Escuchar al pueblo
En la Cuarta Transformación, ese gran movimiento al que pertenece Morena entre otras fuerzas políticas, tenemos una convicción que forma parte de nuestra identidad: el Pueblo sabe tomar las mejores decisiones y su voluntad debe orientar la política entera.
Precisamente por respeto a ese principio, creo que debemos seguir perfeccionando los instrumentos con los que escuchamos a la ciudadanía. Porque respetar al pueblo no consiste solamente en preguntarle. Consiste también en asegurarnos de que entendimos bien su respuesta.
Las encuestas son una herramienta valiosa para la democracia, pero ninguna puede capturar por sí sola toda la complejidad de la opinión pública, especialmente cuando se utiliza para tomar decisiones tan importantes como seleccionar a quienes aspiran a representar a millones de ciudadanos. Por eso vale la pena reflexionar desde ahora sobre cómo fortalecer y blindar metodológicamente nuestros futuros procesos de evaluación. No para cambiar reglas según los resultados ni para favorecer a nadie, sino para construir mecanismos cada vez más precisos, transparentes y confiables.
Hay dos conceptos que pueden ayudarnos. El primero es el delta de crecimiento. Aunque su nombre suena técnico, es muy sencillo: mide cuánto cambia una variable entre dos momentos. Déjenme explicarlo.
Imaginemos dos aspirantes. Uno comienza con 70% de conocimiento ciudadano y seis meses después alcanza el 72%. Otro parte del 30% y llega al 50%. El primero creció dos puntos. El segundo, veinte. Aunque el primero sigue siendo más conocido, el segundo presenta una trayectoria de crecimiento diferente. Y esa información también importa. Y hay algo más: no todos los aspirantes parten del mismo lugar. Algunos acumulan años de exposición pública (buena o mala), campañas estatales (exitosas o fallidas) o presencia nacional (por cargos de coyuntura). Otros comienzan a construir su reconocimiento desde responsabilidades recientes, más locales o de alcance Metropolitano. Y tenemos que medirlos de forma equivalente y efectiva, para reflejar la voluntad del Pueblo.
Por eso el delta de crecimiento ayuda a complementar la fotografía de una encuesta con la película de su evolución. Y todavía debemos preguntarnos algo fundamental: ¿cuánto de ese nuevo conocimiento se traduce en opiniones positivas y cuánto en intención de voto? Porque ser conocido no es lo mismo que ser apreciado. Y ser apreciado tampoco significa necesariamente recibir un voto.
El segundo concepto urgente para mejorar son las submuestras. El nombre suena complicado, pero la idea es muy sencilla. Imaginemos que convocamos a una asamblea de mil ciudadanos para conocer su opinión sobre cuatro aspirantes. Hasta ahí, si la selección de asistentes a la asamblea fue adecuada, tenemos una muestra representativa de la población, pero si decidimos que solamente pueden opinar sobre las cualidades deseadas de los aspirantes quienes efectivamente los conocen, de aquella asamblea de mil personas quizá terminamos escuchando solamente a 500 o 400.
Es como organizar una gran asamblea ciudadana y, a la hora de tomar la decisión, escuchar únicamente a un pequeño grupo. Sus opiniones son valiosas, desde luego. Pero ese grupo no necesariamente representa al conjunto de ciudadanos y, además, sus respuestas tienen un margen de incertidumbre mucho mayor.
Así, una diferencia de uno o dos puntos entre aspirantes puede parecer importante en una tabla y estadísticamente no significar nada, porque los márgenes de error se disparan y las muestras ya no serán representativas de la población. Es decir, estamos escuchando una voz del Pueblo absolutamente distorsionada.
Y ahí está precisamente la oportunidad de mejorar: conocer el tamaño real de cada submuestra, publicar sus márgenes de incertidumbre, comparar indicadores equivalentes e incorporar la evolución del conocimiento, las opiniones y las preferencias. No se trata de inventar fórmulas complicadas. Se trata de aplicar mejor las herramientas que ya ofrece la estadística.
La Presidenta de México, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, ha hecho del rigor, la preparación y la honestidad elementos centrales de su manera de gobernar. Esa misma exigencia puede ayudarnos a seguir fortaleciendo la vida democrática de nuestro movimiento. Lo digo también como politólogo egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León: cuanto más importante es una decisión, más rigurosa debe ser la información que la sustenta.
Una encuesta es una fotografía. Una serie de encuestas nos muestra la película. Y una buena decisión exige comprender la historia completa.
La Cuarta Transformación tiene una gran oportunidad para perfeccionar sus futuros mecanismos de evaluación y darles todavía mayor solidez técnica y credibilidad pública. Porque si un movimiento sostiene que la voluntad popular es la fuente de su legitimidad, debe procurar que sus instrumentos sean capaces de interpretarla con la mayor fidelidad posible.
*Andrés Mijes es presidente municipal de General Escobedo, Nuevo León, y maestro en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Nuevo León.