses podrían incorporar nuevas presiones provenientes de alimentos, combustibles y otros precios sensibles al contexto internacional. El desafío será consolidar la desaceleración de la inflación subyacente y evitar que estos movimientos transitorios terminen trasladándose a una mayor persistencia inflacionaria.
Sin embargo, el aspecto más relevante fue la extensión de los plazos. Después de cuatro licitaciones concentradas en instrumentos de corto vencimiento, Finanzas consiguió elevar el plazo promedio de colocación a 535 días. Más aún, cerca del 59% del monto adjudicado se concentró en títulos que vencen durante la próxima administración, entre 2028 y 2029.
El resultado representa un avance para la administración de la deuda pública en pesos. Con una vida promedio del stock de apenas 1,6 años, extender los vencimientos resulta fundamental para reducir las necesidades de refinanciamiento, especialmente de cara al calendario electoral de 2027. La contracara es que la absorción de pesos podría generar presiones transitorias sobre la liquidez y las tasas de interés de corto plazo.
Sin embargo, las operaciones de recompra de deuda reportadas en el mercado sugieren que el equipo económico busca moderar ese impacto y evitar tensiones adicionales sobre las tasas de interés, como ocurrió tras el elevado rollover de julio.
Detrás de esta dinámica aparece una oferta de dólares sostenida por las liquidaciones del sector agroexportador y el ingreso de divisas provenientes de emisiones internacionales de deuda corporativa y provincial. Estos flujos están permitiendo que el ente monetario continúe comprando dólares sin generar presiones significativas sobre el tipo de cambio.
De hecho, el dólar mayorista se mantiene relativamente estable en torno a los $1.517, prácticamente sin cambios respecto del cierre de la semana anterior, aun con un Banco Central que aceleró el ritmo de compras de divisas.
A pesar de estas señales, los bonos soberanos no lograron acompañar. El índice de riesgo país pasó de 589 puntos básicos (pb) al cierre de la semana anterior, cuando los activos argentinos todavía aprovechaban el viento de cola generado por el sorpresivo triunfo de Javier Milei, a 648 pb el viernes, tras alcanzar un máximo intradiario de 640 puntos.
El contexto internacional explica parte de esta dinámica. La inflación en Estados Unidos sorprendió al alza en septiembre, al ubicarse en 3,7% interanual, y volvió a instalar dudas sobre la trayectoria de la política monetaria de la Reserva Federal. La volatilidad de las tasas estadounidenses y la mayor aversión al riesgo complicaron el escenario para la deuda emergente.
Sin embargo, hubo un contraste llamativo. La tasa del Treasury estadounidense a diez años retrocedió desde el 5,24% anual del viernes anterior hasta 5,10% al cierre de la semana. Es decir, mientras las tasas de referencia internacionales cedieron, el índice de riesgo país argentino continuó ampliándose.
La explicación no pasa exclusivamente por el escenario externo. Aunque la acumulación de reservas, la desaceleración de la inflación núcleo y la administración de los vencimientos en pesos representan avances, los inversores todavía demandan una prima elevada para asumir riesgo soberano argentino. La incertidumbre política de cara a 2027, las dificultades que todavía enfrenta la recuperación de la actividad y del empleo, y las necesidades futuras de financiamiento siguen pesando sobre las valuaciones.